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No es que no haya con quien hablar, sino que lo peor es negociar un asunto de Estado, sabiéndose que por torpeza se metió la pata y ahora la discrepancia se agrava, por los estallidos emocionales de ultranacionalistas de ambos lados

Nunca y la historia así lo atestigua, cuando dos Estados tienen un conflicto en ciernes y por problemas fronterizos y en particular, por el uso unilateral de las aguas comunes, aquel que comete la equivocación de impedir que las negociaciones continúen y provocado por un arrebato emocional, es difícil que la situación se recomponga tan inmediato como se quisiera y simplemente, porque el otro que se había excedido, aprovecha el reparo para aparentar molestia y desagrado y no hacer fácil la negociación.

Precisamente por tal error de perspectiva, los gobiernos le huyen cometer semejantes fallas y que, ya hechas, lo único que queda, es esperar que el oponente recupere un ánimo sosegado y, no obstante, que, como reacción emocional tardía, emprenda determinadas iniciativas que pudieran dar pie a entender que el enojo o molestia no se haya disipado del todo.

En el penoso caso que nos ocupa, de esa cierta salida temeraria del Poder Ejecutivo dominicano respecto a cómo enfrentar el intento haitiano por la construcción de un canal de riego o desvío o trasvase de aguas de un país a otro y sin que la misma estuviera acompañada de las necesarias explicaciones técnicas de lugar y solo llevada del fervor nacional de resentimientos escondidos o del sinuoso afán de lucro de intereses económicos haitianos incapaces de sentarse en torno a una mesa de diálogo.

Parecería, que será un asunto que le amargará los días a los políticos y negociadores de parte y parte, en tanto la población toma partido y por entender que se está frente a las viejas luchas de fanáticos ultranacionalistas, nada dispuestos a ceder un palmo en materia de sus objeciones y planteamientos.

Ahora y con 17 días de pugnas reflejadas mediáticamente y con unos enconos en los que hasta ahora no se han medido las consecuencias que tendría cualquier iniciativa irracional que hiciera que las pasiones se desbordaran, da la impresión como si se quisiera salir del paso y mediante algún tipo de negociación seria, vía la intervención de algún organismo internacional de confianza mutua y aparentemente a favor de los dos países.

Ya mismo, la Organización de Estados Americanos (OEA) y desde su secretaría general, ha llamado al orden a los gobiernos dominicano y haitiano y demandado dejar a un lado las provocaciones e ir directo a una mesa negociadora de la que pudiera salir un resultado positivo del actual contencioso. El dominicano respondió positivamente, el haitiano con cierta displicencia.

Sin embargo y por lo que se lee en los medios escritos o se escucha y se visualiza en las infames redes sociales, lo que sí ha habido, es un recrudecimiento de las bajas pasiones y por parte de ciudadanos de ambos países, la mayoría, analfabetos funcionales que no saben conceptualizar pretendiendo agravar mucho el lastimoso clima de insultos y procacidades, mentiras y amenazas que se escuchan por doquier.

Por semejante situación tan conflictiva y sí en verdad los dos gobiernos quieren resolver sus diferencias, uno que otro o ambos, van a tener que empezar a negociar y llegar a un tipo de acuerdo salvable para ambas partes.

Para empezar, creemos que la parte dominicana debe reconocer su exceso al tomar medidas de guerra realmente desproporcionadas y en lo económico como en lo militar, cuando lo que procedía, era continuar en la mesa de negociadora que fuera abierta en la cancillería nacional y a la que concurrieron de buen grado, técnicos negociadores haitianos.

Todavía más y en esto repetimos lo que en análisis políticos de estado anteriores habíamos recalcado, respecto a que el gobierno dominicano debería dar el paso de suspender las medidas cautelares, cinco y que, ya impuestas, están reflejando un daño millonario momentáneo en las relaciones económicas y comerciales de los dos países y que en la parte haitiana ha generado la suspensión de los diez mil trabajadores haitianos en la zona franca codevi.

Porque precisamente en la parte económica y sabiéndose que desde la ONU se fragua la preparación de una “intervención militar humanitaria” en Haití con el pretexto de destruir y aplastar las pandillas que tienen bajo secuestro al Estado y gobierno haitianos, si los dos gobiernos insulares no toman en cuenta que detrás de la misma, está el interés estadounidense por administrar y negociar las minas de tierras raras que tienen los dos países y básicamente en su parte sur, que fácilmente, Washington aproveche la intervención armada para restarle poder de administración sobre esos bienes naturales propios a los dos países isleños  y de golpe, generar un nuevo tipo de equilibrio de fuerzas.

En este sentido y por nuestras fuentes en la capital estadounidense, hemos sabido que se proyecta y con aval del Departamento de Estado y el Departamento de Comercio, la presencia de técnicos y negociadores estadounidenses y de origen, tanto haitiano como dominicano y para que sean estos la contrapartida a las negociaciones que se abran para dar por terminado el contencioso actual y que para terminarlas, se tendría el interés de condicionar su cese, a un nuevo cierto tipo de zona económica especial en los dos países y al estilo de la que hubo en el Canal de Panamá cuando los estadounidenses lo controlaban y que afectando las soberanías de las dos naciones, concomitantemente, los dos estados y los gobiernos que tengan, estarían condicionados y también, en un escenario algo parecido a cuando EEUU intervino nuestras aduanas para cobrarse los dineros que les debíamos dos siglos atrás.

Estamos diciendo y para que se nos entienda y en particular el presidente Luis Abinader y el primer ministro de facto haitiano, Ariel Henry, que gente de poder en Washington y no solo en la Casa Blanca, pretenderán aprovechar la intervención militar “humanitaria” para controlar nuestras tierras raras y también lo otro de las fuentes subterráneas de hidrocarburos.

Al mismo tiempo, parecería y por lo que se nos hizo saber, que la burguesía haitiana y asociada a la dominicana y ambas insertas en el gobierno plutocrático dominicano, también están detrás del plan que denunciamos y que entendemos, que desde el punto de vista de los intereses permanentes dominicanos y sin ceder nada que sea lesivo a nuestra soberanía, se debe zanjar el contencioso que la temeridad dominicana desató y prepararse para enfrentar la nueva situación de matiz económica que de golpe nos llegará.

Mientras tanto y desde el punto de vista de política a nivel de pueblo, es hora de recordar, que no es que no haya con quien hablar, sino que lo peor, es negociar un asunto de Estado, sabiéndose que por torpeza se metió la pata y ahora la discrepancia se agrava, por los estallidos emocionales de ultranacionalistas de ambos lados. Con Dios. (DAG) 28.09.2023

 

 

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