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La sostenibilidad como clave para la resiliencia empresarial

La República Dominicana atraviesa un punto de inflexión histórico. Como una de las economías de mayor crecimiento en América Latina, también se ha convertido en uno de los destinos turísticos favoritos a nivel mundial. Sin embargo, su marcada vulnerabilidad frente al cambio climático representa su mayor debilidad. Fenómenos naturales extremos, el aumento del nivel del mar, las sequías y la pérdida de biodiversidad ponen en riesgo los avances alcanzados.

Estamos en el momento en que la preservación de los recursos naturales ha dejado de ser un sueño idealista para convertirse en una condición indispensable para el desarrollo. Proteger nuestros ecosistemas no es un capricho, se trata de la estrategia más inteligente para garantizar la resiliencia climática del país. De ello depende todo lo que aquí habita, desde las playas para el turismo, la calidad de vida y salud de las personas, hasta los negocios e inversiones. Es, además, la única forma de asegurar un capital natural digno para las generaciones futuras.

En este escenario retador, el rol de The Nature Conservancy (TNC), con 80 años de experiencia global en conservación, incluyendo tres décadas de trabajo en el país, cobra mayor importancia, pues han demostrado que la sostenibilidad ambiental es una vía tangible hacia el desarrollo resiliente. La sinergia que han logrado con las comunidades locales, organizaciones ambientales, el sector empresarial y el Estado para promover la conservación de ecosistemas críticos y fortalecer la resiliencia frente al cambio climático ha marcado la diferencia.

Muestra de ello ha sido el programa Fondo de Agua, que opera a través de dos iniciativas: el Fondo de Agua Santo Domingo y el Fondo de Agua Yaque del Norte. Ambos desempeñan un papel clave frente a los desafíos de escasez y calidad del agua, al tiempo que promueven la conservación ambiental y la participación directa de las comunidades. Además, su trabajo en la protección de zonas costeras y marinas junto a la Fundación Dominicana de Estudios Marinos (FUNDEMAR), para la protección de manglares y arrecifes de coral, es clave no solo porque preservan la biodiversidad, sino que también fortalecen la economía local, la seguridad alimentaria y la resiliencia climática. Estos ecosistemas actúan como barreras naturales ante inundaciones y tormentas, por lo que conservarlos es también proteger a las inversiones y a las comunidades.

TNC también ha sido pionera en implementar soluciones basadas en la naturaleza para la adaptación al cambio climático. El proyecto Islas Resilientes, desarrollado en localidades vulnerables como Miches, ha mostrado cómo restaurar ecosistemas puede reducir el riesgo de desastres y empoderar a las comunidades. A esto se suma su labor en educación ambiental, capacitando a miles de personas para actuar frente a la crisis climática.

Estas acciones no son esfuerzos aislados, sino que forman parte del respaldo que TNC está dando al país para el cumplimiento de los compromisos asumidos en el marco del Kunming-Montreal Global Biodiversity Framework. Este acuerdo global que establece proteger al menos el 30% de las áreas terrestres y marinas a nivel global. En ese sentido, nuestro país ha logrado importantes avances. Así lo confirmó el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales durante la Cumbre de Conservación 2025 de TNC, donde se destacó que ya se ha alcanzado la meta de preservación en las áreas marinas, con un 30.8% protegidas, mientras que en las zonas terrestres la conservación abarca un 25.6% del territorio nacional.

Si bien estos resultados son alentadores, no se trata solo de cumplir con indicadores, sino de garantizar una protección real de las áreas protegidas frente a las crecientes amenazas que comprometen su integridad constantemente. El verdadero logro radica en asegurar que las áreas protegidas cuenten con una gestión efectiva y sostenida en el tiempo.

Para avanzar en esta agenda, la sinergia entre sectores —y en particular, el liderazgo del empresariado— resulta vital. Es momento de asumir un rol más activo, acompañando al Estado en la continuidad y profundización de estos compromisos. En ese sentido, saludamos las palabras del presidente Abinader durante su intervención en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Océano 2025, donde hizo un llamado urgente a enfrentar desafíos como el sargazo y el aumento del nivel del mar. Estos fenómenos representan amenazas reales para sectores clave como la pesca y el turismo, pilares de las economías insulares, y su mención refleja un compromiso claro con la preservación de nuestros recursos naturales.

Ante el contexto actual, nos llena de esperanza la evolución del sector privado en los últimos años. De mantener un rol más reservado, ha pasado a convertirse en un aliado clave en los esfuerzos de conservación. Nos enorgullece reconocer que diversas iniciativas privadas han abierto camino, demostrando que la sinergia entre el Estado, la sociedad civil y los organismos internacionales puede marcar una diferencia real. Un ejemplo emblemático es el legado de la Fundación Propagas y de Rosa Bonetti “Doña Pirigua”, cuyo compromiso y liderazgo en la conservación en el país han sido una fuente de inspiración para todos. Su legado ha dejado una huella imborrable y es un honor poder recorrer el camino que empezó a construir para nosotros.

Como sector empresarial, nos toca hoy más que nunca construir un progreso que busque la armonía entre el desarrollo y la naturaleza, lo que exige un cambio de procesos y, sobre todo, de mentalidad. Las empresas que saben incorporar estrategias de sostenibilidad no solo mitigan riesgos, sino también logran innovar en sus sectores, descubriendo que es rentable y que cuentan con respaldo y acceso a financiamiento. Instrumentos como los bonos verdes, bonos azules, créditos de carbono, tarifas ecológicas y otros mecanismos de pago por servicios ambientales son cada vez más relevantes para quienes apuestan por un futuro más sostenible.

Estamos frente a una generación cada vez más consciente y exigente respecto a las consecuencias ambientales y sociales de sus decisiones, una generación que le pide cuentas a sus líderes y valora la coherencia entre el discurso y la acción. Iniciativas como Tropicalia, nuestro proyecto de lujo sostenible en Miches, demuestran que es posible crecer sin comprometer nuestros valores, cuidando lo que somos y preparándonos para lo que viene. Este modelo tiene el potencial de convertirse en un referente regional de éxito en conservación y desarrollo sostenible.

Me uno al Consejo Directivo de TNC Caribe con la certeza de que es posible impulsar desarrollo y rentabilidad sobre la base de una estrategia sostenible. Esta forma de hacer las cosas debe ser algo intrínseco para la gestión empresarial, para impulsar la innovación, la protección y el bienestar del entorno.

La autora es CEO de Cisneros y miembro del Consejo Directivo de TNC Caribe. (Listín Diario)

 

 

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