miércoles, mayo 13, 2026
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¿Deportación o regularización? 50 ilegales diarios, 15 mil al mes, 180 mil al año y en los últimos cinco años 900 mil y por culpa de Abinader. ¿Quién aguanta?

Por una encuesta presentada por la cuenta en X: @Cristodelalibe1 se indaga la opinión de sus lectores, respecto a cuál debe de ser la medida a seguir con relación a la preocupante y grande población flotante haitiana compuesta por una mayoría de ilegales que compiten contra los trabajadores haitianos que tienen años tratando de regularizarse y ni hablar contra los trabajadores y mano de obra dominicana.

Nuestra respuesta inmediata fue la siguiente: “Depende. Los ilegales de los últimos diez años, a retornar a su país. Los otros en vías de documentación, regularizarlos y sus hijos nacidos en territorio dominicano y verificados, otorgárseles residencia legal hasta los 18 años y para que decidan que nacionalidad prefieren y otra cosa. Nada de odiar a los haitianos y estos a los dominicanos. Solo los estúpidos y cretinos podrían caer en semejante error”.

Si nos ponemos a escuchar las voces sectarias y propias de ignorantes llenos de odios insensatos, parecería que fuera verdad que los dominicanos estuviéramos experimentando y totalmente, un muy grave peligro de extinción ante la probabilidad de que en algún momento en el territorio nacional pudieran vivir una gran presencia de ciudadanos haitianos y sus familias.

En realidad y aunque así llegara de ser, la dominicanidad como tal, es decir, cultura, idiosincrasia y nacionalidad, nunca desaparecería en tanto y en cuanto un dominicano viva y aunque por razones de la migración, llegara a ser minoría en su país. Sobre este particular hay ejemplos más que manifiestos: España con sesenta millones y pico de turistas o extranjeros residentes frente a cincuenta millones de españoles en sus 18 regiones.

Ahora bien, tampoco quiere decir que al ritmo que el presidente Luis Abinader lleva en su política de haitianización progresiva, al permitir la entrada irregular de 50 haitianos ilegales promedio diario, que en el mes hacen 15 mil y en un año 180 mil, totalizando en los últimos 5 años nada menos que 900 mil ilegales que ya están en nuestro territorio y a este año, ampliándose a un millón de ilegales y si les colocamos a parte de sus parientes. Tenemos que llegar a la conclusión, de que no hay nación y de la dimensión de República Dominicana, cuya economía pudiera aguantar semejante presión demográfica, hija de la insensata política gubernamental tendente a socavar a nuestra nación y que es el pecado mortal que comete Abinader contra nuestra la República.

Más realidad: Si contamos los haitianos braceros que llegaron al territorio nacional gracias a contratos de trabajo suscritos y avalados por los gobiernos dominicano (Joaquín Balaguer) y haitiano (Francois Duvalier) para el año 1967 y siendo los primeros, unos cinco mil para cada periodo de zafra cañera y que ocurrió hace 60 años. Significa, que la mayoría y luego los siguientes, al quedarse en el territorio nacional y formando familia, poco que mucho aprendieron a integrarse y al grado, de que cuando a tres meses de estar en este país, la culturización era tan manifiesta, que en su país, sus conciudadanos los identificaban despectivamente como “dominiquein”.

Sin embargo y aun así, la transculturización no cesó y aquellos haitianos que formaron familia con dominicanos, a este día, los más viejos de esos inmigrantes tienen 50 años y muchos habiendo obtenido su regularización migratoria y desde hace no menos 25 años siendo dominicanos de pleno derecho al haber elegido nuestra nacionalidad.

Todavía más y lo que a lo largo de los 54 años de ejercicio continuo de @porojocerradura hemos repetido o recalcado muchas veces, cuando en el 1920 se produjo el primer censo nacional de población y familia, se registró y en estadísticas la documentación que lo avala. 36 mil ciudadanos haitianos fueron registrados como residentes legales. Esto quiere decir, que solo ese segmento poblacional migratorio, el de mayor edad y si estuviera vivo tendría 106 años. Lo que a su vez quiere decir, que sus descendientes de tres generaciones y el mayor con 80 años, no solo que son ciudadanos dominicanos de pleno derecho sino que sus descendientes y hablamos de hijos, nietos y bisnietos son dominicanos.

