36 años van desde aquella fecha, que por razones de la labor de zapa de EEUU y Reino Unido, Occidente logró que la URSS se disolviera y de ellas, un grupo de nuevas naciones surgieran del gigante geopolítico ya herido en su propio ser.
Sin embargo, en el 1999 ocurrió un resurgir de la estructura política rusa, con el ascenso del entonces presidente interino Vladimir Putin y quien por su gran logro de haber logrado derrotar a Chechenia, ganó las elecciones del 2000 montado encima de una gran ola de popularidad, que todavía hoy arrastra no menos del 70 por ciento de favorabilidad de la población rusa y sus quince entidades regionales asociadas.
Por Gorbachov, la URSS colapsó, pero por Putin, la ahora Federación de Rusia resurgió como la gran potencia militar y nuclear, que por derecho propio se encuentra dentro de las tres potencias globales que tienen el control directo del mundo multipolar, mientras EEUU y experimentando un colapso en ciernes parecido al soviético, se debate a capa y espada en un mundo unipolar que cada día se le escapa de las manos.
Desde el 1991 y para ser exactos, en Washington entendieron que por el colapso ruso, la guerra fría concluía en lo directo y por lo tanto y para unir amigos o tener enemigos, era menester creer otro enemigo global y por eso nació “la guerra contra el narcotráfico”.
En realidad, la susodicha nueva guerra, en la práctica era un mecanismo de confrontación y dominio, que EEUU y como nación que tiene el mayor pueblo consumidor de drogas de todo el planeta, requería para darle cierto reordenamiento “legal” a sus ingresos por ese vicio de más de 300 mil millones de dólares por año, totalizando en estos últimos 35 años, cerca de 11 mil millones de dólares, que son la columna vertebral de su sistema financiero.
Para reforzar ese dominio y entre Wall Street, el Pentágono y el Departamento de Estado y bajo la dirección de la Casa Blanca, se articuló un esquema de dominio nuevo y muy parecido a una gran multinacional del narcotráfico, pero con ramificaciones nacionales a modo de gran cartel global de drogas ilícitas y contando con el mejor esquema también global de distracción, de la lucha de EEUU para robarse y saquear las fuentes de hidrocarburos del mundo.
Es decir, EEUU es ahora la primera estructura nacional de narcotráfico en materia de consumo de drogas y ganancias financieras. Una, con la cobertura de la DEA y la otra, con el sistema bancario estadounidense. De esta manera, lo que “legalmente” no podía ser bien visto como narcotráfico abierto y público, encubriéndose con el sistema financiero y bancario estadounidense y también ahora con su nueva estructura originada en el esquema de Fondos Soberanos de Pensiones de Noruega, pero que aplicados a EEUU ha sido convertida en otra fuerte estructura capitalista de fondos soberanos controladores de las mayores corporaciones del planeta o de gestión de activos, como BlackRock y su sistema Aladdin, “asesorando a instituciones oficiales y gestionando activos tradicionales y alternativos” por el orden de los 10 billones de dólares.
Toda esta gigantesca estructura de control planetario capitalista le genera a EEUU la fortaleza financiera que requiere para mantener en pie de activo a sus cuatro ejércitos esparcidos por el planeta, más “el privado” de 50 mil efectivos de las fuerzas especiales, que responden única y exclusivamente al presidente estadounidense de turno.
¿Qué ocurrió?, que el ramal de carteles latinoamericanos de Mexico, Colombia, Venezuela y Ecuador, básicamente se habían hecho tan poderosos y evolucionando realmente a esquemas integrados como corporaciones multinacionales dentro de la economía mundial, que de tan exitosos, dieron al traste con el monopolio financiero y de drogas que ha permitido que EEUU y utilizando el lema de su presidente de “hacer America más grande”, de hecho, ponía en peligro la hegemonía estadounidense y que es la razón del porqué Venezuela fue invadida, su presidente secuestrado, su gobierno convertido en uno títere y habiendo entregado sumisamente su riqueza petrolera, que ahora la Casa Blanca maneja y controla directamente vía el Departamento de Estado.
Justo por ello es, que con Trump se ha recrudecido la llamada “guerra contra el narcotráfico”, que a su vez, esconde o trata de esconder el insaciable apetito de Washington por robar y saquear las fuentes de hidrocarburos y como ya se ha visto, lo recalcamos, en Venezuela o en la mayoría de los países del Medio Oriente y hasta otros “cercanos” en Europa, cómo Ucrania, que EEUU ha convertido en su laboratorio de armas biológicas y base de trata y tráfico de órganos humanos via el rapto de menores.
Esta nueva situación, ha provocado la creación de un brazo militar de guerra abierta con el pretexto de perseguir y destruir las “narcolanchas”, cuyo accionar básico, es impedir que las naciones latinoamericanas y caribeñas escapen al control estadounidense y por ese subterfugio, EEUU pueda disponer de un nuevo ejército invasor y socavador de las soberanías de todos los países al sur del Rio Grande desde el Comando Sur y el que ya ocupa Haití y República Dominicana.
Y que es la razón de que a esta mañana, Trump inaugure en Florida, su Cumbre “Escudo de las Americas”, cuyo supuesto objetivo es “promover la libertad, la seguridad y la prosperidad en la región” y conformando una coalición de “para trabajar juntos y abordar la migración ilegal y masiva en Estados Unidos y el hemisferio occidental, así como la amenaza de bandas criminales, narcotraficantes y terroristas”.
En la práctica, lo que se pretende, es darle autoridad legal a EEUU para intervenir directamente en cualquier país “hermano” y sin ninguna necesidad de pedir permiso para entrar en sus territorios y con el avieso propósito de crear un supuesto “bloque de cooperación para abordar temas de alto interés común, tanto en el ámbito regional como internacional”.
¿Antecedente de este nuevo mecanismo de dominio imperial?, el recién firmado documento en el Pentágono con los presidentes de estado mayor conjunto de 20 países latinoamericanos y caribeños, “para combatir a los grupos «narcoterroristas» y con el curioso lema de: «promover la paz a través de la fuerza».
Como si no bastara y para colmos y en el caso dominicano, sorpresivamente, ayer y desde el entregado y servil Congreso Nacional, los ahora enemigos de la República, disfrazados de senadores y diputados, aprobaron un préstamo “por más de 1,300 millones de dólares, unos 77 mil 900 millones de pesos, “destinados como apoyo logístico a la guerra de EEUU e Israel contra Irán”, lo que automáticamente convierte a esta nación, en territorio enemigo susceptible de ser bombardeado por la nación persa, al mismo tiempo, que el gobierno vasallo del presidente Luis Abinader, presenta en la Cumbre su mejor testimonio de sumisión absoluta a los planes guerreristas de Trump y sin que para nada se hubiese consultado previamente a la nación y menos, que los medios de comunicación tradicionales y sus apéndices en las redes sociales se hubiesen pronunciado críticamente.
Compruébese pues, que con la disolución de la Unión Soviética el 15 de marzo de 1990 EEUU se inventó el nuevo enemigo: La persecución a gran escala al narcotráfico y transformado ahora en peligrosa intervención política y militar directa, en países que tacha como tales y hoy con un nuevo escenario: «Escudo de las Américas». Con Dios. (DAG) 07.03.2026





