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Entonces quiere decir, que cuando una persona llega al máximo nivel de éxito profesional, es una pieza de caza para las feministas anti-hombres más arrebatadas?

Aún no era Julio Iglesias el mundialmente afamado cantante que todos conocemos, cuando una mañana de los años de la década de los setenta, quien escribe le vio, siendo un joven que había pasado por una enfermedad que parecía que le podría quitar su capacidad motora y de la forma más curiosa, una mañana de domingo y encaramado en el tope de la barra de un restaurante cerca de la ciudad colonial y con una guitarra tocaba melodías que a la verdad, nadie de los comensales hacía caso.

Se estaba en el restaurante del italiano Mimo que se encontraba en la calle Julio Verne esquina avenida Bolivar y el futuro gran cantante se encontraba en puro esparcimiento en el restaurante de su amigo.

El futuro gran cantante vestía camiseta y pantalón blanco y a su lado, escuchándole embobado, su padre el doctor Iglesias Puga y en una mesa cercana su esposa Isabel, una muchacha de rostro agraciado y flacucha. Por lo que se supo, los Iglesias provenían de Panamá y agregando Mimo, que “se irían dentro de poco a España”.

No hubo ningún tipo de interrelación entre quien escribe, que estaba acompañado de su esposa y el futuro artista y si más con el dueño del lugar que sí era nuestro amigo personal. Sí recordamos la voz apagada, por momentos en susurros y cantando melodías románticas y con un tono que sugerentemente no dejaba de llamar la atención.

El doctor Iglesias Puga, en cambio, sí que compartía con todos. Estaba elegantemente bien vestido a lo tropical y teniendo una llamativa bufanda, que con su delgadez y bonhomía, resaltaba y ayudaba a su figura. Isabel compartía con otras personas y se mostraba cortés pero un tanto distante. Nada inapropiado en una joven esposa entre familia.

Luego de abandonar el sitio de esparcimiento familiar, ni por la cabeza nos pasó que aquel “enclenque” de voz queda, sería el gran y afamado cantante que todos conocemos y ahora ya conocido y aplaudido a rabiar con sus entregadas presentaciones; lo único en común, que quien escribe acaba de cumplir 82 años y el artista, cuyo nombre de pila es Julio José Iglesias de la Cueva tiene 83, cumplidos el 23 de septiembre pasado.

Para nuestra sorpresa, acaba de estallar un escando de sexo y destrucción de la integridad e imagen del afamado cantante y desde el país en el que nació, donde el amarillismo periodístico y las enfermas mentalidades anti masculinas de feministas de pelo en pecho, entienden que han logrado crear un punto de escándalo de puro arrebato y con la narrativa, que está por comprobarse, originado en dos empleadas adultas del cantante a quien le imputan un fuerte rosario de inconductas por las que automáticamente, Iglesias ha sido desacreditado al completo.

Y muchos nos preguntamos: Racionalmente, ¿cómo es posible que relaciones privadas entre adultos y que de hecho significan comportamientos y complicidades compartidas, en las que la conducta y la palabra de unos es confrontada con la de los otros y después de cinco años de sucedido, salgan a la luz pública y como si ya mismo fueran de ahora?

Frente a lo que se está viendo y la grosera avalancha de imputaciones realmente canallescas, estas retratan de cuerpo entero a las dos mujeres y las que ahora actúan como curiosas “cazas talentos” de lechos compartidos y pretendiendo hacer creer, que sus denuncias son con el propósito de que “otras mujeres no caigan en manos de ese tipo de hombres”. O sea, ahora resulta, que Julio Iglesias es un sátiro y malvado merecedor del paredón mediático.

¿Cómo es posible que una maquinaria mediática de puro escándalo amarillista le de credibilidad a lo dicho por dos mujeres, que por lo que dicen, eran más que compañeras de fiesta y cama que empleadas propiamente y las que «por su especialidad» estaban separadas del resto de las demás empleadas domésticas?

¿A tales extremos llega la envidia y el odio por el éxito ajeno? Pero hay más, ¿acaso no es verdad, que todo artista y del género y estilo que sea y por el solo hecho de tener éxito profesional, de inmediato es rodeado por todo un paquete de mujeres ofrecidas y hasta hombres, que dan lo que no tienen por compartir y aunque sea un halago con el artista afamado y después ufanarse de lo obtenido?

Cuando las anteriores preguntas se responden, de inmediato se cae en cuenta, de que nada extraño debe ser, que un artista afamado tenga en su ritmo de vida normal y tanto hombres como mujeres, todo un cortejo o harén de ofrecidas y ofrecidos, desesperados por siquiera llamar la atención del artista y para que este se fije aunque sea una sola vez? Con tazón que el objeto de deseo tenga un tipo de conducta sexual, normal para un artista de semejante nivel y lo que todos damos por sentado.

Lamentablemente, en este mundo prostituido que se vive, donde la honra y la decencia no son prendas de consumo y sí la vulgaridad y todas formas de extorsión o chantaje, el escándalo que le ha sobrevenido a Iglesias, parecería que es la inconducta que se espera de aquellos que en algún momento hubiesen llegado a su gracia y atención y he aquí el resultado.

Salta una historieta al amarillismo periodístico y de inmediato el paredón mediático es implementado en su crudeza indecente más hiriente y resultando que el nombre, fama y honra de un artista universal se le hace pedazos y lo que muchos creemos que eso no es justo.

Pero hay otro dato que en el caso de Iglesias, aún no ha salido a la luz pública, que las ofrecidas empleadas, sus abogados y aliados periodísticos, también van contra el dueño del destino turístico en donde Iglesias tiene una de sus dos mansiones en esta parte del mundo dominicano: Pretendiendo involucrar al dueño de centro vacacional Punta Cana del grupo empresarial del mismo nombre y como “medida de peso” para obtener más ventajas económicas y con el argumento de la relación amistosa y también empresarial entre los dos personajes y….la insinuación venenosa y mentirosa y que consta en el relato periodístico, de que supuestamente se trata de “un antro de mercado sexual y orgías inacabables”.

Por eso, somos de opinión y en lo que respecta al público dominicano, que se tome con su pizca de sal y duda, todo lo que este abusivo caso de desprestigio personal vaya presentando y mucho más, cuando se conoce que los abogados están explorando “las posibilidades” para que fiscales y jueces dominicanos se involucren y de esa manera la pieza a cazar sea mayor y alimentado el interés, porque el cantante es también ciudadano dominicano por nacionalización privilegiada y ahora a más cuando el gobierno español ya ha condenado a Iglesias y ha pedido que se llegue hasta el fondo de la situación denunciada.

Si este escenario montado es visto en toda su amplitud, lógico que preguntemos: Entonces quiere decir, ¿que cuando una persona llega al máximo nivel de éxito profesional, es una pieza de caza para las feministas anti-hombres más arrebatadas? Con Dios. (DAG) 16.01.2026

imagen: el cierre digital

última actualización: 10:13 am.

 

 

 

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