Antonio Espaillat, gerente del club nocturno ‘Jet Set’, en Santo Domingo, República Dominicana, y cuyo techo se desplomó el pasado 8 de abril durante un concierto de merengue del cantante Rubby Pérez, y que dejó un saldo mortal de 238 víctimas, entre ellas el artista, habló por primera vez con la prensa de su país en una entrevista exclusiva al medio local Telesistema.
En un programa especial del noticiero El Día transmitido el miércoles, Espaillat, quien es propietario de la empresa junto con su madre, Ana Grecia López, fundadora del sitio hace 30 años tras comprar la edificación a sus antiguos dueños, dio detalles sobre la estructura del club y dijo que la noche que ocurrió el desastre, él estaba en Las Vegas, EE.UU., participando en una feria de televisión, radio y telecomunicaciones.
Esa noche, cerca de las 10:30 horas en Las Vegas, 1:30 de la madrugada en Dominicana, recibió una llamada de su hermana, quien se encontraba en el local como de costumbre, para notificarle bajo los escombros de la edificación, que había escuchado una explosión y de inmediato el techo de desplomó.
“Antonio, tenemos una desgracia. Se ha escuchado una explosión y se desplomó el techo”, fue el mensaje desesperado que recibió Espaillat.
Espaillat comentó que enseguida tomó sus cosas, salió del hotel y tomó un vuelo a Dominicana con escala en Atlanta, cerca de las 12:30 de la medianoche. Para ese momento, nadie sabía que había pasado ni siquiera si existían personas fallecidas, su propia hermana junto a otros amigos y trabajadores del lugar que conocía, se encontraban sepultados.
Finalmente, Espaillat llegó a Santo Domingo a las 3:30 de la tarde. «Fui directo a mi oficina, estaba mi familia, amigos, para que me informaran qué había pasado. Ya estaba muy avanzado todo», comentó el empresario, quien agregó que en ese momento le recomendaron no ir hasta el sitio del suceso porque su seguridad personal estaba comprometida porque los ánimos de los familiares de las víctimas estaban caldeados.
Para Espaillat lo que sucedió en el Jet Set fue algo inesperado, sorpresivo, porque a pesar de los constantes arreglos al lugar, como la impermeabilización del techo y los cambios continuos al plafón de yeso, nunca notaron daños en la infraestructura que fueses graves o que llamaran la atención. (RT)





