El de ayer fue un día de incertidumbre arrojada sobre el pueblo desde el miércoles y terminó con la exposición de un paquetazo de impuestos que hundirá el crecimiento económico, fomentando mayor informalidad, ralentizando el comercio y aumentando el desempleo.
En el lenguaje popular, lo que se propone el gobierno de Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM) es el equivalente a echar un kilo de sal a un sancocho que ya estaba muy salado. Aumentar el Impuesto sobre la Renta en 3% a una parte de las empresas más grandes y cobrar 27% a los empleados con sueldos superiores a 400,000 pesos mensuales tiene un alto impacto negativo en la economía.
Lo primero es que esa medida no incentiva nuevas inversiones y los que están instalados traspasarán esos costos al consumidor final de sus mercancías y servicios, fertilizando la inflación y excluyendo a los trabajadores del acceso a bienes.
Lo segundo es que golpear el salario mejor pagado también implica reducir el poder de compra y la adopción de precauciones a la hora de gastar, lo que bajaría la demanda de bienes no esenciales como cambio de vehículos, electrodomésticos, equipos electrónicos y turismo.
Parece una locura que en una época en que la Inteligencia Artificial reduce puestos de trabajo en las empresas formales, se incentive el despido aumentando las cargas tributarias. Otro golpe generalizado es el aumento de 0.15 a 0.20% el impuesto a las transferencias con cheques o electrónicas de la banca, lo que sin duda disminuirá el pago formal e incrementará las transacciones en efectivo en todos los niveles del comercio, tal como sucede hoy con el Itbis.
Si bien la eliminación del anticipo a las microempresas y la reducción de solo tres pagos al año a las pequeñas empresas sería una medida apropiada, tiene la limitante que son las que tienen el menor volumen total de ventas, golpeando de nuevo a las medianas y las grandes.
El impuesto adicional a los boletos aéreos de diez dólares en momentos en que la carestía de los combustibles aumenta los pasajes, es un sin sentido al turismo y explica por qué dos importantes aerolíneas internacionales pararán vuelos al país a partir del 8 de julio.
El anuncio de la ampliación de la indexación salarial por inflación es una medida cosmética porque la que estaba en vigencia tiene casi dos décadas que no se respeta. Si este gobierno, en seis años, no ha hecho una sola indexación de sueldos, ¿quién va a creer que lo hará en el futuro para beneficiar a mayor número de asalariados?
Lo mismo ocurre con el aumento al 30% al Impuesto sobre la Renta empresarial que se ha dicho que es transitorio por tres años.
Cuando se incrementó a finales de 2012 la promesa fue que era transitorio, pero ha permanecido hasta hoy y en lugar de bajarlo, este gobierno busca incrementarlo.
¿Qué sacrifica el gobierno?
En la narrativa del gobierno, con el plan se desprende de ingresos al eliminar cargas, pero a la vez afirma que el resultado será un incremento de las recaudaciones de entre 40,000 y 50,000 millones de pesos al año.
El gran ausente es el plan de austeridad y la mejora de la calidad del gasto.
Aumentar las recaudaciones en 50,000 millones significa mayor disponibilidad para el gobierno seguir incrementando el gasto corriente y mantener a la deriva la inversión de capital. Eso es lo que desacredita al gobierno porque sacrifica a la población, le reduce su poder de compra, rebaja la oferta de empleo, a la vez que regala el dinero a manos llenas a pesar de anunciar generalidades de transparencia en las ayudas sociales.
Pide sacrificios, pero no es capaz de reducir el dispendio, el derroche de dádivas que profundizan la pobreza y reducen el interés por la formación técnica y obtener un puesto de trabajo.
Medidas tan sencillas, pero cargadas de simbolismo, como usar los vehículos del gobierno y otros poderes solo para actividades oficiales, así como ahorrar energía en todas las oficinas públicas, no se adoptan porque la carga del sacrifico está colocada solo sobre el pueblo.
No es falta de dinero
No es más dinero lo que le falta al gobierno teniendo más de 400,000 millones congelados en dos bancos del Estado, sino un cambio brusco de sus prioridades del gasto.
Si el gobierno sigue gastando el dinero público en francachelas y desatendiendo la inversión que tiene retorno, no importa que su paquetazo fiscal le represente 150,000 millones más, que seguirá hundiendo el crecimiento y la calidad de vida del pueblo.
Es como un vehículo que salga de Santo Domingo para Santiago a baja velocidad, pero tome el rumbo de Pedernales con más combustible. Mientras más acelera, más se aleja de su meta.
Eso es lo que ha pasado con los préstamos. Como su destino es gasto corriente, mientras más se endeuda más altos intereses paga, pero en el país no hay ni progreso ni bienestar.
Reacción al paquetazo
Falta saber si los empresarios, los aspirantes presidenciales, las iglesias, los movimientos sociales y los sectores populares en general van a aplaudir este paquetazo o lo van a resistir como lo hicieron frente a todos los intentos anteriores, en los que Abinader tuvo que recular.
A los diputados y senadores que tienen el poder constitucional de aprobarlo, no les pido nada porque ellos han probado sobradamente que son “corroboradores” y que les basta con que El barrilito no se toque, sino que se incremente.
El ciudadano debe observar muy atentamente el comportamiento de líderes políticos para que sepan quién defiende al pueblo y quién es cómplice por comisión o por omisión. (LD-felipe ciprián-OJO)





