Juanma Moreno ganó las elecciones andaluzas y mantendrá el poder en la Junta, pero la noche no terminó con la consagración política que perseguía el PP. El presidente andaluz se quedó a solo dos escaños de la mayoría absoluta y perdió cinco diputados respecto al histórico resultado de 2022.
Mientras, Pedro Sánchez sufrió otro de los golpes electorales más duros de su etapa en La Moncloa: el PSOE andaluz cayó a su peor resultado histórico y María Jesús Montero no solo no logró reconstruir el socialismo andaluz, sino que empeoró incluso el suelo que dejó Juan Espadas hace cuatro años.
Con el escrutinio finalizado, el PP obtuvo 53 escaños y el 41,59% del voto, frente a los 58 diputados y el 43,1% que consiguió en 2022. El PSOE se hundió hasta los 28 escaños y el 22% de apoyo electoral, empeorando los 30 diputados y el 24,1% que había obtenido Juan Espadas. Vox subió de 14 a 15 parlamentarios y mejoró también en porcentaje de voto, acercándose al 15% frente al 13,4% de hace cuatro años. Adelante Andalucía protagonizó el gran crecimiento de la noche: pasó de 2 a 8 diputados y prácticamente duplicaba su respaldo electoral, acercándose al 9% de los votos frente al 4,6% logrado en 2022. Por Andalucía resistió con 5 escaños, los mismos que tenía, aunque retrocedió ligeramente en porcentaje de voto respecto al 7,7% anterior.
La gran paradoja de la noche estuvo en el cuartel general de los populares. El PP volvió a ser con claridad la fuerza hegemónica de Andalucía, ganó las elecciones con comodidad y mantuvo su dominio territorial en la comunidad más poblada de España. Pero perdió la mayoría absoluta que el partido daba casi por descontada durante buena parte de la campaña y que debía servir como gran escaparate nacional para Alberto Núñez Feijóo.
Moreno había diseñado toda la campaña sobre una idea muy concreta: demostrar que el PP podía gobernar solo, absorber el voto moderado y neutralizar a Vox sin necesidad de pactos. El escrutinio frustró parcialmente esa estrategia. El crecimiento de la participación, la recuperación de Vox y la fuerte subida de la izquierda alternativa acabaron castigando el reparto final de escaños y devolvieron a la derecha andaluza a una situación de dependencia parlamentaria.
Vox salió reforzado políticamente de la noche. El partido de Santiago Abascal no protagonizó un gran salto cuantitativo, pero sí consiguió algo decisivo: resistir el voto útil del PP y demostrar que sigue siendo imprescindible para las mayorías de la derecha española. Pasó de 14 a 15 escaños y mejoró su porcentaje electoral respecto a 2022. La campaña marcada por la seguridad, el narcotráfico, la presión migratoria y el malestar de Guardia Civil y Policía Nacional favoreció especialmente su crecimiento en provincias sensibles a esos debates como Almería o Cádiz. El lema de “prioridad nacional”, utilizado insistentemente por Vox durante la campaña, terminó funcionando como elemento movilizador de parte del electorado conservador más duro.
La verdadera devastación política golpeó al PSOE
María Jesús Montero había sido presentada por Ferraz como la gran apuesta para reconstruir el socialismo andaluz y convertir Andalucía en una plataforma de resistencia del sanchismo. El resultado fue exactamente el contrario. El PSOE perdió dos escaños respecto a 2022, cayó hasta los 28 diputados y firmó el peor resultado autonómico de toda su historia en la comunidad que durante décadas fue su gran bastión político y electoral.
La derrota tiene además una dimensión nacional especialmente dolorosa para Sánchez porque el presidente implicó personalmente al Gobierno en la campaña andaluza. Moncloa convirtió estas elecciones en un plebiscito político sobre el liderazgo del presidente y sobre la capacidad del PSOE para resistir el desgaste nacional del Ejecutivo. La respuesta de las urnas fue demoledora: el socialismo no solo no recuperó terreno, sino que siguió perdiendo apoyo incluso en antiguos feudos históricos. Y parte de ese desgaste acabó beneficiando precisamente a la izquierda alternativa.
Adelante Andalucía pasó de 2 a 8 diputados y se convirtió en uno de los fenómenos políticos de la noche. José Ignacio García logró capitalizar parte del voto desencantado con Sánchez y con el PSOE mediante un discurso andalucista, duro contra Moncloa y muy centrado en el malestar social y territorial. La izquierda situada fuera de la órbita sanchista creció con fuerza mientras el PSOE seguía retrocediendo.
La participación, además, aumentó de forma significativa respecto a 2022, desmontando uno de los argumentos defensivos habituales del socialismo. No hubo una simple abstención progresista: hubo transferencia real de voto y castigo político al PSOE.
En clave nacional, Andalucía deja varias consecuencias inmediatas
La primera afecta directamente a Feijóo. El PP mantiene intacto su principal bastión territorial y conserva Andalucía como gran escaparate de gestión y poder institucional, pero pierde la imagen de autosuficiencia que buscaba proyectar Moreno. La dependencia de Vox vuelve a instalarse en el centro de cualquier reflexión sobre futuras mayorías nacionales de la derecha.
La segunda golpea al PSOE. Andalucía confirma que el desgaste del Gobierno ya afecta incluso a territorios históricamente socialistas y reabre todas las tensiones internas sobre el futuro electoral del partido y sobre la estrategia de Pedro Sánchez basada en resistir gracias al bloque parlamentario y al blindaje catalán.
Y la tercera afecta al conjunto del sistema político español: el mapa continúa fragmentándose. El PP gana, pero retrocede; Vox resiste y se fortalece; el PSOE sigue perdiendo suelo histórico; y las izquierdas periféricas o alternativas avanzan precisamente allí donde el sanchismo se debilita.
La noche que Juanma Moreno soñaba como la confirmación definitiva de su mayoría absoluta terminó dejando otra imagen política mucho más compleja: el PP seguirá gobernando Andalucía, pero vuelve a necesitar mirar hacia Vox. Y Pedro Sánchez abandona el 17-M con la peor fotografía posible para el PSOE: haber enterrado definitivamente al socialismo andaluz en su peor resultado histórico. (La Razón-carmen morodo)





