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Comenzar el año con un ataque masculino despreciable contra una mujer e indefensa, evidencia el grado de violencia doméstica que se vive y la que parece que nadie quiere corregir

Que en esta sociedad y por un quítame estas pajas, un hombre se decida por propinar una golpiza y pública contra una mujer y por la presunción, de que, movilizándose en el tránsito vehicular, asumió que la dama le había rozado su vehículo, es de una violencia tan patética como surrealista, que de lo único que habla, es de la terrible como descontrolada animosidad social que se vive.

De ahí, que ante semejante grado de violencia anímica y de la que pocos escapan o son ajenos, tipifica de un modo extremo, cómo y en sentido general, la actitud prejuiciosa contra el otro y dándose la desagradable sensación de que se ha terminado degradando la personalidad de cada uno y que por lo visto, se ha hecho costumbre y ley dentro de un país, que como nunca, sus ciudadanos han demostrado esa tendencia tan salvaje de canibalismo social y sus instituciones, de ausencia absoluta en materia de capacidad para ejercer sus derechos con propiedad y sentido común.

Así se tiene, que al vivirse como si se estuviera en una selva del peor asfalto, la parte primitiva de cada uno haya terminado por posesionarse de las costumbres e idiosincrasias ciudadanas y tanto, que se vive dentro de un orden social nada correcto, en el que la buena educación como las buenas costumbres han sido dejadas de lado y como representación evidente de la ausencia de civismo de toda la colectividad.

Por eso y al plantearse esta situación y en la que parecería que la violencia ciudadana ha dado paso a la deserción del estado de derecho y a esa rebeldía personal, en su mayoría, hija de los excesos y fracasos de un país y en el que su gente, no se tienen el mínimo respeto hacia sí mismos, obliga a que se entienda, que los dominicanos hemos terminado por vivir dentro de un estado de ánimo tan violento, que por lo visto, ya no hay freno moral que impida tanto arrebato y el que sin duda, propicia y esto hay que enfatizarlo, esa absoluta rebeldía social que no se puede ignorar.

Consecuentemente, ese acto salvaje, de un individuo de clase media, emprendiéndola a bofetadas, amenazas de arma de fuego y golpes, contra una mujer cuyo delito fue el encontrarse con esa bestia en la intersección de dos calles y por lo que sin miramiento alguno, aquel energúmeno ultrajó a la mujer, haya que ver el reflejo terrible de la violencia doméstica que se vive y en particular, de las agresiones continuas de hombres contra mujeres y en demostración increíble, de ese machismo mal entendido, que ciertamente está afectando la paz interna de muchas familias.

Solo hay que ver y como muestra casi generalizada de la violencia que los hombres de poder ejercen y sea gubernamental, económica, social y hasta religiosa y que emplean contra la mujer en sentido general e imponiendo una desvalorización tan sentida contra la femineidad, que tiene como respuesta el socavamiento de su propia condición de mujer por parte de ciudadanas, que lucen una agresividad patológica contra sus esposos, maridos o cónyuges y que es el factor que también propicia que la violencia femenina ya sea observada con esa explosión de odio que ciertos hombres emplean o imponen en los círculos en los que se mueven y que en definitiva, da como resultado, que ni leyes y tampoco autoridad, hubiese que verlas como si tampoco no fueran parte de la violencia a que nos referimos y que no da espacio para el sentido común y la sana convivencia.

Se trata y que es lo evidente, como una lucha de egos mal dirigidos y débilmente formados, por los que ni la existencia de hijos impide semejante tipo de desenfreno y al grado, de tipificar esta sociedad como una tan violenta, que parecería, que el simple como determinante raciocinio se ha perdido y por eso de las muestras apabullantes del fracaso del dominicano y como ser que debería y con sus actos, reforzar la convivencia social mejor entendida.

Porque no se trata ya de que la gente quisiera sosegarse o frenar sus extravíos, sino que simplemente, se ha hecho costumbre dirimir los conflictos por vías de hecho y para nada entender, que como personas y hablando y cada uno, poniendo de su parte, se pudiera volver al comportamiento civilizado.

Dentro de un clima social tan salvaje, ¿se podrían ignorar las señales ominosas de tanta, niñez, adolescencia y juventudes y todas esas estadísticas rojas que avalan tanto comportamiento tan incivilizado en centros de enseñanza, reuniones de grupos agresivamente festivos donde la anarquía es la práctica generalizada de quienes entienden, que de esa forma es que hay que enfrentar la discriminación y acciones de racismo de la misma sociedad?

Para empezar, ¿Por qué no se admite que se vive dentro de una sociedad enferma, donde los individuos no están nada dispuestos a transigir y mucho menos a aceptar que su derecho termina en donde comienza el del otro?, ¿cómo interpretar esa terrible sensación de policías y en menor grado, de militares, actuando como ejército invasor de ocupación, nada dispuesto a aceptar que “los civiles” tienen derechos y los que hay que respetárselos, pero al mismo tiempo, ¿cómo explicar lo obvio, de tanto ciudadano irrespetuoso de las leyes y el que poseído de una violencia casi enfermiza, trata de imponerse al otro y sin importarle, cual el nivel de daño que se pueda infringir y lo más significativo, la mayoría analfabetos funcionales con título universitario?

En este punto, ¿cómo entender el comportamiento de tanto ministerio público o jueces ya expertos en materia de violencia doméstica, quienes, en vez de buscar el justo punto medio entre padres violentamente prejuiciados en materia de asuntos de mantenimiento de los hijos, son autoridad y mayormente femenina, que se constituye en defensa de la mujer supuestamente agraviada y con lo que, al no existir la debida equidad, son esos mismos fiscales y jueces y con sus decisiones arbitrarias, los que fomentan e inequívocamente la violencia de hogar o doméstica?

¿Acaso lo ocurrido en Baní y en lo que concierne a la violencia masculina desatada contra una mujer y porque el hombre tuvo la presunción de que aquella le rozara su vehículo, no es la mayor evidencia de hacia que, tipo de abismo social se está yendo y por lo visto, sin que absolutamente nadie haga algo para impedirlo?

Es lamentable pues, iniciar un nuevo año escandalizados por este tipo de comportamiento tan incivilizado y que nos obliga a puntualizar, que comenzar el año con un ataque masculino despreciable contra una mujer e indefensa, evidencia el grado de violencia doméstica que se vive y la que parece, que nadie quiere corregir. Debería y como personas, avergonzarnos al habernos desvalorizados como ciudadanos y seres supuestamente racionales. (DAG)

 

 

 

 

 

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