La Asociación Dominicana de Industriales Textiles (Aditex) acaba de informar que el sector que representa, dedicado principalmente a la producción para el mercado interno, se encuentra en una encrucijada crítica debido a la competencia desleal de las importaciones asiáticas, especialmente provenientes de China.
Esta situación está provocando el cierre de pequeñas y medianas empresas, así como la pérdida de empleos. Y no es para menos. La ventaja que ostentan los productos importados se ha vuelto estructural y tan marcada que la lucha del sector textil nacional ha dejado de ser estratégica para convertirse en meramente simbólica.
Las cifras hablan por sí solas: en 2023, último año con datos completos disponibles, el país importó textiles y sus manufacturas desde China por un valor de 391 millones de dólares, mientras que las exportaciones a ese país fueron prácticamente nulas. Por otro lado, las importaciones de manufacturas y textiles desde Estados Unidos ascendieron a 669 millones de dólares, en tanto que las exportaciones dominicanas hacia ese mercado alcanzaron los 831 millones de dólares, lo que generó un superávit comercial de 162 millones de dólares en este rubro.
La fuerte importación desde China y otros países asiáticos provocó que las compras totales de textiles y sus manufacturas alcanzaran en ese año los 1,410 millones de dólares, cifra superior a las exportaciones, que se limitaron a 1,290 millones de dólares.
¿Qué está llevando a muchas pequeñas y medianas empresas a “abandonar el barco”?
Fundamentalmente, cuatro factores:
Sobre capacidad en China: El país asiático cuenta con una enorme capacidad instalada, altamente automatizada, lo que le permite producir grandes volúmenes a costos marginales muy bajos. En contraste, la industria textil dominicana, que produce para el consumo interno, opera con tecnología limitada.
La industria textil china recibe subsidios estatales, facilidades para exportar y enfrenta costos laborales mucho menores que los de la industria local.
Empresas chinas utilizan eficazmente plataformas como Shein, AliExpress o Temu para vender directamente al consumidor final en todo el mundo, sin necesidad de intermediarios. Esto reduce considerablemente los costos logísticos y de comercialización, haciendo que sus productos lleguen a precios muy competitivos a los mercados latinoamericanos y globales.
Además, China cuenta con una red de inmigrantes establecidos en República Dominicana y el resto de Latinoamérica, quienes han montado negocios de distribución directa de productos chinos. Esto les permite un mayor control de la cadena comercial y operar con menores costos y precios más bajos.
Todo esto hace que la ventaja de los productos textiles chinos frente a la producción nacional orientada al mercado interno resulte prácticamente insalvable.
Una situación muy distinta vive la industria textil ubicada en las zonas francas. Si se mantienen los incentivos fiscales y si los cambios arancelarios en curso logran ampliar la protección del mercado estadounidense frente a los productos asiáticos —y si se profundiza la brecha arancelaria entre República Dominicana y sus competidores—, los productos dominicanos podrían beneficiarse significativamente. De ser así, se fortalecerían las exportaciones textiles provenientes de las zonas francas, principalmente con destino a Estados Unidos.
En resumen, el panorama es sombrío para la industria textil que produce para el mercado interno, pero podría volverse prometedor para la industria de zonas francas que exporta, sobre todo, al mercado estadounidense. Por: Mario Méndez (hoy)





