Una guerra de características tan peculiares por la generada desde la óptica estadounidense frente a Irán y cuyo desarrollo y gracias a la visión de conjunto geoestratégico que el presidente Donald Trump da muestras concretas de saber desarrollar, es una, que cuando llegue el momento de detener, sucederá como reacción a una motivación política de percepción ciudadana respecto de hasta donde llegar.
Por lo pronto, ya EEUU ha comenzado a perder imagen de poder absoluto con la pérdida de aviones de combate de última generación, así como también helicópteros y lo otro tan delicado de agotamiento de las reservas de armamento y municiones bélicas y como es esa de la disminución galopante de proyectiles de artillería, misiles de defensa aérea y municiones de precisión y las que en mayor parte han sido empleadas al proveerlas a Ucrania.
Y lo que ha generado, que ahora con la guerra abierta frente a Irán. En la Casa Blanca se han dado cuenta, de que elementos claves para la creación de municiones y misiles que tienen un componente que solo China domina, su falta, pone en peligro la propia fortaleza armamentista estadounidense y lo que sin duda ha sido una falla de ciertos componentes de mandos a nivel de generalato y provocando el cese abrupto de una veintena de generales y encabezando el pasado jefe de estado mayor del ejército.
En este punto, no es que a lo inmediato las fuerzas armadas estadounidenses y sus fuerzas especiales, se encuentren en una situación de no retorno, sino que lo políticamente que se ve, es que el presidente Trump, enterado a tiempo de la ocurrencia, ha cortado por lo sano, dándole un cambio radical al alto mando y comprobando lo real, de que los generales y altos cargos destituidos pecaron por negligentes y que para un presidente con calidad imperial, es absolutamente inaceptable.
De ahí, que Trump haya motorizado un accionar de cautela estratégica, presentando a las fuerzas iranies una opción momentánea de probable alto al fuego al mismo tiempo y en esta oportunidad, no con burla y sí entendiendo que el adversario es digno de llegar a un punto de inflexión en que ambas partes y a nivel político, encuentren una solución, sino final para el cese de las hostilidades y sí un principio de debate crítico para que el sentido común agote espacio.
De hecho, el mismo Trump, Quien de estúpido no tiene nada y sí que es un adversario temible y ante el cual nadie puede descuidarse y mucho menos subestimarlo, se ha dado cuenta de que ya conocida la potencialidad bélica y capacidad de lucha de Irán, no tiene sentido continuar con un apresto bélico, que realmente y por lo que hasta ahora se ha visto, solo beneficia al Israel sionista, el que con toda la razón, su gobierno entiende que tiene al presidente estadounidense como su perro guardián de presa y que es un bochornoso papel inaceptable para las características estadounidenses de potencia unipolar de los últimos 81 años.
Entonces, lo que procede, es una táctica de demora de acción de parte estadounidense, al tiempo que Trump y en respuesta directa a la religiosidad fervorosa iraní a partir de las enseñanzas de Zoroastro -su mayor líder religioso y político nacional y desde hace seis a diez mil años atrás- presenta y se presenta como el fervoroso líder de corte religioso abierto y teniendo a Dios Nuestro Señor como su estandarte, que a lo interno de algunos sectores de su país podría provocar burla, pero lo que en cambio, de cara a la religiosidad iraní es un verdadero punto contrastante, que hace que la gente entienda y con la divinidad de por medio, que el momento de acuerdos ha llegado.
Mírese si esto es así, que el principal valido de Trump y como es la plataforma X, cuyo talismán -Musk- domina y es su dueño, su discurso críptico va en el mismo sentido que apuntamos y lo que para todo observador atento a la situación, nos dice, que el presidente estadounidense está sabiendo y como diríamos los dominicanos, “jugar sus cartones”, es decir, buscar la fórmula o vía salvable para destrabar una guerra cuyo objetivo bélico fue logrado con creces y ahora agrandado por el sesgo religioso, que mucha gente fuera de EEUU no ha entendido, pero que los seguidores de Trump, todos de la América profunda entienden a la perfección.
Por ejemplo, en este país pasó desapercibido -no para nosotros- el profundo meta mensaje que significó la llegada en febrero pasado de la embajadora estadounidense Leah Francis Campos y su primer acto público: del aeropuerto directamente a ir a la Catedra Primada y postrarse allí ante la presencia de Dios y pedir fuerzas y apoyos para que su decisiva labor diplomática, no solo de frutos a favor de su presidente, sino que la ayude a realizar un verdadero trabajo de puente de amistad que vigorice las relaciones, de por sí fuertes, entre las dos naciones y su pueblos y reforzado, por el hecho de la presencia de más de medio millón de retirados estadounidenses de origen dominicano en el territorio nacional y los casi dos millones de estadounidenses de origen dominicano en el mismo EEUU.
Nosotros entendimos desde ese día, que la nueva embajadora, no solo que tenía bien claro el pensamiento y accionar de su presidente, sino que como activista social originada en centros de inteligencia públicos y privados de su país, es lo suficientemente inteligente como para ganarse a los dominicanos y lo que ya estamos comprobando con sus extraordinarias visitas «sabor de pueblo» a colmadones y plataformas mediáticas en internet, donde coparticipa amablemente con quienes entrevistándola, quieren conocer sus políticas, pasos y sentimientos y lo que es bueno para todos.
De esta manera, pensamos que si los lectores toman en cuenta el accionar de la embajadora Campos, podrán entender en grande, el estallido de religiosidad con empuje político de Trump y quien como ya se ha visto, busca, con cuidado y determinación un proceso de paz y de recomposición de fuerzas y lazos de amistad con Irán y su pueblo.
Por supuesto, podremos equivocarnos, pero lo cierto es, que ahora mismo y como el mejor de los platos, es lo que está sobre la mesa política y que nos hace decir, que del lado estadounidense, al presidente Trump le ha llegado un momento de inflexión y como buen hijo de Dios, lo está sabiendo aprovechar. Con Dios. (DAG) 04.04.2026





