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Lo cierto es, que, desde el primer día, el problema haitiano se ha agravado por la torpeza del gobierno de Abinader

Comencemos. Cuando se había anunciado que emprendedores, Agro empresarios y haitianos residentes en EEUU financiarían el canal de trasvase que pretendían construir aguas abajo del río Masacre y en la parte que baña el territorio haitiano. Aquí se montó un huracán de histeria mediática que provocó a su vez, algo parecido al movimiento de masas que, en la frontera, los rayanos (habitantes en la línea fronteriza) y solo los haitianos, iniciaron a su vez y generando de hecho un conflicto de interpretación respecto a quien tenía o no la razón.

Recordamos que los dos gobiernos, decidieron entonces crear una mesa técnica binacional, que, operando en la sede de la cancillería dominicana, se le buscarían los necesarios puntos de avenencia para que la disparidad no llegara a mayor.

Sin embargo, responsabilidad fue del presidente Luis Abinader, quien al ser informado por individuos que distorsionaron lo que ocurría, provocó que un Abinader casi con ira, ordenara que el ejército se colocara prácticamente en pie de guerra e incluyendo personal de aviación y de la armada y hasta con la movilización de equipo militar de combate.

La orden presidencial de movilización militar, abarcó también el cese de las reuniones de la mesa técnica y la que por cierto, a ese momento los técnicos de ambos países habían llegado a un punto de acuerdo que de haberse materializado, los hechos subsiguientes no se habrían presentado y entonces se hubiese dado una colaboración de técnicos y personal de los dos países, para que se le hicieran ciertas correcciones al trazado del canal de trasvase y cuya primera falla es que se construía bajo el nivel del cauce del río.

No hubo esa oportunidad y ya todos hemos visto a que situación de irritación compartida se llegó. Sí hay que reconocer, que, en este aspecto, la parte dominicana fue la responsable del desasosiego creado, pero nadie en el gobierno y menos en la Cancillería, le hizo ver al presidente de la República, que simplemente se había equivocado.

Y aquí entonces los resultados. Las relaciones oficiales se agriaron como también la iracundia se apoderó de los haitianos rayanos, quienes como había que suponer, entendieron que los dominicanos no queríamos que tuvieran agua del río territorial dominicano de 44 kilómetros en territorio nacional y que en la frontera abarcaba solo 2.5 kilómetros en territorio haitiano.

Vino de inmediato, que las viejas pasiones de odios dormidos comenzaron a manifestarse en el país vecino y el sincretismo religioso se encargó de hacer el resto con las demostraciones de vudú, llamémosle de “guerra” y de parte de brujos y curanderos que comenzaron a realizar “conjuros” supuestamente para “hacerles mal” a los dominicanos.

Al final, los haitianos terminaron su canal de trasvase y su diáspora le continuó financiando trabajos colaterales. Del lado dominicano y avivado por resentidos sociales gritando enloquecidamente desde las redes sociales, generó de inmediato que el sector mediático en los medios de la prensa mercancía se cogieran el pleito que hasta ese momento se encontraba ubicado en un rincón de la frontera y comenzaron un demoledor ataque de diatribas, odios e infundios que agregó muchas muestras de radicalismo absurdo y envenenadas por la parte más radical de los grupos criollos anti haitianos.

Después y con el paso del tiempo aquello disminuyó. El gobierno dominicano retiró sus tropas, pero desde el Palacio Nacional no hubo una muestra fehaciente de querer buscar un pase de página.

Ahora se tiene una fuente de disparidad mayor y agravada por otra decisión, que no entendemos bien pensada por nuestro llamado Consejo de Seguridad Nacional en el que Abinader lleva la voz cantante y se da el anuncio, de que para comienzos de este mes se iniciaría la deportación expedita de 10 mil haitianos ilegales y hasta agotar una cantidad no menor de 300 mil y la mayoría, mano de obra en la agricultura, la minería, la construcción, el sector del hotelería y los trabajos domésticos.

