viernes, diciembre 3, 2021
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Haití: el último rescate

Fue muy celebrado el artículo del estadounidense Art Buchwald, donde satirizaba la supuesta misión de rescate de sus compatriotas en territorio dominicano durante la revuelta de abril de 1965.

Ya que los marines cometieron el error “táctico-conceptual” de que, habiendo recogido ya a todos los estadounidenses, debieron marcharse de inmediato; pero no siendo ese su verdadero objetivo, la operación ahora consistiría en retener en tierra a cualquier compatriota suyo en tierra, aun en contra de su voluntad, para que la operación de “rescate” no fuese concluida y, por tanto, las naves permaneciesen frente a la ciudad a la espera de la orden de intervenir nuestro país.

De aquella intervención quedan tristes recuerdos. Y también desacuerdos sobre el bien o el mal que causó al país,
Ahora, el nuevo rescate se efectúa en algún lugar cercano a Puerto Príncipe, la antigua capital de la más rica de las colonias de Francia. La operación de rescate es, nueva vez, una misión de cuerpos armados de EUA.

Todas las elites del poder mundial están atentas a lo que va a ocurrir allí próximamente. Muy pendientes a la actuación político-militar de EUA, luego del penoso retiro de Afganistán, de fracasos en política regional y vergonzosas elecciones presidenciales; mientras potencias rivales se fortalecen y aspiran sumar aliados en Hispanoamérica.

Situaciones que nos mueven a preocupación, también por tantos intereses comunes, ciudadanos bi-nacionales, cercanía afectiva, espiritual y en diversos sentidos.

Preocupa cómo habrá de ser este rescate de religiosos norteamericanos, secuestrados por una banda de guerrilleros sanguinarios, fuertemente armados, capaces de acciones que no pueden mirarse siquiera en fotos a blanco y negro.

Precisamente, porque de blancos y negros se trata, es difícil imaginar cómo los blancos se infiltrarán en las hordas negras sin ser descubiertos. Ni es simple visualizar cómo operarán la CIA y las unidades SWAT, en una ranchería de indigentes centenariamente aplastada por miseria, superchería, degradación ambiental y cataclismos.

No es fácil columbrar cómo se resolverá este conflicto, tal vez providencial y definitorio; este abierto desafío de un grupejo de desarrapados a la fuerza militar más experimentada del mundo.

Pareciera improbable que EUA paguen el rescate y, luego, cada uno para su casa. Aún más improbable, que los secuestradores se queden sin el castigo merecido. En ambos casos, humillantes derrotas que los estadounidenses y el mundo civilizado no pueden permitirse. Tampoco parece haber lugar para un pseudo rescate u otra historieta fraudulenta. Definitivamente, EUA tiene una nueva oportunidad de rehacer su liderazgo regional.

La salida parece difícil. Pero algo importante está por decidirse. De algún modo, una mejor historia para Haití está por comenzar. El sacrificio inicial puede resultar muy alto. Las naciones libres del mundo deberán sumarse en procura de una solución definitiva para Haití. Resolverlo en su territorio, sin involucrar nuestro suelo.

Justo al lado, los dominicanos haremos, correcta y oportunamente, nuestro papel: según nuestros mejores intereses, nuestra Constitución, las normas internacionales y nuestra tradición cristiana.
La misericordia de Dios concederá nueva oportunidad al pueblo haitiano. Y paz y respeto mutuo entre nuestros países. Por: Rafael Acevedo [hoy]

 

 

 

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