Y qué ha ocurrido?, ¿desapareció la dominicanidad o la nacionalidad?, no. Fueron enriquecidas. Ahí está la familia Despradel y sus descendientes para confirmarlo y siendo todos dominicanos. Con estos ejemplos queremos significar, que para nada las raíces haitianas de muchas familias dominicanas,  han sido obstáculo para que la dominicanidad crezca y la nacionalidad permanezca, con lo que se desmiente a las voces tronantes desde determinados lupanares en las redes sociales, que tratan de difundir un profundo odio contra lo haitiano y en la misma medida que estadounidenses y canadienses de origen haitiano y desde sus respectivos países y al uso de las redes sociales, difunden mensajes de odio contra los dominicanos y al confundir los vociferantes en las redes sociales, aquella  inmigración ordenada y legal, a esta otra atropellante de los últimos cinco años, que por su magnitud, se ha convertido en un verdadero peligro público contra la dominicanidad y a la que definitivamente hay que parar en seco y radicalmente.

Un punto aclaratorio. ¿Quién es ilegal o indocumentado? Aquel extranjero que entra al país sin la documentación correcta. ¿Son dominicanos los hijos nacidos en el territorio nacional de ilegales?, no. Porque nuestra Constitución y leyes más sentencias del Tribunal Constitucional, determinan: Que el hijo de ilegal no es ciudadano dominicano y como sus padres, solo un transeúnte y que es la razón de que no se le otorga acta de nacimiento y sí un documento consignatorio derivado del libro de extranjería y para que en su país le otorguen su acta de nacimiento.

Otra puntualización: Cuando en 1492 los europeos del reino de Cartilla y León llegaron a la isla Quisqueya (madre de todas las tierras) y luego bautizada como Española y en una atrevida visión de futuro y porque España como nación no existía, en la isla vivían sus pueblos aborígenes, todos mestizos y con la llegada de personas blancas hubo y por razones de mezcla racial, el nacimiento del criollo, que fue el resultado del cruce entre blancos y mestizos y a partir de 1527 la corona española permitió el ingreso de negros esclavos procedentes de África.

Para 1548 había 12 mil esclavos negros frente a una población blanca de 5 mil personas y en el 1568 los negros llegaban 20 mil, pero en el 1586 y por enfermedades endémicas, esa población comenzó a disminuir hasta que llegado el 1606, había 9,648 esclavos y resultando luego en un total de 6,742 que eran libertos y 88 esclavos y de acuerdo con el historiador Frank Moya Pons. 

Entrando el 1603 y contra la oposición de los vecinos, la Corona dio la orden despoblar la llamada «franja norte» y con ella creció el contrabando en la parte occidental de la isla y la incursión de piratas franceses y holandeses y también ingleses que se asentaron en la isla de la Tortuga, generándose una ocupación de hecho por parte francesa de toda la parte occidental que posteriormente devino en el Santo Domingo francés como la colonia más rica de Francia.

Por esa colonia, aumentó el tráfico y contrabando de esclavos a los 76 años después de los primeros esclavos africanos traídos por la Corona española y con ese aumento de nuevos esclavos, es que se origina la población negra en lo que hoy es Haití. Esto quiere decir, que blancos en la isla solo los hubo entre 1492 y 1586 y todos ellos, base originaria de los blancos criollos que hoy devinieron en dominicanos.

Veamos este otro ángulo: En Haití y a la fecha, existen y mal contados, no menos de dos millones de haitianos de origen dominicano, más un fuerte segmento no inferior a 300 mil dominicanos residentes legales y todos conviviendo sin hostilidad alguna. ¿Desapareció la haitianidad y la nacionalidad haitiana, porque en el país transfronterizo haya ese componente de sangre dominicana?, a lo absoluto.

Consecuentemente y si lo anterior lo vemos racionalmente, no hay razón alguna para que las dos naciones y sus pueblos se enemisten y ni siquiera porque en Haití existe una fuerte segregación entre los mismos haitianos, unos mulatos y los otros negros, que de cuando en vez provoca choques insensatos. Y los dominicanos, ¿cómo nos identificamos? Mulatos, negros, mestizos, blancos y amarillos y sin división alguna entre nosotros.

