viernes, octubre 15, 2021
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Una mancha indeleble: 25 de septiembre del 63

Se especula mucho sobre la actitud de Juan Bosch frente al golpe de Estado que derrocó su gobierno el 25 de septiembre de 1963. Se ha asegurado en múltiples ocasiones que Bosch sabía de la trama y no hizo lo propio para evitarlo.

En realidad, las bases del putch que dio al traste con el gobierno elegido el 20 de diciembre de 1962 estaban echadas desde antes de que Juan Bosch tomara posesión como presidente de la República el 27 de febrero de 1963. Paradójicamente, la campaña que realizó Bosch desde su llegada a la República Dominicana el 20 de octubre de 1961 hasta la famosa polémica con el sacerdote jesuita Láutico García el 17 de diciembre de 1962, le daban como el candidato vencedor en las primeras elecciones libres en República Dominicana después de 31 años de dictadura.

A su llegada, Bosch planteó la necesidad de “matar el miedo”, de no temer a ser perseguido por algún compromiso o relación con la recién desaparecida dictadura trujillista: “Yo pido al pueblo dominicano, a la juventud dominicana, a los hombres y a las mujeres maduros de este país, a los funcionarios públicos, a los que llevan uniformes y a los que no lo llevan, a todos, que pensemos en nuestro pueblo […].Yo pido por fin, por último, a mi pueblo y a los funcionarios gubernamentales y a los funcionarios militares de todas las categorías, que como consecuencia de esa meditación nos dispongamos todos a matar el miedo, que seamos nosotros mismos el San Jorge de ese dragón que nos está oprimiendo hace más de treinta años; que nos ha convertido en la vergüenza y la ignominia del Continente. […]. Yo estoy dispuesto a hacer cuanto deba hacer, a arrodillarme ante quien deba arrodillarme, para que podamos sacar de mi humillación, si es necesaria, y de la disposición de ustedes, que es imprescindible, una fórmula de convivencia democrática.” Manera política y digna de expresar el famoso “¡borrón y cuenta nueva!” de Ramón A. Castillo de la comisión del (PRD) que llegó al país el 5 de julio de 1961 junto a Nicolás Silfa y Ángel Miolán.

La consigna de Viriato A. Fiallo y su partido Unión Cívica Nacional (UCN), era precisamente el ataque a las instituciones trujillistas y a sus colaboradores. El PRD, fundado en el exilio en 1939 con la finalidad de luchar contra Trujillo, era el partido democrático más antiguo del país. Sus dirigentes, incluido Bosch, tenían mayor experiencia política que los de la UCN. En el caso de Juan Bosch, su experiencia también era de Estado. En Cuba, había sido asesor del primer ministro y luego presidente Carlos Prío Socarrás a finales de los años 40.

Esa experiencia se hizo notar durante la campaña electoral de 1962. Enfrentó con éxito ataques de diversas índoles que nada tenían que ver con la campaña política que venían desarrollando tanto él como sus correligionarios. Se llegó incluso al extremo de desacreditarlo utilizando un argumento que, más que absurdo, traducía el desconocimiento político de sus adversarios: se llegó a decir con éxito que Bosch trajo la lucha de clases a la República Dominicana. Su victoria era inminente. El punto culminante de su campaña fue la polémica con el sacerdote jesuita Láutico García, tres días antes de los comicios. El sacerdote reconoció que Bosch no era marxista-leninista. Bosch fue elegido con 59% de los sufragios expresados.

Bosch cuenta, tanto en Crisis de la democracia… como en ensayos políticos y entrevistas periodísticas posteriores, que al iniciar su gobierno no tenía con qué pagar los empleados públicos; que tuvo que enfrentar huelgas de maestros estimuladas por la UCN, que tuvo que enfrentar a la Iglesia católica y ciertos sectores conservadores que se oponían a la educación laica; que esa campaña de descrédito llegó a calar en las fuerzas armadas a tal grado que los altos mandos militares estaban convencidos de que Juan Bosch era comunista.

Así como su campaña para ser elegido presidente de la República fue brillante, sus esfuerzos por mantenerse en el poder fueron inútiles. Para lograr sus objetivos y terminar el período tenía que hacer concesiones que iban en contra de sus principios. No aceptó. Se opuso a la compra de aviones militares y se propuso erradicar las comisiones que acom- pañan siempre las compras del Estado.

Los golpistas no tomaron en cuenta la voluntad popular. La derrotada UCN y los militares conspiradores decidieron deponer fin, al cabo de siete meses, al primer presidente elegido democráticamente luego de 31 años de dictadura. Irresponsables, no midieron las consecuencias de su acto y decidieron derrocar un presidente elegido con 59% de sufragios; torcieron el rumbo democrático que, gracias a la valentía de unos pocos el 30 de mayo de 1961, asomaba en el horizonte de la nueva República Dominicana.

El irresponsable putsh del 25 de septiembre de 1963 cambió el curso de la historia dominicana. Un trauma que más de 50 años después no hemos superado. Irresponsabilidad política cuyas consecuencias: la guerra civil de 1965 y la Pax americana que el 28 de abril de ese año nos impuso, por segunda vez en el mismo siglo, Estados Unidos; irresponsabilidad histórica que figurará en la memoria del siglo XX dominicano como una mancha indeleble. Por: Guillermo Piña Contreras [Diario Libre]

 

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