InicioInternacionalesCarlos III reivindica la relación transatlántica ante el Congreso de EE UU

Carlos III reivindica la relación transatlántica ante el Congreso de EE UU

Visita del rey Carlos III de Inglaterra a Washington catapultó un sinnúmeros de mensajes medidos que dan línea del estado de las relaciones del país europeo con su aliado más importante. El monarca británico pronunció en el Capitolio un histórico discurso ante una sesión conjunta del Congreso de Estados Unidos, en el que pidió preservar la alianza atlántica, respaldó a Ucrania, defendió el equilibrio de poderes y lanzó advertencias veladas sobre el aislacionismo.

Se trata de la primera visita de Estado de Carlos III a Estados Unidos desde su ascenso al trono y de la segunda ocasión en que un monarca británico se dirige al Congreso, después de Isabel II en 1991. El simbolismo no era menor: la visita coincide con el 250 aniversario de la independencia estadounidense, pero también con un momento de fricción política entre el presidente Donald Trump y el Gobierno laborista británico encabezado por Keir Starmer.

Carlos III fue recibido con una larga ovación en la Cámara de Representantes. Desde el estrado, acompañado por la reina Camila, reivindicó la relación especial entre ambos países y recordó que, tras “las amargas divisiones de hace 250 años”, Londres y Washington construyeron una de las alianzas “más trascendentales de la historia moderna”.

Sin mencionar directamente las recientes polémicas de Trump con aliados europeos, el rey pidió no escuchar “los llamados a encerrarse cada vez más hacia adentro”. Fue una frase interpretada en Washington como una crítica elegante al giro nacionalista de la Casa Blanca.

El monarca también subrayó que espera “con todo su corazón” que la alianza entre Reino Unido y Estados Unidos continúe defendiendo valores compartidos “junto a nuestros socios en Europa y la Commonwealth”. La frase provocó aplausos entre demócratas y parte del bloque republicano moderado.

Ucrania, democracia y límites al poder

Uno de los momentos más comentados llegó cuando Carlos III defendió la necesidad de apoyar a Ucrania frente a la invasión rusa y elogió al pueblo ucraniano por su valentía. El mensaje contrastó con la línea más fría de la Administración Trump hacia Kiev.

Hubo otro instante especialmente sensible: al recordar la influencia de la Carta Magna y del derecho común inglés en la Constitución estadounidense, el rey citó el principio de que “el poder ejecutivo está sujeto a controles y equilibrios”. La mención a los “checks and balances” provocó una fuerte ovación en el hemiciclo.

En plena polarización institucional en Washington, la escena fue interpretada como una defensa de los contrapesos democráticos en un país donde Trump mantiene abiertos choques con jueces, fiscales y organismos federales.

Medio ambiente frente al “drill, baby, drill”

Fiel a una causa que ha marcado décadas de su vida pública, Carlos III también aprovechó el escaparate para hablar del clima. Alertó del “colapso de sistemas naturales críticos” y sostuvo que proteger el planeta no es solo una cuestión moral, sino de seguridad nacional.

El contraste con Trump era inevitable. El presidente ha recuperado su lema energético de “drill, baby, drill” y ha cuestionado repetidamente las políticas verdes, mientras el soberano británico es uno de los defensores más conocidos de la transición ecológica.

Antes de acudir al Capitolio, Carlos III fue recibido por Trump y la primera dama Melania Trump en la Casa Blanca con honores militares y una ceremonia en el jardín sur. Posteriormente mantuvo una reunión privada con el mandatario en el Despacho Oval.

La Casa Blanca quiso proyectar normalidad y cercanía personal entre ambos líderes, pese a las diferencias políticas acumuladas en los últimos meses por la guerra con Irán, el comercio bilateral y las críticas públicas de Trump a Starmer.

La jornada culminará con una cena de Estado en honor de los reyes británicos, concebida como una imagen de unidad estratégica en medio de las turbulencias geopolíticas.

La visita de Carlos III confirma el valor de la monarquía británica como herramienta de poder blando. Londres busca contener el deterioro de su relación con Washington sin entrar en confrontación directa con Trump. Y el rey, limitado constitucionalmente en lo político, eligió el lenguaje de los símbolos. (RT)

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