Sin darnos cuenta, la República se ha convertido y por el poder de sus nuevas generaciones y la apertura de fronteras, en una sociedad muy transnacionalizada y plural y con el peligro latente de poder ser dominada por los extranjeros de origen dominicano, principalmente los estadounidenses

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Nunca vamos a dejar de insistir en la posibilidad, de que muchos dominicanos que se dicen nacionalistas y solo porque son unos anti haitianos furibundos, no solo que no se dan cuenta de los efectos trastornadores para nuestra nacionalidad y su potencial de hasta hacernos perder nuestra soberanía y que subyace en la amplia colonia de estadounidenses de origen dominicano, que aquí residen y haciéndose pasar como si fueran dominicanos.

            Incluso, cuando se averigua que la mayoría de esos estadounidenses y entre nacionalizados y otros nacidos en EEUU, mantienen una atención permanente sobre lo que ocurre en su país y mucho más todavía, desde que hace un año, el magnate Donald Trump llegó a la presidencia estadounidense y hasta se puede determinar, como esas personas se entienden hasta superiores al dominicano promedio.

            Fácilmente que se puede llegar a la conclusión, de que los ciudadanos dominicanos que no hemos cambiado de nacionalidad, si nos descuidamos, es factible que esa colonia de estadounidenses con raíces dominicanas, pudieran representar un serio nicho anti dominicano y desde el momento, que el mismo Trump pudiese decir una palabra contra República Dominicana, que interpretada literalmente, provocara que sus paisanos y para diferenciarlos, digámosles: Dominicanyorks, asumieran que su comportamiento en nuestras fronteras deberá de ser uno contestatario e insolentemente agresivo.

            En este sentido, bastaría con comprobar, que los casi quinientos mil estadounidenses de origen dominicano que viven como retirados en el territorio nacional y quienes, una y hasta dos y tres veces al año se desplazan a su país de adopción  a mantener vivos sus contactos con la diáspora dominicana y tanto, que hasta muchos respaldan económicamente las sucursales de partidos políticos dominicanos que dicen tener sedes en Nueva York, Miami o San Juan de Puerto Rico y quienes para colmos, se han convertido en la punta de lanza más agresiva contra políticos y visitantes dominicanos de cierta nombradía, de hecho, se comportan, más como sectarios que como personas agradecidas del país de sus mayores que les acoge.

            Desde luego, es posible, que muchos dominicanos no quieran entender la preocupación que externamos y por aquello, de que ante todo lo que signifique USA pierden el norte y actúan como serviles a favor de la nación que ellos entienden imperial, pero la realidad es, que ahora que República Dominicana tiene cerca del millón de dominicanos viviendo legalmente en territorio estadounidense y que de estos, han nacido sobre el millón y medio de estadounidenses de origen dominicano, el Estado Dominicano y por ningún concepto puede perder su atención respecto a semejante segmento social y humano y el que y por lo que se ha sabido, si lo ponen a elegir entre su país donde se nacionalizó y el otro de sus padres y en el que originalmente nacieron, en más de un 90 % le darían la espalda a esta nación caribeña.

            Entonces y al entender esta realidad, en POR EL OJO DE LA CERRADURA, no entendemos el por qué aun no se ha elaborado una política de seguimiento táctico contra esa población flotante de retirados estadounidenses y quienes, en base a explotar la ignorancia y servilismo de muchos dominicanos, no solo que se hacen pasar como ciudadanos dominicanos de derechos absolutos, sino que tienen a orgullo decir que son “americanos”.

            Por eso y si los nacionales de este país, que no hemos cambiado de nacionalidad, nos fijamos atentamente en la conducta de esos estadounidenses y en sus apetencias, de que República Dominican, “algún día” llegue a ser parte de EEUU, que estimemos y como un asunto de alta seguridad nacional, ir elaborando los mecanismos de defensa, esos que hicieran posible una vigilancia de cuidado, sobre personas, que de a verdad, hasta se entienden y por ser “americanos”, más superiores a los dominicanos.

            De ahí que los nacionales de este país no debamos descuidarnos y menos, si ya todos conocemos esa expresión tan grosera y discriminatoria del mismo Trump contra países de Latinoamérica y el Caribe y la que fácilmente, tan lenguaraz como irreflexivo presidente, en algún otro momento de mal humor, pudiera adjudicarnos a los habitantes de República Dominicana.

           Además, los dominicanos que no hemos cambiado de nacionalidad, cada vez nos hacemos una sociedad muy transnacionalizada y plural, es decir, que estamos habituados a ver y compartir con antiguos ciudadanos y quienes como inmigrantes económicos se han sabido adaptar a otras nacionalidades y aun viviendo entre nosotros, tienen el suficiente tacto y discernimiento y para entender, que los dominicanos somos más cosmopolitas y por lo tanto, no tontos y de ahí que su comportamiento sea de trato igualitario y no creerse superior a nadie.