Composición racial, que nos revela, que en la actualidad, tenemos un componente de raza amarilla de no menos un 2 % de toda la población, ¿se ha perdido la dominicanidad y nacionalidad, porque los primeros inmigrantes españoles y europeos ahora son minoría o porqué los estadounidenses de origen dominicano, los conocidos como dominicanyorks, son un fuerte segmento poblacional de no menos un millón de extranjeros?, en lo absoluto. Al contrario, todas estas olas migratorias y la haitiana de la que hablamos y originada hace 60 años, que es la principal, han enriquecido nuestra nacionalidad.

Algo más, nuestro criterio se robustece con la llegada de miles de hijos de europeos de diferentes nacionalidades y siendo todos dominicanos de origen. Lo que está sucediendo, es que con el tiempo, República Dominicana es un crisol de razas y nacionalidades, resumidas en la dominicana. Pero y digámoslo de algún modo, Abinader ha cometido el grave pecado de atentar contra los fueros y las bases esenciales de nuestras nacionalidad y al propiciar su desquiciada política migratoria prohaitiana, que de continuar, sí que ya está trastornando a nuestra nación y que es la razón fundamental y porque además esta nueva migración haitiana ilegal de los últimos cinco años y distinta a las anteriores, está compuesta por gente arrebatadamente inculta de raíz de tribus africanas y con un profundo odio hacia lo dominicano.

Obsérvese, que Abinader, también ha permitido, que en muchas de nuestras ciudades ya haya barrios totalmente haitianizados y lo otro tan significativo, de pueblos enteros en la frontera con una mayoría poblacional haitiana y nada dominicana y la pregunta es una: ¿Con qué derecho, Abinader ha violado nuestra Constitución y leyes para favorecer este atentado abierto y grosero contra nuestra nación y que terminará costándonos dolor y sangre desde que la nación se decida por corregirlo?

¿Desconoce el presidente, que en barrios de la periferia de Punta Cana, en Verón, Friusa y Bávaro, hay brigadas de trabajadores hoteleros y de industria ligera haitianos y estamos hablando de 60 mil trabajadores y la mayoría viviendo ocultos “en el monte” como así ellos dicen y para huir de Migración y todos armados con machetes, colines y cuchillos y ya actuando como tropa de choque contra los dominicanos y al grado, de desafiarlos pretendiendo quedarse con sus propiedades y hasta amenazando con matarlos, mientras la policía no hace absolutamente nada para imponer el estado de derecho, en tanto los corrompidos inspectores de Migración no hacen lo correcto para ser más diligentes en la expulsión de los ilegales que ahora se han convertido en una amenaza para la integridad física de los dominicanos y todo este desorden, contando con el apoyo de esa prensa perteneciente a los mismos empresarios hoteleros, de construcción y comercio, que le oculta a la nación este grave como terrible problema social?

De ahí que y sin contradecirnos, también tenemos que aceptar la realidad, de que esa inmigración desordenada propiciada por Abinader para satisfacer a sus amigos empresarios, esos miserables que solo funcionan con mano de obra esclava y barata y como evasores fiscales a gran escala, debemos reorientarla en dos fases. Una, de profunda repatriación de ilegales y otra, dentro de una regularización documentaria normal y para quienes como inmigrantes indocumentados están en vías de su documentación.

Ahora bien, la vida es dinámica y evolución pura y por eso, todos los que vivimos en el territorio nacional también debemos desde ahora por comenzar a pensar, que dentro de 49 años y cuando la mitad de los que vivimos ahora habremos muerto, o sea, para el 2075, en el territorio nacional habrá otro tipo de dominicanos hijos de la tecnología y quienes como humanoides en continua evolución, más con los menores de edad y jóvenes de ahora, serán la nueva expresión de vida y quienes vivan a esa fecha con sesenta o más años, comprobarán, que esas nuevas formas de vida humanoide se habrán fusionado con los dominicanos humanos y si esto es así, ¿tendría sentido el que ciertos extremistas e ignorantes y desde las redes sociales, quieran que los dominicanos vivamos llenos de odio contra los haitianos o aquellos contra nosotros, cuando a final de siglo, los dos países y como también les ocurrirá a otros muchos, sus nacionales serán una mayoría de humanos mezclados con humanoides y generando un nuevo tipo de individuo?, ¿cierto que no tiene sentido comportarse como estúpidos?

