Para el 2015, se recuerda aquella rueda de prensa que hiciera el hermano mayor del presidente Abinader, José, quien le protestó al gobierno de Danilo Medina, que le desaprobó la concesión minera Hatillo a la empresa familiar, Cementos Santo Domingo, que pretendía la renovación de una concesión de exploración de piedra caliza en Azua.
A partir de ese suceso, Los Abinader marcaron limites en su trato al entonces presidente de la República y lo que se ha visto acrecentado tan pronto Luis Abinader llegó a la presidencia y rayos y truenos les cayeron encima a la familia Medina Sánchez y al extremo, de que el ministerio público central ha sometido a uno que otro de sus miembros a una persecución judicial y con cárcel añadida y de la que solo falta que el expresidente en algún momento y lo que no descartamos, tenga que verse ante los tribunales antes del 2028.
Ya mismo, la situación es delicada entre intereses tan en conflicto y si bien es cierto que el hermano del presidente y con fama de excelente administrador de empresas, logró en cierto modo paliar la enojosa situación, no ha sido menos, que rencores y resentimientos no han sido olvidados y por lo que, lo recalcamos, no descartamos de que en el transcurso de este cuatrienio que termina en el 2028, el expresidente Medina Sánchez se encuentre ante una situación de entrampamiento jurídico extremo.
Sin embargo, se tiene la impresión de que el pleito casado que los Abinader tienen frente a los Medina Sánchez, parecería que pudiera demorar y debido al fuerte cambio de viento que la República está experimentando respecto a que la percepción positiva que se tenía del actual ejercicio presidencial continuo en su etapa 2020-2024, de buenas a primeras, muestra ciertas fisuras entre una parte de la atrapada opinión pública y el gobierno nacional y reflejándose en un sorpresivo deterioro de popularidad de este.
Debido a esta situación de desmejora en la popularidad de Abinader y en razón de la cual, una parte de la ciudadanía está actuando como si despertara de alguna pesadilla y lo que es avivado por un sector contestatario muy agresivo en los lupanares mediáticos en las redes sociales y que se muestra como enemigo de Abinader, que no descartemos, de que en el caso de que el deterioro de la imagen presidencial y la del mismo gobierno continúen disminuyendo, que no dudemos, que como útil recurso propagandístico y en cualquier momento, Danilo Medina pudiera ser requerido por la Procuraduría General de la República.
Naturalmente si semejante escenario se presentara, es obvio que el aparato de propaganda y tanto del gobierno como del PRM, abrumarán a la atrapada opinión pública con toda suerte de malabares de opinión manipulada, por lo menos para que el gobierno le sirva de contrapeso frente a aquello que los periodistas, comunicadores e influyentes anti-Abinader, pudieran tratar de hacer para colocar al gobierno en un callejón sin salida.
Y lo que entre otras cosas significaría, que, de entrada, la ciudadanía luciría confundida y desde el momento, que, desde el gobierno y así como del mismo Abinader, la pugna “entre familias” escale, unos niveles de desencuentros, que provoque el conflicto soterrado entre una parte de la oposición política y el gobierno.
Por supuesto al gobierno es a quien menos le conviene, que, en estos momentos, haya un conflicto político tan chocante como traumático y por el cual, mientras Danilo Medina caiga en una encerrona de ajuste de cuentas, de súbito la otra contraparte opositora que representa el expresidente Leonel Fernández y la FP, salga beneficiada de este choque-contratiempo.
Entonces y si esto se racionaliza, decididamente que al gobierno no le convendría debilitar a Danilo para que Leonel salga beneficiado, en consecuencia, tacto y prudencia deberían de ser los parámetros a utilizar y frente a una situación, en la que si Abinader quisiera ganar tiempo, lo mejor que debería hacer es mortificar lo suficiente a Danilo y para que este, atendiendo solo a defenderse, ocupe su tiempo, en tanto el gobierno aprovecha la contingencia para abrumar a sus adversarios en las redes sociales y solo imponiendo un punto negociador: La aplicación punitiva de la ley 1-24.
Además, está claro, que, en muchos burdeles en las redes, sus auspiciadores dan lo que no tienen por colocar al gobierno en un punto de conflicto y que haciéndolo atropellante, saquen al gobierno del curso correcto de tratar de afianzar su poder y que para impedirlo o atenuarlo, la ley arriba mencionada es el mejor ariete para que el gobierno y en materia de propaganda, logre y aun cuando sea por simple intimidación, que nadie se olvide que la fuerza del poder está en sus manos.
De Balaguer se ha aprendido, que hay momentos que el gobierno en ejercicio muestre su puño de hierro en guante de terciopelo y por lo que estamos viendo, Abinader debería de recordarlo. Solo tiene que ver y aun cuando no lo parezca, que no son pocos los ciudadanos, medios, comunicadores y periodistas que no están de acuerdo con que Abinader imponga ahora su reforma constitucional en base a la aplanadora legislativa con la que cuenta, cuando lo que debería de hacer, es enfocarse en fortalecer su gobierno, cercado por los problemas económicos y los conflictos sociales.
Así interpretamos el anuncio de todo un proceso de reingeniería institucional, que se supone, esta tarde el presidente anunciará y respecto a desapariciones o fusiones de instituciones públicas “para fortalecer el ejercicio administrativo del Estado” y que otros interpretan como una salida no convencional para entretener a la atrapada opinión pública.
No obstante, tenemos presente que cada cabeza es un mundo y por eso advertimos, que, en principio, parecería que el camino del presidente Abinader se encuentra bien y limpio, sin embargo, las arenas movedizas también están ahí y debe tener cuidado. La tormenta acecha. Con Dios. (DAG) 09.09.2024