          Por ejemplo, los inmigrantes dominicanos que han salido a vivir a España, Italia o cualquier otro país europeo, en líneas generales, ninguno tiene algún tipo de comportamiento grosero con los nacionales de este país y ni siquiera sus cónyuges extranjeros muestran complejo de superioridad alguno. Al contrario, se dan a querer y siempre tratan de servir y sin ofender y que es un comportamiento totalmente distinto a los de los estadounidenses de origen dominicano, quienes en la mayoría provienen de segmentos capitaleños caracterizados por su resentimiento social.

            Y cuando se comprueba esta realidad, se observa el por qué el ámbito de transnacionalidad y pluralidad que los dominicanos de aquí tenemos y gracias a compartir todos los días con no menos diez nacionalidades distintas en el territorio nacional, permite, que también sepamos discernir sobre aquello que nos interese o convenga compartir y por eso también de tantos matrimonios entre dominicanos y haitianos y el cada vez más creciente numero de matrimonios o uniones de dominicanos con europeos y en esas uniones, no se nota la mala fe y tendencia a creerse superiores de los dominicanos y como sí hacen la mayoría de los estadounidenses de origen dominicano y quienes con su sistema de vida tan escandaloso y de tanta mala educación, reciben el rechazo inmediato de un dominicano que hace mucho tiempo dejó atrás la mentalidad de servil y de siempre subestimarse.

            Ahora bien, donde todavía existen verdaderos reparos para aceptar el natural proceso de transnacionalidad que desde el año pasado se ha estado acentuando, es en lo relativo a extranjeros de origen dominicano, actuando y ejerciendo como si fueran ciudadanos dominicanos y con aspiraciones políticas propias.

          ¿Por qué existe la circunstancia de tantos reparos sobre este particular?, sin duda, porque como isleños y limítrofe su territorio con el de otro país, los dominicanos hemos creído conveniente parapetarnos en nuestra nacionalidad y como si con ello fuera suficiente para preservarla y resulta, que tal criterio es un error. Pues una cosa es el extranjero nacionalizándose dominicano y otra muy distinta, la del extranjero de origen dominicano queriendo actuar con las mismas prerrogativas, facultades y derechos inherentes a los dominicanos nacidos como ciudadanos de esta República.

            Y que a fin de cuentas, es el factor que impide, la aceptación plena de tal evolución de vida y porque hasta ahora y con la mala interpretación de la ley de doble nacionalidad, se ha visto a tantos extranjeros de origen dominicano postulándose y ganando curules congresionales y municipales, sin antes haber cumplido con el ordenamiento constitucional de nacionalizarse dominicano y a tiempo determinado de diez años, con derecho a optar a cargos públicos de elección.

            Es por ello, que el senador fraudulento, Tommy Galán, constitucionalmente no puede ser aceptado como tal, pues en todo caso, nunca debió de haberse nacionalizado estadounidense si pretendía postularse para algún cargo público de elección o en todo caso, al retornar al país, lo primero que debió de haber hecho, era renunciar a su nacionalidad adoptada y cumplir con los requerimientos para ser plenamente dominicano.

            Para entenderlo, solo debemos recordar, que el austriaco Arnold Schwarzenegger, al irse a vivir a EEUU, a los cinco años adoptó la nacionalidad de ese país y con los años ya hemos visto que llegó a gobernador del estado de California y ahora mismo, con la posibilidad de ser tomado en cuenta hasta para la presidencia de su país, pero el actor y político no actuó como el senador Galán, que siendo extranjero se postuló fraudulentamente a una candidatura senatorial por la provincia de San Cristóbal y ahí su error y como igual está sucediendo con un nieto de Trujillo, hijo de su hija Angelita, quien quisiera ser candidato presidencial en el 2020, pero al ser extranjero y no cumplir  con la regla general de renunciar a su nacionalidad para adoptar la dominicana, tampoco puede presentarse como candidato a nada.

            Y aclaremos, para nada, ello es una contradicción respecto al paso evolutivo que este país está dando en cuanto a la transnacionalidad y pluralidad que empieza a caracterizar a la sociedad y al pueblo dominicano, sino que lo primero que debe hacer un extranjero que aspire a un cargo de elección, es renunciar a su nacionalidad y para adquirir la propia del país en donde quiere servir como político.

            En EEUU el principio se tiene muy claro y por eso, es una condición sin la cual (sine qua non) no se puede optar para un cargo público de elección o el ejercicio de determinadas profesiones liberales, judiciales o de servicio público, si este no adopta la nacionalidad estadounidense y previa renuncia a la propia originaria y con ello, se afianza el concepto de transnacionalidad y pluralidad que especificamos.

            En consecuencia, aquí en República Dominicana, debe y tiene que hacerse exactamente igual a la luz del derecho internacional y con lo que se fortalecería el estado de derecho y las prerrogativas ciudadanas quedarían plenamente garantizadas y que de hacerse contribuiría, no a que sin darnos cuenta, la República se ha convertido y por el poder de sus nuevas generaciones y la apertura de fronteras, en una sociedad muy transnacionalizada y plural y con el peligro latente de poder ser dominada por los extranjeros de origen dominicano, principalmente los estadounidenses, sino que la posibilidad ominosa del colapso de nuestra nacionalidad, nunca podría ocurrir. Con Dios. [DAG. Viernes, 26 de enero de 2018. Año XVI. Número 6,162]