El Medio Oriente amanece con los fusiles en descanso al menos por ahora gracias al cese de hostilidades pactado entre Teherán y Tel Aviv. La promesa iraní es clara si Israel no rompe el trato, ellos tampoco lo harán. Esa fue la línea trazada por el presidente Masoud Pezeshkian al conversar con su homólogo malasio, subrayando que su país solo volverá a disparar si se siente traicionado.
Según el cronograma difundido por mediadores regionales, Irán detuvo primero el fuego a las 04:00 GMT de este martes y, doce horas más tarde, Israel debía cumplir su parte. Tras observarse otro lapso de doce horas sin disparos, la tregua pasaría de tentativa a “oficial”, sellando el fin de lo que ya muchos llaman “la Guerra de los Doce Días”.
El enfrentamiento estalló el 13 de junio, cuando Israel bombardeó instalaciones nucleares y militares iraníes; a los pocos días, Washington entró de lleno y golpeó los complejos de Fordo, Natanz e Isfahán. La Casa Blanca defendió la movida como “cirugía de precisión” contra la amenaza atómica persa.
Teherán no se quedó de brazos cruzados respondió con misiles contra la base estadounidense de Al Udeid, en Catar. El ataque no dejó víctimas, pero envió el mensaje de que cualquier agresión tendría precio.
Del lado israelí, los 12 días de fuego dejaron al menos 28 muertos y más de 3 000 heridos, según datos del Ministerio de Salud en Jerusalén. Con la alerta bélica desactivada, el Comando del Frente Interior levantó restricciones en escuelas y lugares de trabajo, intentando devolver cierta normalidad a la población.
Detrás de bambalinas, la mediación fue un ajedrez diplomático el emir de Catar puso el teléfono a trabajar y el presidente Donald Trump vendió el trato como otra jugada maestra, presionando a Benjamín Netanyahu para aceptar el alto el fuego y ofreciendo garantías de que Teherán también firmaría.
Moscú y Pekín reaccionaron con severidad, condenando los bombardeos estadounidenses que precedieron la tregua y advirtiendo del riesgo de encender un conflicto regional de mayor envergadura. Para Rusia, los ataques fueron “injustificados”; China los tachó de precedente peligroso.
En Teherán, la euforia por “haber obligado al enemigo a retroceder” se mezcla con advertencias de una posible represalia económica el Parlamento iraní debate un bloqueo del estrecho de Ormuz, ruta por donde fluye más del 20 % del petróleo global. Los analistas dudan de su viabilidad, pero el mero anuncio disparó las preocupaciones en los mercados energéticos.
Con los fusiles enfriándose y las capitales del mundo calibrando el nuevo tablero, la pregunta ya no es quién disparará primero, sino cuánto durará la calma. Si cualquiera de las dos partes interpreta mal un movimiento o decide que el trato ya no le sirve el ciclo de fuego podría reiniciarse en cuestión de horas. Por ahora, la región respira, pero nadie guarda la maleta de emergencia.





