El solo hecho de que el decisivo ministro de Hacienda, Jochi Vicente hubiese renunciado y su lugar ocupado por otro ministro también extremadamente competente y preparado, Magín J. Díaz (abuelo cubano: Magín Domingo Cuello) y abuela dominicana (Doña Luz) y padres dominicanos, es una muestra de que la credibilidad del gobierno no está en sus puntos más altos y mucho menos, si se tienen en cuenta las irreverentes reacciones desde los depredadores de la palabra en los lupanares mediáticos en la redes sociales, donde la burla o el sarcasmo han sido la nota prevaleciente.
Es decir, si quienes se entienden que dirigen la parte más crítica de una atrapada opinión pública que está dominada por la vocinglería y la ignorancia de todo, entonces habría que entender, que definitivamente, la generalidad de las fuerzas vivas le tiene una nota negativa, a todo un gobierno, que, con cinco años en el ejercicio del poder, debió de haber demostrado eficacia, carácter e inteligencia en el manejo de los recursos nacionales.
Entonces, es imposible que se pueda ignorar el por qué al presidente Luis Abinader tiene una fuerte mayoría nacional, oficialista y no, una que critica duramente sus ejecutorias o peor, que le entiende el único autor y responsable del desastre de administración que encabeza.
Lo primero debió de ser, que el mismo Abinader y aunque hiciera de tripa corazón, debió de haberse acercado a las voces contestatarias más críticas o al menos a quienes las dirigen, como formula inmediata para ver como la marea de negatividad pública que acompaña a sus ejecutorias, la percepción general pudiera irse a su favor y no lo que está ocurriendo, que mientras más miles de millones de pesos de gasto en propaganda, el público no reacciona a favor y sí quedando en evidencia, que los gestores de la propaganda, ayer empleados creativos de salarios acomodados y ahora la mayoría, millonarios hijos del tráfico de influencias, ya no están en lo que deberían de ocuparse.
Si esa realidad se tiene en cuenta y en este sentido, recordamos la diferencia que Balaguer tenía en su primer gobierno 1966-1970, en donde el mismo presidente se abocó a tratar de ganar la mayor cantidad de voces adversas, razonando y no imponiendo y siempre buscando fórmulas conciliatorias y las que se lograron, porque el presidente tenía de expertos, periodistas en comunicación y opinión pública, como quien escribe, quienes no le perdían ni pie ni pisá a ninguno de esos críticos y se les buscaba en los lugares donde menos se lo esperaban y como fuera el caso de la noche, que estando en una recepción de Estado en la cancillería y Balaguer en ella, nos enteramos de la muerte de la mamá de una de esas voces críticas y ocurrida esa misma noche, por lo que después de enterar al mandatario, salimos raudo a la casa del acongojado comunicador en el sector de Villa Consuelo, quien se quedó de una pieza al vernos llegar, justo en medio de un velorio tan íntimo y más aturdido, cuando le dijimos que estábamos allí a nombre de Balaguer y que este le testimoniaba su más sentido pésame.
La reunión fue breve de diez minutos, pero el periodista no podía sustraerse de entender que el mismo presidente estaba enterado de su situación y que se preocupaba de como trataría de lidiarla y que en una persona, impresionable en ese tipo de detalles, por obligación tenía que provocar el efecto que queríamos, que se abocara al diálogo y buscáramos punto de avenencia….y lo que se logró al otro día al comprometerse que le lleváramos a Palacio al despacho del ministro Bello Andino, secretario privado del presidente…y aunque a la larga, el tipo se distanció, huyendo a que nosotros conocíamos el porqué de su cambio de «conducta».
¿De qué hablaron?, realmente lo ignoramos, pero por supuesto, lo supusimos y más luego, cuando se comprobó que el periodista, no que había cambiado de criterio sino, que digamos, se mostró lo suficientemente objetivo para ser menos duro al escribir.
Ese es el tipo de comportamiento profesional que Bengochea, Figueroa y Archibald debieron de tener y ganarse las voces críticas y no la actitud despreciativa que al trío se le conoce y no hablemos del ayudante presidencial cuyo padre es periodista, que es el colmo de la descortesía y arrogancia.
Desde luego, los tiempos son otros y el gobierno tiene una caterva de periodistas y comunicadores pequeños burgueses, que solo están ocupados en llenar sus zaquetas y no en aligerarle carga de peso muerto a su presidente. Y es que ese tipo de quehacer obligaba a estar alertas las 24 horas de aquel día y como ocurrió cuando mediamos en el acercamiento con un periodista de apellido Gil o cuando hicimos lo imposible para evitar el asesinato del jefe de redacción del vespertino de Ultima Hora, Goyito y lo que al final fue en vano y porque tres periodistas que tomaban un aperitivo en una barra de café en la calle El Conde, movieron cielo y tierra para que el malogrado periodista perdiera la vida y de lo que poco después nos enteramos.
Eran tiempos de la Guerra Fría y ellos se decían de “izquierdas o castristas”, en tanto nosotros siempre hemos sido y como balagueristas, lo absolutamente opuesto a sus ideas “revolucionarias”. Para mayor escarnio y como ha ocurrido con todos los que antes se decían «izquierdistas o revolucionarios», desde el 2000 para acá y al sentir de cerca el olor del dinero, se han reconvertido en «socialistas» ($) o «progresistas»
Traemos la anécdota a colación, porque justamente, creemos y ahora que estamos viendo a un paquete de directores de periódicos y periodistas al servicio de los medios tradicionales, haciendo lo imposible para convencer al gobierno de que promulgue una ley mordaza y que ante tal situación, cavilemos si por manos de los trapos también se abocaran a tratar de que incontrolables asesinen voces contestatarias en las redes sociales y que de suceder, estamos muy seguros que el gobierno de Abinader-PRM-Competitividad no saldría indemne del escándalo político que surgiría.
Pensando en la ominosa probabilidad, traemos el tema y para que de los periodistas y propagandistas que Abinader tiene, por lo menos, el más diligente se gane el titulo y como lo logramos nosotros de “el periodista del presidente”.
Claro y esta es la diferencia, antes no había afán de lucro y sí servicio desinteresado y hasta si se quiere, romántico y de servirle al país y para evitar que el gobierno y en materia de opinión pública, tuviera los menos problemas posibles.
Y cómo creemos que sus periodistas y su aparato de propaganda todavía pudieran hacer algo constructivo a favor de su presidente y gobierno, es que hacemos este recuento y porque también, estamos convencidos, que si el presidente Abinader se abocara a cambios de administración mediante los cuales saliera de los funcionarios más controversiales, seguro que habría menos crispación y menos falta de entendimiento y sin importar que tenga que suplantarlos con burócratas preparados de la Oposición o del alto comercio y empresariado.
Consecuentemente, solo decimos, que cuando el gobierno ha perdido credibilidad y lo grave, por las inconductas de la mayoría de sus funcionarios, es hora de hacer cambios burocráticos de raíz y al presidente, ajustarse a estos y en base al cumplimiento personal e institucional de lo que dispone la Constitución. Con Dios. (DAG) 16.07.2025
última actualización: 09:28 am.





