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Cuando una nación, su gente es una incivilizada que no respeta el estado de derecho y cree que puede hacer lo que le venga en ganas, automáticamente es un pueblo terrorista al que hay que aplicarle la purificación por el fuego, la ley de fuga o la ejecución pura y simple

Parecería paradójico, pero si los dominicanos hubiésemos sido un pueblo que en los últimos cien años hubiese experimentado una hecatombe social a modo de guerra civil extremadamente violenta, por el dolor recibido en carne propia, no fuera hoy el pueblo indolente y servil, que en base a trampas y mentiras hace como que prospera y siempre para traicionar al otro.

Y no es tanto porque somos supuestos descendientes de aborígenes arahuacos, reconvertidos luego como tainos y quienes por su bonhomía, parecería que fueron un conglomerado humano muy amistoso y de ahí que fueran calificados como tontos por los invasores ibéricos desde el 1492, pues al fin y al cabo, descendientes suyos ya no existen y como igual ocurrió con otras migraciones de negros e individuos de otras nacionalidades, principalmente árabes, turcas o judías, de las que descendientes directos no hay y sí familias emparentadas  por apellidos, de todos esos grupos étnicos desaparecidos.

La prueba es, que el reino de Castilla envió la expedición descubridora en el 1492 y ya para el 1496, el millón y pico de aborígenes, habían muerto a consecuencias del cruce de razas y la secuela de enfermedades europeas para las que los habitantes de la isla no tenían defensas en sus cuerpos y esto, fuera de los crímenes de exterminio cometidos por los invasores ibéricos.

Es por eso, que, cuando  el criollo (cruce de aborigen con ibérico) emergió como tal y hasta principios del mil setecientos y con sentimientos arraigados en una incipiente dominicanidad en gestación y hablamos luego del 1700 en adelante, donde las apetencias propias se confundían en lo que se quería o ambicionaba o lo deseable y con su base común del arribismo como mecánica de movilidad social, que con el tiempo dio paso a una manera evolutiva de gobernanza de tribu nacida de poder del cacicazgo como manera de gobierno y cuya muestra mayor de la etapa de primaria gobernanza social y conocida como “el tiempo de Concho Primo”, en el que las alianzas eran personales y familiares y en base al don fulano que emergía como la cabeza de mando y sumisión y su fragmentación en ciudadanos de primera y de segunda y vasallos.

Esa relación primaria entre individuos, delineó el concepto de los dones en cada demarcación territorial o provincial y lo que todavía imperaba para el 1930, pero que para el 1960 ya tomaba otro giro y generando una clase media más independiente al origen de clases y sí más cónsona con el país nuevo que emergía.

Recuérdese, que en el 1930, la República no tenía ni un millón de habitantes y para el 1960 ya se llegaba al millón y medio y que en el lapso 1960-1990 fueron 30 años en los que la Nación dominicana dio un salto cuantitativo y cualitativo en su conglomerado humano, donde no había una simple clase media pobre, sino que se había pasado a alta clase media y con un conjunto poblacional de 06 millones de personas, que para este 2026, generaron un país de juventudes en un 55 por ciento dentro de la totalidad de sus 11.5 millones de habitantes.

Sin embargo, el progreso material no fue parejo con el progreso social y económico y menos con la educación cívica y debido al efecto demostración de la inmigración proveniente desde EEUU, donde para el 1967 hubo un fuerte inicio de migración criolla hacia EEUU y la que generó para el 1997, el hecho cierto de la entrada del estadounidense de origen dominicano y ahora posicionado y por errores de bulto cometidos por la clase política y en base a la distorsión, originada en la ley de doble nacionalidad, que impulsaron Peña Gómez y Leonel Fernández, mediante la cual, estadounidenses y extranjeros de origen dominicano eran reconocidos como dominicanos con derecho a ejercer y tener los mismos derechos de los dominicanos que no habían cambiado de nacionalidad o que habían nacido en el territorio nacional y nunca habían viajado al exterior y que para el 1961 era la situación de más de la mitad de la población a ese año.

Agréguese ahora, con lo nuevo y originado desde el 2015 y por la presión del empresariado agroindustrial, el de la construcción y el turístico, que había forzado de continuo para que la inmigración de trabajadores haitianos ilegales conformase un nicho de supuestos “ciudadanos dominicanos” en base a documentos de identidad y de “nacimiento” falsificados o falsos y obtenidos con el velado apoyo cómplice de la JCE.

De esta manera, el calidoscopio de culturas ha devenido en una fractura seria y de cuidado de la nacionalidad dominicana y al extremo, de que si los dominicanos que no han cambiado de nacionalidad, no caen en cuenta  del proceso de dominicanidad falsa que la partidocracia y el empresariado han estado creando y por lo que y fácilmente, que para el 2050, este país estará compuesto por una mayoría “nacional” de dominicanyork y haitianos trasplantados como supuestos dominicanos y con un colchón de los dominicanos nacidos desde el 2000, quienes a ese tiempo tendrán que lidiar con la otra amenaza de destrucción de la nacionalidad y de parte de robots y humanoides, quienes con inteligencia artificial generarán el nuevo tipo de “dominicano” y de cara al 2075.

Pero como en este país, la mayoría de su gente no tiene conciencia de su nacionalidad y sí de cómo vivir o medrar a la sombra del que entienden que tiene poder y de ahí el terrible vasallaje y sumisión que por doquier se observa y al no tener tampoco y lo que hay que recalcar, conciencia de que el vivir implica sacrificios para la persona seria en su integridad y honesta en su formación moral y todos, solo pendientes a la corrupción y a las ayudas sociales masivas que degradan y prostituyen a las personas, nadie está atento al devenir de su país y mucho menos de su destino.

Chequéense las terribles inconductas de tantos, entre esa plebe convertida en pequeña burguesía y con ínfulas de clase alta, invadiendo territorios sociales, que por falta de educación, antes tenían vedados, pero la que hoy y por sus ingresos de la droga, la prostitución y la corrupción política, entran a tambor batiente, es decir, a tiro limpio y alterando de una forma absoluta la paz social. ¿O eso no fue lo que ocurrió con el asueto de la llamada “semana santa” en el que, hasta la autoridad se desbordó en fechorías?, Las Terrenas, ¿por ejemplo?

Obligándonos a decir, que cuando una nación, su gente es una incivilizada que no respeta el estado de derecho y cree que puede hacer lo que le venga en ganas, automáticamente es un pueblo terrorista al que hay que aplicarle la purificación por el fuego, la ley de fuga o la ejecución pura y simple. Con Dios. (DAG) 10.04.2026

imagen: https://elperiodico.com.do/2026/04/06/caos-las-terrenas-semana-santa-republica-dominicana/

 

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