Naturalmente, hasta que se llegue a ese nuevo nivel evolutivo, los dominicanos de ahora, sí que tenemos que enfrentar y con dureza si cabe, esta trastornadora política migratoria abierta y sin control que Abinader propicia y la que de continuar, más temprano que tarde le costará perder el gobierno. ¿O es que también cree, que los mismos guardias que ahora le obedecen, mañana y hartos de esa inmigración que ya no controlan, no le exigirán cuentas?, ¿se olvida y perdónesenos la vulgaridad y que la gente suele decir cuando algo la hastía, que «el mucho joder empreña»?

Entonces, lo correcto debe de ser y si hablamos de elegir entre deportación o regularización para los extranjeros ilegales, que mejor nos contentemos con aceptarnos y como hijos de Dios aprender a convivir, respetarnos y tolerarnos, pero corrigiendo todas las distorsiones que la política migratoria de Abinader está causando.  

Y esto por una razón determinante: La isla es solo una y las naciones que la componen son solo dos y sus habitantes, al final y sin perder sus idiosincrasias y nacionalidades y con el mismo “ingrediente” de nacionales, más extranjeros de orígenes dominicano y haitianos provenientes de EEUU, Canadá y Europa y que es el otro inquietante problema común, pues se creen superiores a los isleños. Por eso y apartando la última interrogante, las dos naciones y pueblos, siempre serán dos y hasta el fin de los tiempos y con sus propias culturas e idiosincrasias y hacia el futuro, más que evolucionadas y por empuje de culturas extraterrestres que también llegarán e incidirán. Todo es tener las mentes abiertas.  

Terminamos y solo recordando lo de ahora: ¿Deportación o regularización? 50 ilegales diarios, 15 mil al mes, 180 mil al año y en los últimos cinco años 900 mil y por culpa de Abinader.  ¿Quién aguanta? Con Dios. 17.03.2026

Nota: también en nuestro análisis político de Estado del 24 de junio de 2024 nos referimos al mismo tema pero dentro de otra variable.

última actualización: 10:49 am.

A modo de traducción:

Expulsion ou régularisation ? 50 immigrants sans papiers par jour, 15 000 par mois, 180 000 par an et 900 000 ces cinq dernières années – tout cela à cause d’Abinader. Qui peut supporter cela ?

Un sondage publié par le compte @Cristodelalibe1 sollicite l’avis de ses lecteurs sur la conduite à tenir face à l’importante et préoccupante population haïtienne de passage, composée majoritairement d’immigrants sans papiers qui concurrencent les travailleurs haïtiens tentant de régulariser leur situation depuis des années, sans oublier les travailleurs et ouvriers dominicains.

Notre première réaction a été la suivante : « Cela dépend. Ceux qui sont sans papiers depuis dix ans devraient retourner dans leur pays. Ceux qui sont en cours de régularisation devraient être pris en charge, et leurs enfants nés sur le territoire dominicain et dont le statut a été vérifié devraient obtenir un titre de séjour jusqu’à leur majorité, leur permettant ainsi de choisir leur nationalité. Par ailleurs, il n’y a pas de haine envers les Haïtiens, ni envers les Dominicains. Seuls les imbéciles et les crétins pourraient commettre une telle erreur. »

À écouter les discours sectaires de personnes ignorantes et animées d’une haine aveugle, on pourrait croire que les Dominicains courent un grave danger d’extinction, du fait de l’éventualité d’une importante communauté haïtienne et de leurs familles s’installant un jour dans le pays.

En réalité, même si cela se produisait, l’identité dominicaine elle-même – c’est-à-dire la culture, les particularités et la nationalité – ne disparaîtrait jamais tant qu’il y aurait des Dominicains, même si, du fait de l’immigration, ils devenaient minoritaires dans leur propre pays. Les exemples flagrants ne manquent pas : l’Espagne, avec ses soixante millions de touristes ou résidents étrangers, contre cinquante millions d’Espagnols répartis dans ses dix-huit régions.

Cependant, cela ne signifie pas que, compte tenu du rythme auquel le président Luis Abinader poursuit sa politique d’« haïtianisation » progressive, en autorisant l’entrée irrégulière d’une cinquantaine d’Haïtiens sans papiers par jour en moyenne – soit 15 000 par mois et 180 000 par an –, cela représente pas moins de 900 000 immigrants sans papiers sur notre territoire ces cinq dernières années, et ce nombre devrait atteindre un million cette année, sans compter leurs proches. Force est de constater qu’aucune nation, même de la taille de la République dominicaine, ne pourrait résister à une telle pression démographique, conséquence des politiques gouvernementales insensées visant à saper notre nation – le péché capital qu’Abinader commet contre notre République.

