Durante siglos, la Gran Pirámide de Guiza ha desconcertado a arqueólogos y científicos. Cómo se construyó, por qué se levantó y qué función cumplía siguen siendo preguntas abiertas. Ahora, una nueva teoría sostiene que una parte del mensaje pudo haber estado “a la vista” desde el principio: un código matemático incrustado en sus proporciones.
El investigador independiente Sefy Levy ha publicado un estudio en el que sostiene que las medidas clave de la pirámide —su altura, la base, la inclinación de las caras y su forma general— no son arbitrarias, sino que responden a un sistema numérico que los egipcios habrían querido preservar para generaciones futuras. Según Levy, el código no está grabado en las paredes, sino integrado en la geometría del monumento.
Levy afirma que, al dividir las medidas de la pirámide utilizando fracciones empleadas por los antiguos egipcios, surgen cifras que coinciden con ciclos astronómicos conocidos. Una de ellas es 27,5, muy próxima a los 27,55 días del ciclo lunar cuando la Luna alcanza su punto más cercano a la Tierra.
Otra cifra, 70, podría corresponder al tiempo entre el ortos heliaco y el ocaso heliaco de Sirio, la estrella más brillante del cielo nocturno. El investigador sostiene que otras proporciones coinciden con los ciclos de Venus y Júpiter, y que la pirámide reproduce valores cercanos a pi y al número áureo.
La hipótesis se enmarca en una teoría más amplia
En su artículo, titulado The Pyramid as Memory Hypothesis, Levy sostiene que la pirámide fue concebida como un depósito de conocimiento: «No se construyó para durar porque contenía algo valioso… se construyó porque era algo valioso». El investigador vincula su teoría con la cosmogonía heliopolitana, según la cual el mundo surgió de un océano primordial llamado Nun, del que emergió un montículo sagrado, el benben, origen del dios creador Atum. Levy sugiere que las pirámides podrían ser una recreación arquitectónica de ese montículo primordial.
El investigador también plantea que las pirámides podrían haber sido modeladas a partir de un lugar donde vivieron los antepasados de los egipcios: el Ojo del Sáhara, en Mauritania. Según esta hipótesis, comunidades antiguas habrían abandonado la zona tras la desaparición del agua y migrado hacia el Nilo, donde generaciones posteriores habrían construido las pirámides como memoria de su origen.
La especulación de Levy coincide con otras investigaciones recientes. Un estudio publicado en Nature propone que la pirámide de Keops pudo construirse mediante un sistema de rampas internas en espiral, ocultas a medida que se añadían nuevas capas. Este modelo explicaría cómo se levantó la estructura sin maquinaria moderna y por qué no se han encontrado rampas externas de gran tamaño. (La Razon -ignacio gesteira alcalde)






