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Aunque no se entienda, absolutamente nadie es imprescindible y sí solo el que manda y dirige y que sólo delega funciones, no el poder

Muy dominicano y propio de la baja burguesía, es entender que después que alguien efectúa un trabajo que pudiera entenderse más o menos meritorio, este nunca podría ser desplazado o enviado a retiro y por el interés natural de dinamizar la sociedad, darles efectividad a los nuevos mandos y preparar el camino para que las nuevas generaciones ocupen los lugares de quienes por imperativos de la naturaleza o biológicos deben sencillamente ceder el paso y hacerse a un lado.

En este sentido, los dos o tres analistas y publicistas personales de quienes durante los últimos 30 años han ocupado un papel o rol importante dentro del sitial de la sociedad, se niegan a considerar que el presidente Luis Abinader tenga derecho a relevar a la minoría, que precisamente por haberse hecho permanente en los mandos nacionales, intermedios o de dirección amplia, ya les ha llegado el momento de hacer mutis y aceptar y de la manera más natural, que el retiro les tocó a sus puertas.

Al estarse dando la situación y de parte de un Abinader, que no está casado ni con el pasado y tampoco con el presente y sí con el futuro que su cerebro y políticas esbozan como las más correctas para sus dos años finales de mandato y de cara a una renovación probable de reelección constitucional aceptable, necesariamente que hay que creer que el paso tan trascendente de cambios en las personalidades de gobierno y de ministros de Estado hacia abajo, es un imperativo que tiene y debe ser aceptado y nunca cuestionado por quienes entiendan que el joven presidente sabe lo que está haciendo y hacia que destino promisorio quiere dirigir la nave del Estado.

De esta manera y entendiendo el gran reto estratégico que se plantea el gobernante y que no es otro que el dinamizar su gobierno dentro de las políticas propias y salvables de una reelección constitucional que no espera por nadie, que aplaudamos el gesto e impulsemos la nueva política y la que de seguro va a favor de las nuevas generaciones y en particular, hacia el amplio grupo de calificados y jóvenes-maduros tecnócratas, quienes por su propia preparación, naturaleza y cercanías con el jefe de Estado y de Gobierno, reúnen las condiciones mínimas necesarias para que el gobernante le dé un vuelco favorable a toda su administración.

Lamentablemente, el desconcierto que cunde en sectores políticos del oficialismo y en particular dentro del partido oficial con las ultimas remociones ocurridas dentro de la cúpula del partido oficial y de individuos quienes por más de 30 años se han considerado como inamovibles, de suyo, es la muestra abrumadora de que un sector del oficialismo y en gran parte, se niega a adaptarse a los nuevos requerimientos, planes y políticas de conducción y reconducción que es evidente que anima Abinader y las que parecería que “los viejos robles” partidarios, por lo visto, nunca entendieron que debería iniciarse y comenzando por ellos, quienes con tantos años de “servicio público”, no solo están cargados de recursos monetarios y activos de valer, sino que entendiéndose  como los supuestos consejeros más doctos y confiables, en sus imaginaciones enfermizas, se han llegado a considerar como si ellos debieran y pudieran trazarle políticas al gobernante.

Desde luego, todo cambio implica un cierto riesgo y el natural, que nace de individuos nuevos, que precisamente por serlo, tendrán un mejor desempeño en la aplicación de las políticas que se les tracen que aquellos otros y ya vejestorios, que se niegan a aceptar que sus tiempos ya pasaron y esto así, porque adentrándose en la toma de decisiones y en las que siempre habrá un pequeño margen de error y exactamente como les ocurrió a los ahora a despedir, lograrán en el tiempo obtener las experiencias debidas y saludables para implementar a mejor las políticas que se les ordenen desde el ánimo presidencial.

Por eso y si se toma en cuenta este aspecto trascendente de cuando un presidente quiere rodearse de nuevos ejecutivos y de los dos sexos, que pudieran motorizar a mejor sus planes de trabajo y de desarrollo y crecimiento, tanto humano como económico, que el camino correcto sea el que Abinader ya está iniciando, no el de sacar a las supuestas “escobas” viejas para colocar otras nuevas y que es una insolente figura, que un oportunista analista y publicista al servicio de los que son despedidos, pero con pensiones del Estado; acaba de crear como figura de cierto estilo dogmático y el que siempre le ha huido a quemarse y asumir obligaciones y responsabilidades por sí mismo que eventualmente pudieran poner en peligro su cartera y por lo que ahora devuelve el favor a quienes siempre le han beneficiado y por su curiosa creencia de entender, que Abinader, “sin lo que yo diga no toma decisión” y que es una frase que retrata fielmente lo que es tener un super ego muy difícil de controlar.

Consecuentemente, en POR EL OJO DE LA CERRADURA y sus largos cincuenta años de un ejercicio de opinión realmente libre a los sectores, público y privado de este país y sin nunca creernos que tenemos el monopolio de la verdad, pero sí el de la opinión oportuna y docta y nada prejuiciada y que es la razón de que los que influyen no dejan de leernos y tenernos en cuenta, que instemos a Abinader a seguir hacia adelante  en la búsqueda de nuevos valores que le hagan más fácil y correcta la conducción del destino de la República y a reafirmarse en la fe así mismo que Dios le dio y porque en definitiva, si deja lo viejo y ya obsoleto que nada nuevo tiene que ofrecer, expone su futuro de cara al 2024 en adelante y de una manera nada correcta y justa.

De ahí que entendamos y aunque no se entienda, que absolutamente nadie es imprescindible y sí solo el que manda y dirige y que solo delega funciones, no el poder y mucho más, cuando Abinader dirige un país de jóvenes con deseos de hacerse sentir y ser dueños de su futuro y comenzando por su tesoro más amplio, su prole y sus sobrinos y primos y como proyección legítima de lo que espera la juventud que le sigue y tiene fe en su conducción y liderazgo. Y entiéndase, el poder no es el camino de los que ayudan a obtenerlo y sí del que con mano diestra lo conduce y sabe qué es lo que quiere y su por qué. (DAG)

 

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