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Cuando el poder desplaza los símbolos de la Nación: defender el Escudo es defender la dominicanidad

Hay decisiones que parecen pequeñas hasta que comprendemos la dimensión de lo que representan. La sustitución progresiva de la presencia del Escudo Nacional en la comunicación pública por la imagen de la cúpula del Palacio Nacional no puede reducirse a una simple cuestión de diseño gráfico o de identidad visual. Estamos ante un asunto mucho más profundo, que toca nuestra institucionalidad, nuestros símbolos patrios y nuestra propia identidad como nación. Por eso debemos preguntarnos:

¿Qué debe representar visualmente al Estado dominicano?

La respuesta está en nuestra Constitución. La Bandera, el Escudo y el Himno Nacional son símbolos patrios. No pertenecen a ningún presidente, partido o gobierno. Representan nuestra sangre, nuestra historia, nuestra soberanía y nuestra identidad como nación.

El Palacio Nacional, en cambio, representa la sede del Poder Ejecutivo y puede utilizarse como elemento gráfico de una administración, pero jamás debería ocupar institucionalmente el espacio reservado al símbolo permanente de la República.

Conviene que el Palacio Nacional lo comprenda: los gobiernos pasan, la Nación permanece.

Esta discusión adquiere especial trascendencia en un momento en que nuestra sociedad atraviesa transformaciones demográficas importantes.

Precisamente en la pasada semana, el senador del Distrito Nacional, Omar Fernández, denunció la alta presencia de estudiantes extranjeros en las escuelas dominicanas, planteando la necesidad de analizar el impacto de esta realidad sobre el sistema educativo nacional. Según el Anuario de Estadísticas Educativas del Ministerio de Educación (MINERD) correspondiente al año escolar 2024-2025, de 2,612,882 estudiantes matriculados en el sistema educativo, 233,652 eran de nacionalidad extranjera —un 8.9 % de la matrícula total—, de los cuales 205,369 eran de nacionalidad haitiana, es decir, cerca del 88% de la matrícula extranjera.

Debemos ser absolutamente claros: esos niños no representan una amenaza para la República Dominicana. No podemos responsabilizar a un estudiante por las políticas migratorias, educativas o institucionales adoptadas por el Estado, y mucho menos convertir su nacionalidad en motivo de discriminación. La responsabilidad corresponde al Estado dominicano, no a la niñez escolarizada.

Mientras más diversa sea nuestra sociedad, mayor debe ser nuestro compromiso con preservar y transmitir la dominicanidad. La respuesta no puede ser excluir; la respuesta debe ser educar.

Todo niño que estudie en una escuela dominicana —sea dominicano o extranjero— debe aprender quiénes fueron Duarte, Sánchez y Mella; comprender el significado histórico del 27 de febrero de 1844 y de la Guerra de la Restauración, iniciada en 1863; conocer nuestra Constitución; respetar nuestra Bandera y nuestro Himno Nacional; y entender el profundo significado histórico, patriótico e institucional de nuestro Escudo Nacional.

Pero resulta contradictorio exigirles a las nuevas generaciones que valoren nuestros símbolos mientras el propio Estado reduce su presencia en la comunicación institucional y privilegia, en su lugar, una marca de gobierno.

Por esa razón sometí un proyecto de ley que modifica la Ley 210-19 —promulgada en julio de 2019 y que regula el uso de la Bandera, el Escudo y el Himno Nacional— para establecer, de manera expresa, la obligatoriedad de que todas las instituciones públicas utilicen el Escudo Nacional en sus comunicaciones oficiales.

No importa quién gobierne: la comunicación oficial del Estado debe identificar primero a la República Dominicana, no a la administración circunstancial que ocupa el poder en un momento dado.

Esta iniciativa debe ir acompañada de un gran esfuerzo nacional orientado a fortalecer la enseñanza de la Historia Dominicana, la Constitución, la educación cívica, la Independencia Nacional, la Restauración, la defensa de nuestra soberanía y el pensamiento de nuestros padres fundadores.

Defender nuestra identidad no significa rechazar al extranjero. Significa garantizar que la República Dominicana siga siendo consciente de quién es, de dónde viene y cuáles son los valores históricos que sostienen su existencia como nación soberana. Podemos recibir, integrar y educar sin renunciar jamás a nuestra identidad.

Porque existe una diferencia que ningún gobierno debería olvidar: la cúpula representa el lugar desde donde temporalmente se ejerce el poder; el Escudo representa la República, su historia, su soberanía y a todos los dominicanos.

Por eso, ningún gobierno está por encima de la Nación. Por: Selinée Méndez (LD)

 

 

 

 

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