A nuestro juicio, no hubo buenos negociadores que mediaran y mucho menos para abrir una puerta para que el gobierno vecino tomara conocimiento de la medida y lo que en cierto modo fue una falla de cortesía, imperdonable entra naciones amigas.

Creemos que lo primero que se debió decir, fue el cómo esa mano de obra sería sustituida por mano de obra dominicana y que colaboración debería esperarse de los agentes económicos. El gobierno no hizo nada de ello y entonces los resultados de arbitrariedad, coacción brutal y nueva ola de sobornos por parte de uniformados y apresamientos totalmente factibles de ser calificados de atentado a los derechos humanos y para mayor confusión, el gobierno haitiano aprovechando en bandeja el brote de anti-dominicanidad y puntualizando que no aceptaría a sus deportados.

La irracionalidad ha vuelto a imponerse y ahora los dos gobiernos se encuentran dentro del mismo circulo vicioso, mientras los agitadores de siempre a ambos lados de la frontera atizan para que todo termine a peor. Ya hay un grupo de haitianos anarquistas que dice que “cerró” el local del consulado dominicano y otro que amenaza con matar a los dominicanos que vivan en Haití, mientras desde este lado, las muestras de irracionalidad más estúpidas se están presentando y por parte de militares, policías y agentes de Migración que entienden que deben llevarse a todo negro y como caña para el ingenio a los centros de deportación, al tiempo que a los haitianos residentes legales, les niegan la legitimidad de los documentos que portan y desde el otro lado, se habla de que hoy colocarán una puerta para impedir que los deportados entren a su país, provocaciones que hasta ahora el gobierno haitiano no ha descalificado o impedido.

Políticamente, al gobierno provisional haitiano le conviene el espectáculo y por eso, su canciller, una empleada de organismos internacionales, salió rauda a ejercer presión desde EEUU, mientras aquí, una sorpresiva mudez se adueña de nuestras autoridades y lo que políticamente no es nada bueno y para que se les entienda que están actuando con cierta destreza.

Es cierto, que sí, que es hora de que se haga una reevaluación de la aplicación de nuestras leyes migratorias, pero si los militares, policías e inspectores de migración no hacen por controlar la frontera, correctamente y apegados a las leyes, mientras en cambio, se apresuran a tener tarifas para cuanto haitiano quiera cruzarla para el lado dominicano, no vemos como se pudiera llegar a un ensayo de solución tentativa inmediata.

También y como le vemos solución, consideramos y si el gobierno no quiere que este problema creado no se desborde más y afecte la gobernabilidad, debería de abocarse a buscar el apoyo de los principales medios criollos para que cese el circo de diatribas y que se silencie a las redes sociales, donde sus lupanares mediáticos, poco que menos, están pidiendo la guerra entre los dos países y que aunque sea temporalmente y por razones de alta seguridad nacional, que por treinta días se impida mediante inhibidores de frecuencia, que las redes sociales continúen la agitación absurda y torpe que están llevando a cabo.

En el plano internacional, consideramos que la Cancillería, hace rato que debió de invocar el tratado para evitar o prevenir conflictos entre los estados americanos (Tratado de Gondra) Suscrito en Santiago de Chile el 3 de mayo de 1923.

Abinader pues, tiene un grave problema, que solo él debe buscarle solución, ya que al fin y al cabo fue el autor principal del tremendo malentendido. Tal vez una mediación diplomática internacional pudiera ayudar o de parte de los jerarcas de las curias católicas de ambos países y hasta de sus empresarios y comerciantes fronterizos y con el solo objetivo que las dos partes sean juiciosas. De lo contrario, es poco lo que se podría hacer.

Entendiendo todo este clima inamistoso tan innecesario, es que clamamos porque nuestras autoridades se hagan una autocrítica y todos entendamos, que lo cierto es, que, desde el primer día, el problema haitiano se ha agravado por la torpeza del gobierno de Abinader. Con Dios. (DAG) 13.10-2024

 

 

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