Preuve supplémentaire : si l’on considère les travailleurs migrants haïtiens arrivés aux États-Unis grâce à des contrats de travail signés et approuvés par les gouvernements dominicain (Joaquín Balaguer) et haïtien (François Duvalier) en 1967, le premier groupe, fort d’environ cinq mille personnes pour chaque saison de récolte de la canne à sucre (il y a 60 ans), montre que la majorité d’entre eux, et ceux qui les ont suivis, une fois installés et ayant fondé une famille, ont progressivement appris à s’intégrer. À tel point que, trois mois seulement après leur arrivée, leur assimilation culturelle était si manifeste que, de retour au pays, leurs compatriotes les désignaient péjorativement comme des « Dominiqueins ».

Cependant, la transculturation ne s’est pas arrêtée là, et les Haïtiens qui ont fondé des familles avec des Dominicains – dont les plus âgés ont aujourd’hui 50 ans – ont, pour la plupart, obtenu leur régularisation et sont citoyens dominicains à part entière depuis au moins 25 ans, ayant choisi la nationalité dominicaine.

De plus, comme nous l’avons répété et souligné à maintes reprises au cours des 54 années d’activité continue de @porojocerradura, lors du premier recensement national de la population et des familles effectué en 1920, il a été enregistré – et les documents justificatifs existent – ​​que 36 000 citoyens haïtiens étaient enregistrés comme résidents légaux. Cela signifie que cette seule partie de la population migrante, la plus âgée, aurait aujourd’hui 106 ans. Cela signifie que leurs descendants, sur trois générations, dont le plus âgé a 80 ans, sont non seulement des citoyens dominicains à part entière, mais que leurs descendants – enfants, petits-enfants et arrière-petits-enfants – le sont également.

