A este día, es más que evidente, que parecería que el presidente Luis Abinader ha estado perdiendo un tiempo psicológicamente precioso para efectuar los cambios de ejecutivos y tan determinantes que su gobierno requiere para relanzarse como la administración apropiadamente ideal que debería de ser, después de un primer cuatrienio discutiblemente cuestionador.
Sin embargo y esto lo sorprendente, mientras más de la mitad del gobierno se encuentra desacreditado por las inconductas continuas de muchos de sus subalternos, el mismo Abinader y por sí mismo, hábilmente ha podido mantener un nivel aceptable de popularidad y verificándose de acuerdo con las principales encuestas, que él y no nadie más, es el que mantiene en pie, un gobierno, que con otro presidente ya estuviera caído.
Y ese hecho, extremadamente significativo, debería darle ánimos a un primer mandatario, a quien y por más que quiera ocultarlo, es una realidad, esta enojosa situación, en cuanto a que cada día uno de los suyos provoca un escándalo nuevo y lo que debería alentarle hacia una reorganización total. Sin embargo, quien lleva las riendas del poder es él y por lo tanto, de acuerdo a su perspectiva y tiempo, también hay que entender, que él y no más nadie, es el que debe decidir el como manejar un gobierno, víctima de la sinrazón y la ambición sin límites, de subalternos que han llegado a las funciones con animo tan depredador, que aquello de servirle al país, ni por asomo es contemplado y mucho menos el paradigma viejo del periodo 2000-2004 de que “gobernaré para todos sin olvidarme de los míos”.
Entonces el reto presidencial no es poca cosa. ¿Cómo gobernar un entramado que no entiende razones, de que al poder se va a servir y no a servirse?, se podría decir que cierta culpa le cabe al gobernante, pero cuando se rememora el calendario casi continuo de contra medidas que aplica para frenar los excesos de administración, también hay que entender, que Abinader de tonto no tiene nada y que en cierta forma, debe tratar de sopesar y de acuerdo con las circunstancias, los pasos a seguir y los que en la generalidad de los casos, no son tan rápidos como la gente quisiera.
Por eso, creemos, que de cara al año preelectoral del 2027, el presidente y aun cuando muchos no lo entiendan, deberá de refugiarse en una remodelación de gobierno que se fundamente en ciudadanos y no en su partido y menos en alianzas de partidos -opositores o de alquiler- y desde luego, sin ninguno de esas serpientes ocultas que siempre han sido los agentes de la sociedad civil y como testaferros de oenegés absolutamente contrarias al interés nacional e incluidas las “secretas” de los partidos políticos principales y las de los tres expresidentes.
Además y en cierta manera, si el presidente busca a los ciudadanos y él directamente, estamos absolutamente seguros de que podría hacer que su gobierno resurgiera en una popularidad mucho más diferenciada, de esa actual tan terrible y entrampada en odios, recriminaciones e imputaciones aleves que su partido le ha impuesto.
Solo hay que ver, que si desafiando a todos los intereses creados, impusiera que los precios de todos los combustibles bajaran a la mitad, los impuestos directos por igual y los subsidios sociales los relanzara y no como lo de ahora, con la fabrica de entidades licenciosamente administrativas para beneficiar a grupos y creando una superestructura que proveyera de 10 mil pesos a cada cabeza de familia, mientras de los tantos salarios mínimos, los redujera, sino a uno por lo menos a tres y sin importarle el griterío que los grupos económicos y financieros pondrían y al tiempo de obligarlos a pagar impuestos, mientras se revisan los impuestos con relación a lo que cada quien debería de cotizar, estamos seguros, que después del impacto inicial, a los tres meses, la popularidad de Abinader se habría ido a niveles nunca conocidos.
Sí sabemos, que hay una medida de rescate financiero a favor de la República, que por extrema, reconocemos que todavía no se podría imponer, pero sí intentar tomarla paulatinamente: La creación de un fondo soberano que se nutra de los recursos expropiados a todos esos grupos económicos y financieros que se han enriquecido en base a saquear al Estado y robarle sus dineros a los contribuyentes.
Por supuesto, el asunto está en tener el coraje para emprender unos cambios totalmente distintos a lo habitual y como la mejor manera de que se vea, que el gobierno no solo está al servicio de la partidocracia y la alta burguesía y sí del país. Por eso, creemos que Abinader debe gobernar para los ciudadanos y aun cuando encuentre un costo de perdida de apoyo en los miembros del Consejo Nacional de Competitividad y los medios de comunicación que dependen de las 28 grandes fortunas, la mayoría fraudulentas y creadas en base a saquear al Estado, con enormes exenciones fiscales y evasión discal continua.
Para que se nos entienda, si Abinader quiere continuar sirviéndole a la República con pasos firmes y decisiones que favorezcan a los ciudadanos y preferentemente de clase media y de a pie y por más campaña mediática tendenciosa, seguro que saldría a camino y aun si los que se han hecho ricos robándole a la nación pretendieran lo peor, entonces, sí que el poder aplastante del Estado mediante el estamento militar, debería de hacerse sentir.
Porque y en esto hay que ser firme, a todos los empresarios que se están robando la riqueza nacional y empobreciendo terriblemente a la ciudadanía, solo les quedaría un camino o cambian de método o que la purificación por el fuego los arrope.
Este cambio de políticas debería de ser el motivo fundamental para que la ciudadanía respalde a su presidente y la razón del por qué decimos, que mientras Abinader parecería que se muestra inmune a los desastres que cometen sus subalternos y manteniendo su popularidad sin riesgos significativos. Carolina emerge como la probable candidata de confiar que le garantiza futuro y gobierno seguro. Con Dios. (DAG) 09.02.2026
imagen: Revista Mercado
última actualización: 07:25 am.





