Tras saltar a la fama con su interpretación en 'Un tranvía llamado Deseo', Marlon Brando se convirtió en uno de los actores más grandes e influyentes de la industria cinematográfica del siglo XX. Su intensa carrera artística le llevó a recibir dos premios Óscar al mejor actor con las películas 'La ley del silencio' y 'El padrino', ambas convertidas en obras de culto para los amantes del séptimo arte.
Su gran fama lo llevó a construir una fortuna de aproximadamente 21,6 millones de dólares, incluyendo propiedades como su vivienda de Mulholland Drive, en el exclusivo barrio de Beverly Hills, y un balneario edificado en Tetiaroa, un atolón en la Polinesia Francesa. Un terreno del que se enamoró cuando se encontraba rodando la película 'Rebelión a bordo', durante la década de los 60, y decidió protegerlo, tal y como hizo Jack Nicholson en California.
El actor decidió firmar un contrato de arrendamiento por 99 años
Situado al norte de Tahití, este atolón fue uno de los escenarios en los que el personaje de Marlon Brando, el teniente Fletcher Christian, inició una rebelión contra la crueldad y tiranía del capitán William Bligh, interpretado por Trevor Howard. Un rodaje en el que el actor también se enamoró de su coprotagonista, Tarita Teriipaia, con quien tuvo dos hijos.
Después de observar la belleza de sus playas y la importancia que estas tenían para el ecosistema marino, el estadounidense decidió firmar un contrato de arrendamiento por 99 años de los 6 kilómetros cuadrados de superficie y las 12 islas que conforman el atolón. Todo con el objetivo de protegerlo y crear un refugio para la fauna marina que se encontraba en sus aguas, entre la que se encontraban las tortugas marinas.
Según explicó Mike Medavoy, uno de los albaceas de su patrimonio, a "The Hollywood Reporter", este territorio "era un lugar donde podía desconectar de todo. Esto era especialmente importante para alguien que tenía muy clara la diferencia entre ser una celebridad y ser un ser humano". Por ello, y hasta su muerte a los 80 años, decidió conservar el terreno para proteger al ecosistema y escenario que tanto había marcado su vida personal y profesional.
Una reserva natural para las tortugas verdes
Tras su fallecimiento, en 2004, el atolón fue destinado a dos misiones complementarias. En primer lugar, y siguiendo la labor que comenzó el actor, se fundó la Sociedad Tetiaroa, cuyo objetivo era continuar las labores de conservación e investigación que se venían realizando en las islas. Para ello, se centraron en la tortuga verde o honu, en tahitiano, una especie en peligro de extinción.
Gracias a las labores realizadas por el centro de investigación Ecostation y a sus trabajadores, en la actualidad se han registrado más de 15.000 crías que eclosionaron sus huevos en las arenas de las diferentes islas y tomaron su rumbo hacia el mar. Sin embargo, esta no es la única actividad que se realiza en el atolón, pues desde 2014 también se encuentra el lujoso y exclusivo balneario The Brando.
Un lujoso balneario ecosostenible
Después de seguir el deseo del actor de convertir el atolón en un refugio ecológico, el edificio ofrece a sus huéspedes un lujo con huella de carbono neutra y autosustentable. Un logro conseguido a base de paneles solares y biocombustibles, los cuales son capaces de generar la electricidad suficiente para dar vida al complejo turístico.
Concretamente, y según "Forbes Travel Guide", The Brando cuenta con 35 villas situadas tanto en las playas como en sus alrededores, aunque rodeadas por vegetación para evitar que la luz desoriente a las tortugas que anidan en su arena. Asimismo, para lograr un ambiente fresco sin perjudicar al medio ambiente, el complejo cuenta con un sistema de aire acondicionado que aprovecha el frescor del agua del mar para enfriar las habitaciones.
Todo ello ha convertido al atolón Tetiaroa en un ejemplo de cómo el respeto por la naturaleza y el medio ambiente pueden convivir con un turismo responsable. Una lección que quiso demostrar Marlon Brando en su momento, tras conseguir el arrendamiento de un escenario que marcó tanto su carrera profesional como su vida personal. (La Razón-ainara c. mateos)