Alors, que s’est-il passé ? L’identité ou la nationalité dominicaine a-t-elle disparu ? Non. Elle s’est enrichie. La famille Despradel et ses descendants en sont la preuve, et ils sont tous dominicains. À travers ces exemples, nous souhaitons souligner que les racines haïtiennes de nombreuses familles dominicaines n’ont en aucun cas constitué un obstacle à l’épanouissement de l’identité dominicaine et à la préservation de la nationalité. Cela réfute les discours haineux tenus par certains groupes malveillants sur les réseaux sociaux, qui tentent de propager une haine profonde envers les Haïtiens. De même, des Américains et des Canadiens d’origine haïtienne, depuis leurs pays respectifs, utilisent les réseaux sociaux pour diffuser des messages haineux. En s’attaquant aux Dominicains et en confondant l’immigration régulière et légale des cinq dernières années avec l’afflux massif de personnes observé sur les réseaux sociaux, ce dernier est devenu une véritable menace pour l’identité dominicaine et doit être stoppé de manière décisive et radicale. Précision importante : qui est considéré comme illégal ou sans papiers ? Un étranger qui entre sur le territoire sans les documents requis. Les enfants nés dans le pays de parents sans papiers sont-ils citoyens dominicains ? Non. En effet, notre Constitution, nos lois et les arrêts de la Cour constitutionnelle stipulent que l’enfant d’un parent sans papiers n’est pas citoyen dominicain et, comme ses parents, est un résident temporaire. C’est pourquoi il ne reçoit pas d’acte de naissance, mais un document du Registre des étrangers lui permettant d’obtenir son acte de naissance dans son pays d’origine. Autre point important : lorsque les Européens du royaume de Castille-et-León débarquèrent sur l’île de Quisqueya (mère de toutes les terres), plus tard nommée Hispaniola, en 1492, et faisant preuve d’une audacieuse clairvoyance (l’Espagne n’existant pas encore en tant que nation), ils laissèrent l’île habitée par ses populations autochtones, toutes d’ascendance métissée. Avec l’arrivée des Blancs et le métissage qui en résulta, la population créole émergea, fruit de mariages mixtes entre Blancs et métis. À partir de 1527, la Couronne espagnole autorisa l’importation d’Africains réduits en esclavage. En 1548, on comptait 12 000 Noirs réduits en esclavage, contre une population blanche de 5 000. En 1568, la population noire atteignait 20 000 personnes, mais en 1586, en raison de maladies endémiques, elle commença à décliner jusqu’à ce qu’en 1606, on ne compte plus que 9 648 esclaves. Plus tard, la population fut réduite à 6 742 affranchis et 88 esclaves, selon l’historien Frank Moya Pons. En 1603, malgré l’opposition des habitants, la Couronne ordonna le dépeuplement de la partie nord de l’île. Cette décision entraîna une recrudescence de la contrebande dans l’ouest de l’île et des incursions de pirates français, hollandais et anglais, qui s’installèrent sur l’île de la Tortue. Il en résulta une occupation française de facto de toute la partie ouest de l’île, qui devint par la suite Saint-Domingue, la colonie française la plus riche. Du fait de cette colonie, la traite et le trafic d’esclaves s’intensifièrent 76 ans après l’arrivée des premiers esclaves africains amenés par la Couronne espagnole. C’est avec cet afflux de nouveaux esclaves que s’est constituée la population noire de ce qui est aujourd’hui Haïti. Cela signifie qu’entre 1492 et 1586, l’île était exclusivement peuplée de Blancs, ancêtres des Créoles devenus Dominicains. Considérons maintenant un autre aspect : Haïti compte aujourd’hui au moins deux millions d’Haïtiens d’origine dominicaine, auxquels s’ajoute une importante communauté d’au moins 300 000 Dominicains résidant légalement sur place, tous vivant en harmonie. L’identité et la nationalité haïtiennes ont-elles disparu pour autant ? Absolument pas. Par conséquent, et en considérant ce qui précède de manière rationnelle, rien ne justifie l’hostilité entre les deux nations et leurs peuples, pas même la forte ségrégation qui existe en Haïti – entre métis et Noirs – pouvant parfois engendrer des affrontements absurdes. Comment nous, Dominicains, nous identifions-nous ? Mulâtres, Noirs, Métis, Blancs et Asiatiques, sans aucune division parmi nous. La composition raciale révèle qu’actuellement, la population asiatique représente au moins 2 % de la population totale. L’identité et la nationalité dominicaines se sont-elles perdues parce que les premiers immigrants espagnols et européens sont désormais minoritaires, ou parce que les Dominicains-Américains, connus sous le nom de Dominicains de New York, constituent une part importante de la population, soit au moins un million d’étrangers ? Absolument pas. Au contraire, toutes ces vagues migratoires, et notamment celle d’Haïti dont nous avons parlé, qui a débuté il y a 60 ans et qui est la principale, ont enrichi notre identité nationale. De plus, notre perspective est renforcée par l’arrivée de milliers d’enfants d’Européens de différentes nationalités, tous d’origine dominicaine. Ce qui se produit, c’est que, peu à peu, la République dominicaine devient un creuset de races et de nationalités, toutes incarnées dans l’identité dominicaine. Mais soyons clairs : Abinader a commis le grave péché d’attaquer les principes fondamentaux et les fondements essentiels de notre nationalité en promouvant sa politique d’immigration pro-haïtienne malavisée qui, si elle se poursuit, perturbe déjà notre nation. C’est la raison fondamentale pour laquelle cette nouvelle vague d’immigration haïtienne illégale de ces cinq dernières années, contrairement aux précédentes, est composée de personnes très peu instruites, d’origine tribale africaine et nourrissant une haine profonde envers les Dominicains. À noter qu’Abinader a également permis…

