Andy Burnham empieza a diseñar el Reino Unido de su era. Con el camino prácticamente despejado hacia Downing Street, el que fuera alcalde de Gran Mánchester ha expuesto una hoja de ruta que pasa por tener mayor autonomía estratégica, más capacidad militar, una industria nacional reforzada y vínculos más estrechos con Europa, frente a un Estados Unidos cada vez menos fiable.
Coincidiendo con la apertura del plazo formal de nominaciones para suceder a Keir Starmer al frente del Partido Laborista, Burnham reveló ayer por primera vez con cierto detalle en un artículo en The Times sus planes de política exterior y defensa, hasta ahora uno de los grandes espacios en blanco de su proyecto.
No se espera que ningún otro diputado se presente a las primarias abiertas tras la renuncia que Starmer, quien se vio obligado a anunciar de salida por la presión de sus propias bases, apenas dos años después de conseguir mayoría absoluta ante el auge de un populismo que se alimenta del estancamiento económico y la muerte del histórico bipartidismo.
Sin rival hacia Downing Street
Por lo tanto, se da por hecho que Burnham -en su día ministro con los Gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown- se mude al Número 10 el próximo 20 de julio, convirtiéndose así en el séptimo primer ministro británico en diez años, lo que evidencia la grave crisis política que se vive en el país, donde ningún dirigente es capaz últimamente de terminar su mandato.
Su visión parte de una premisa: las amenazas internacionales ya no ocurren lejos de casa. El cierre del estrecho de Ormuz encarece llenar el depósito del coche familiar; la guerra de Ucrania dispara las facturas de alimentos y energía; y un ciberataque como el sufrido por Jaguar Land Rover puede borrar casi 2.000 millones de libras de la economía. Frente a ese mundo más inestable, Burnham propone reconstruir el «poder duro» británico y convertir el rearme en una palanca de reindustrialización, empleo y recuperación económica para las comunidades que llevan décadas perdiendo oportunidades.
«Es correcto que reconstruyamos nuestro poder duro para una nueva era, muy distinta de aquella en la que se diseñó buena parte de nuestro actual equipamiento militar», escribió en The Times. Su propuesta pasa por una «reindustrialización a través de la defensa»: utilizar el aumento sostenido del gasto militar para favorecer a compañías nacionales, crear puestos de aprendiz y devolver oportunidades a las regiones golpeadas por décadas de desindustrialización.
Priorizar la industria nacional
La idea supone, en la práctica, priorizar a proveedores británicos frente a empresas estadounidenses o europeas siempre que sea posible. Burnham quiere que los miles de millones destinados al rearme no se limiten a comprar armas, sino que sirvan para reconstruir la capacidad productiva dentro del país. Es una filosofía que conecta directamente con el proyecto político que desarrolló durante sus años al frente del Gran Mánchester: utilizar el poder del Estado para corregir los desequilibrios territoriales y devolver inversión a las comunidades que se sienten abandonadas por Westminster.
Burnham ha confirmado que quiere mantener como asesor de Seguridad Nacional a Jonathan Powell, antiguo jefe de gabinete de Tony Blair y una de las figuras centrales del actual aparato de política exterior. Su equipo también se ha puesto en contacto con John Bew, antiguo asesor de Downing Street.
Por otra parte, ha defendido un «aumento sostenido» de la inversión militar y se ha mostrado dispuesto a ser «más abierto con el público» sobre los sobrecostes y retrasos de los grandes programas de adquisición. Su entorno ha apuntado además a un gasto del 3,5% del PIB, un objetivo que Starmer nunca llegó a alcanzar. El futuro primer ministro heredará, en cualquier caso, una factura complicada: en una de sus últimas decisiones, Starmer anunció 15.000 millones de libras adicionales para defensa durante los próximos cuatro años mediante recortes en otras áreas del Gobierno, pero dejó a su sucesor la tarea de concretar dónde caerá el hachazo.
Estrechar lazos con Europa
Asimismo, Burnham apuesta por una relación «aún más estrecha» con los socios europeos, por trabajar con mayor intensidad en formatos como el E3 junto a Francia y Alemania y por reforzar el pilar europeo de la OTAN. También quiere aprovechar las actuales negociaciones entre Londres y Bruselas post Brexit para eliminar barreras a la cooperación en defensa.
Frente a ese detallado acercamiento a Europa, su referencia a la relación con Estados Unidos fue significativamente más breve. Todo apunta a que Burnham adoptará una actitud más fría hacia la tradicional «relación especial» con Washington y será más explícito a la hora de defender el interés británico, buscando además relaciones comerciales alternativas. No se trata de romper con Estados Unidos, pero sí de reducir dependencias en un mundo en el que la Casa Blanca ya no ofrece las mismas certezas. (La Razon-celia maza)





