No hay nada más realista como mortífero, que reconocer cuando un país colapsa en sus estructuras primarias naturales y que sucede, al observarse, que en la medida que pasa el tiempo, la mentalidad de su gente no evoluciona y que como en el caso dominicano, se estanca, frustra las mentalidades independientes y creativas e impulsa a la nación hacia un derrotero nada cierto y en base a un proceso semi industrial, que por los intereses imperantes, hace de la República, la mascarada nada fiable que hoy es.
Tomemos de muestra los 57 años transcurridos desde que un grupo de militares de rango intermedio a inferior decidió escuchar las pretensiones políticas en procura del derrocamiento del único gobierno de origen oligárquico, que surgido de las entrañas de las viejas familias mercantilistas y a la cabeza, la Vicini, trató en corto tiempo por apoderarse de los bienes y riquezas nacionales y lográndolo en parte con el despojo multimillonario de las riquezas de la dictadura a favor de esa oligarquía depredadora.
Por eso y si se hace a un lado la incesante publicidad y propaganda puestas a correr por los entonces dueños de los medios de producción y los pocos mediáticos, se podría perfectamente, entender el por qué el dominicano de aquel tiempo y después del trauma que le significó la caída de la dictadura trujillista como producto conspirativo, de una oligarquía, que entendía que el estado de ánimo popular estaba lo suficientemente maduro como para que la gente aceptara sus hegemonías y bajo el disfraz de un supuesto “rescate de la riqueza nacional en manos de los Trujillo”.
En realidad, el lapso de 31 años de la dictadura trujillista, significó más de positivo para la creación de los intereses permanentes de la República, que todo cuanto hasta ahora a ocurrido en materia de la seria depredación institucional y económica alentada por esa falta de conciencia de grupo de una fuerte mayoría de dominicanos, quienes segados por la intensa propaganda de la oligarquía y mediante sus medios de comunicación y de información de masas, no ha permitido que esta nación realmente haya podido dar los pasos necesarios y hacia adelante, que faciliten lo suficiente para que los dominicanos puedan ser realmente dueños y arbitrios de su propio destino.
La revolución de 1965 y aunque duela hay que decirlo, fue un fracaso total y tanto, que 57 años luego, se siente el peligro latente, de que las nuevas generaciones y por la notoria frustración que le acompaña y al descubrir que su país no les pertenece, pudieran emprender un camino parecido al que a los nacidos en la dictadura les sorprendiera y al ver y comprobar, que la caída de aquella, realmente no significó que en algún momento hubiese sido devuelta al pueblo, a su ciudadanía la riqueza disputada y sí, que la oligarquía y los grupos de comerciantes, sustituyeran la dictadura con otra mucho peor, de clientelismo político y manipulación social como no se había experimentado.
Siendo esta la razón funcional de que la llamada “revolución de abril de 1965” fue solo eso. Una aspiración romántica de grupos minoritarios no controladores del poder y de los instrumentos de fuerza económica y a quienes la clase rica dominó en base a satisfacer sus requerimientos personales que les hicieran disminuir el hambre y las carencias que todos tenían.
Naturalmente. Sí es cierto, que con el correr del tiempo y en base a los gobiernos de Joaquín Balaguer a partir del 1966 y los siguientes del PRD comenzando en el 1978 y la vuelta de Balaguer al poder en 1986 hasta ceder el paso a los del PLD en el 1996 y para continuar con un PRD de un periodo desde el 2000 y el retorno definitivo de las fuerzas neo balagueristas con el disfraz de “progresistas” y con un PLD de “mayor experiencia administrativa” en el 2004 y concluyendo esa etapa con el ascenso tardío del neoperredeísmo en el 2020 y hasta la fecha actual, con un PRM dominado por una clase media de mercaderes de origen árabe y turco, de los dominicanos que existían a mayo de 1961, unos 2.5 millones de personas, se pasó a los 10.5 millones de ciudadanos de hoy y lo que refleja, que en ese lapso, los 8 millones de nuevos dominicanos han sido la savia nueva que contra todo pronostico le han dado aparente concreción y positiva a la nación dominicana de ahora.
Lamentablemente, ese crecimiento no fue parejo con el cambio y fortalecimiento de la idiosincrasia nacional y lo peor, que debido al factor inmigración desatado por razones políticas desde el 1967, el medio millón de dominicanos que salieron en ese lapso al exilio económico y quienes ahora son un amplio grupo de no menos 3 millones de personas y la mayoría estadounidenses y europeos de origen dominicano, provocaron una revolución social tal en la cultura nacional, que de buenas a primeras e increíblemente, la nacionalidad dominicana y el sentimiento dominicanista está en veremos y al extremo, de que son más los dominicanos que quisieran que su país de origen desapareciera como nación soberana e independiente y diera paso a un estado de la Unión Americana, que consolidar a la República Dominicana, que el padre fundador y los demás fundadores aspiraban en el 1844.
Ahora somos una especie de sugerente estado plurinacional y como producto de tantos que quieren ser nacionales del país norteamericano o de cualquier otro europeo y avivado semejante interés, por toda esa prensa criolla que alienta lo extranjero sobre lo criollo y que es manejada por un fuerte sector de comerciantes y mercaderes de origen español, árabe u otomano, del que parecería, que la dominicanidad y cada día va perdiendo terreno.
De esta manera y si Dios no mete su mano, República Dominicana y por la ausencia de una verdadera clase gobernante, así como de una ciudadanía que se sienta orgullosa de ser dominicana, se corre el albur, de que en este siglo desaparezca como tal y que de ocurrir, será culpa de todos los que viven y de los nacidos desde el 2020 en adelante y en uno u en otro sentido y lo que sucedería, como respuesta inequívoca al fracaso revolucionario del 1965, por el que la semilla de la transculturación dio los primeros pasos.
Y que es la razón fundamental, por lo que ahora digamos, de que si se traza una retrospectiva crispante sobre una fracasada revolución de abril de 1965 que no facilitó las cosas para que los dominicanos tuviéramos una democracia plena. Al contrario, viviéndose dentro de un estado plurinacional de origen migratorio y en acción y mente, esta nación eventualmente perdería su futuro y con el mismo su propia razón de ser. (DAG)