Il est à noter qu’Abinader a également laissé se développer des quartiers entièrement haïtiens dans nombre de nos villes, et, fait tout aussi significatif, des villes entières à la frontière, peuplées majoritairement d’Haïtiens et non de Dominicains. La question est la suivante : de quel droit Abinader a-t-il violé notre Constitution et nos lois pour favoriser cette attaque ouverte et flagrante contre notre nation, une attaque qui, en fin de compte, nous coûtera cher en souffrances et en effusion de sang lorsque nous déciderons d’y remédier ? Le président ignore-t-il que dans les quartiers périphériques de Punta Cana, à Verón, Friusa et Bávaro, vivent des groupes de travailleurs haïtiens de l’hôtellerie et de l’industrie légère – on parle de 60 000 travailleurs – pour la plupart cachés « dans les montagnes », comme ils le disent, pour échapper aux services d’immigration ? Ils sont tous armés de machettes, d’armes blanches et de couteaux, et agissent déjà comme une force de choc contre les Dominicains, allant jusqu’à les provoquer, tenter de s’emparer de leurs biens et même les menacer de mort. Pendant ce temps, la police reste totalement inactive pour faire respecter l’état de droit, et les inspecteurs de l’immigration, corrompus, ne font pas preuve de suffisamment de diligence pour expulser ces immigrants sans papiers, qui constituent désormais une menace pour la sécurité physique des Dominicains. Ce chaos est alimenté par un organe de presse appartenant aux mêmes propriétaires d’hôtels, d’entreprises de construction et de commerces, qui dissimule ce grave problème social à la nation. Par conséquent, et sans contradiction, il faut admettre que cette immigration anarchique, encouragée par Abinader pour satisfaire ses amis du monde des affaires – ces individus méprisables qui exploitent une main-d’œuvre bon marché et pratiquent l’évasion fiscale à grande échelle – doit être endiguée en deux phases. La première consiste en un rapatriement massif des immigrants sans papiers, et la seconde, dans le cadre d’une procédure normale de régularisation, concerne ceux qui sont en cours de régularisation. La vie est dynamique et en perpétuelle évolution. C’est pourquoi nous tous, habitants de ce pays, devons commencer à envisager qu’en 49 ans, lorsque la moitié d’entre nous aura disparu – soit en 2075 –, une nouvelle génération de Dominicains verra le jour : les enfants de la technologie. Ces humanoïdes, en constante évolution, notamment parmi les enfants et les jeunes d’aujourd’hui, seront la nouvelle expression de la vie. Ceux qui auront soixante ans ou plus à cette époque verront ces nouvelles formes de vie humanoïdes fusionner avec les Dominicains. Dès lors, serait-il logique que certains extrémistes et ignorants, sur les réseaux sociaux, souhaitent que les Dominicains vivent dans la haine envers les Haïtiens, ou inversement, alors qu’à la fin du siècle, ces deux pays, et bien d’autres, compteront une majorité de citoyens métis, donnant naissance à un nouveau type d’individu ? Il serait absurde de se comporter ainsi. Bien entendu, en attendant d’atteindre ce nouveau niveau d’évolution, nous, Dominicains d’aujourd’hui, devons affronter, et peut-être même avec plus de vigueur, cette politique d’immigration perturbatrice, ouverte et incontrôlée qu’Abinader promeut et qui, si elle persiste, lui coûtera tôt ou tard le pouvoir. Croit-il aussi que les mêmes gardes qui lui obéissent aujourd’hui, exaspérés par cette immigration qu’ils ne maîtrisent plus, ne demanderont pas de comptes demain ? Oublie-t-il – et excusez-moi cette vulgarité – que l’on dit souvent, lorsqu’on est agacé, que « trop de plaintes finissent par causer des problèmes » ? Par conséquent, la bonne solution, si nous devons choisir entre l’expulsion et la régularisation des immigrants sans papiers, est de nous accepter les uns les autres et, en tant qu’enfants de Dieu, d’apprendre à coexister, à nous respecter et à nous tolérer, tout en corrigeant les distorsions engendrées par la politique d’immigration d’Abinader. Et ce, pour une raison essentielle : l’île n’est qu’une, et les nations qui la composent ne sont que deux. Leurs habitants, en fin de compte, sans perdre leurs particularités et leurs nationalités, et avec le même « ingrédient » – nationalistes, auxquels s’ajoutent des étrangers d’origine dominicaine et haïtienne originaires des États-Unis, du Canada et d’Europe (autre problème commun préoccupant, car ils se croient supérieurs aux insulaires) – formeront toujours deux nations et deux peuples, jusqu’à la fin des temps, avec leurs propres cultures et particularités. Et à l’avenir, ils seront plus qu’une simple évolution, influencés par des cultures extraterrestres qui arriveront et auront un impact. Tout est question d’ouverture d’esprit. En conclusion, et en nous rappelant la situation actuelle : expulsion ou régularisation ? 50 immigrants sans papiers par jour, 15 000 par mois, 180 000 par an, et ces cinq dernières années, 900 000, tout cela à cause d’Abinader. Qui peut supporter cela ? Si Dieu le veut. 17 mars 2026 Remarque : voir également notre analyse politique de l’État du 24 juin 2024

 

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