De acuerdo con la narrativa bíblica y si le vamos a dar crédito a su continuidad trascendente, es evidente que el principio fue el nacimiento de planetas y sistemas solares y con preponderancia en un planeta tierra, al que Dios creador le impuso una serie de ciclos civilizadores en los que cada uno y en función de la evolución humana, conoció de derroteros, unos de fracasos otros de éxitos, pero ninguno dejando a nadie indiferente.
Y lo que se entiende, cuando se analizan las interpretaciones que al texto bíblico le dan determinados exegetas y quienes, de acuerdo con su nivel formativo y cultural, tienen una visión particular de cada proceso.
Pero todos, cometiendo el mismo error y de no entender, que, así como Dios Creador también hizo al ser humano y con dos sexos diferenciados y a la pareja inicial le dio un paraíso terrenal en la hoy Mesopotamia, creó a su vez las dos caras de la misma moneda: El bien y el mal.
De ahí que la mayoría olvida, que el bien no es solo lo contrapuesto a lo mal hecho, sino que este -el mal- es tanto o igual hijo del Dios creador.
Por eso y a lo largo de los últimos tres mil años, tanta gente y culturas olvidan, que todo lo creado por Dios Creador, fundamentalmente tiene una esencia divina y que es el gran error humano básicamente y de no entenderlo y casi de todas las especies.
Así debe entenderse, que como un ángel es un ser divino, igual el demonio lo es también. Que cuando la gente se desvía, Dios Creador envía a sus arcángeles correctores, pero que cuando los errores se acumulan y se llega al tope, entonces Dios Creador utiliza el anticristo.
En este aspecto y por siglos se ha visto ir y salir a muchos anticristos y quienes básicamente tienen la encomienda divina de limpiar lo que ya está irremediablemente perdido y sucio.
Para empezar y en el 1492, con la expulsión de los judíos del reino preponderante en la península ibérica, hubo una manera inicial de limpieza divina y antes, con la expulsión en el mismo territorio, del dominio árabe. Fueron limpiezas específicas y llamémosle de algún modo, de anticristos blandos utilizados para castigar y regenerar.
También se dieron casos de anticristos emblemáticos en su labor de cauterización social. en Mongolia, por ejemplo, con, Gengis Kan. Y si damos saltos arbitrarios en la historia, entramos con Napoleón en Francia o con Stalin en la desaparecida Unión Soviética o Hitler en Alemania y en China Mao Zedong y que, si analizamos en retrospectiva sus ejercicios de poder, no solo encontraremos, que, con miras de crear esquemas civilizadores, también fueron responsables de millones de muertos y sin nunca haber perdido el origen común de quien los creó.
Entonces y cuando se trata de darle una ojeada al libro del Apocalipsis y sin importar sus versiones, se nota de inmediato que las interpretaciones nacen de acuerdo con la formación cultural de cada tiempo y sus autores. Y aun cuando alguien se alarme, la realidad nos dice, que Dios Creador y para esa fase de limpieza espiritual y humana que durará mil años con la entrada del, digámoslo de algún modo, anticristo genuino, este y como todos los anteriores también es hijo de la divinidad y vendrá a cumplir la voluntad de Dios Creador.
Consecuentemente no hay razón para temerle y aun cuando “el arrebato” que se presentará, será el paso inicial de su venida y al Dios Creador, de recuperar para sí a personas de todas las razas, pueblos y naciones que a sus ojos no se han contaminado moralmente. Luego vendrá el proceso del toque de las siete trompetas y los respectivos enviados y que le dirá a los que vivan en aquel tiempo, que Dios Creador vendrá por sí mismo a juzgar a unos y a otros.
Puede que nuestro criterio se nutra, no solo de nuestra formación cultural y de nuestra creencia de que la reencarnación es una fase que existe para mejorar la evolución de los espíritus o porque nuestros ancestros son judeosefarditas o porque en el 1955 con apenas once años, fuimos bautizados en la masonería y en particular en la Logia La Fe No. 7 y anteriormente a las ocho años en la Iglesia Católica Apostólica y Romana en la Catedral de Santo Domingo y bajo la egida de los hermanos lasallistas, nos hace ser más cuidadosos en materia de perspectiva histórica sin prejuicios religiosos o de cualquier otra índole.
Sea lo que fuere y en definitiva, pensamos que el ciclo civilizador que nos toca, ni en mucho llegará a la etapa futura del último anticristo y como preámbulo para el retorno de Dios Creador y su hijo Jesucristo y conociendo esa realidad, creemos que en esta materia, nuestro aporte y como parte también del gran ser divino que a todos nos ha creado, es emitir esta reflexión y la que solo busca que nuestros lectores se adentren y se conozcan a si mismos y comenzando, porque todos debemos entender que la humanidad es simplemente una parte de Dios Creador y si esto se razona, entonces hay la posibilidad de un rescate moral intimista y si se quiere privado y que de luz y guía al mismo espíritu interior que cada uno tiene dentro de su cuerpo material.
Ya mismo, todo cuanto está ocurriendo en la isla de la Hispaniola, con un Haití profundamente religioso animista y una República Dominicana entre mundana y a veces arrebatada, pero sí profundamente creyente, está ocurriendo un principio de limpieza común. En el occidente de la isla, con ese desarraigo en sus instituciones y una clase gobernante depredadora y racista, en tanto en el lado oriental, el cruce de sangre de los dominicanos los ha llevado y muchas veces, a olvidarse de quienes somos y por eso, arcángeles suelen venir para ver cómo se reorienta y ambos países con el estigma común, de empezar a tener presencia y de un anticristo, que, si Dios Creador le dejara, tocaría a arrebato.
Cerrando esta reflexión tan poco usual, entonces decimos: El anticristo es una figura cuasi religiosa cuyo trabajo es rastrear la conducta humana. En política y sin importar fronteras, es lo más evidente. Con Dios. (DAG) 30.12.2024





