lunes, octubre 25, 2021
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Dos lamentables hechos de sangre que conturbaron y sacudieron a todos. Pero a la policía hay que preservarla

Es cierto que cuando la ciudadanía luce desesperada y al sentir que el Estado y vía el Gobierno de turno, no le garantiza el mínimo de seguridad y porque simplemente, de buenas a primeras, parecería que la delincuencia social a tomado el control de las vidas de todos y mucho más es la desesperanza, cuando se observa, que los peores hechos criminosos, sino todos, uno que otro presentan autoridades de uniforme como integrantes de las bandas callejeras de antisociales y ante lo cual, que por obligación los ciudadanos caigamos en una situación de absoluto descontrol emocional y profundo desasosiego.

Pero al mismo tiempo y viendo la gran preocupación ciudadana y la forma torpe y clasista que tienen los principales diarios escritos, presentando los crímenes de sangre desde la penosa óptica de la lucha de clases y por lo que, no es lo mismo el asesinato de un miembro de la clase media que el mismo hecho en un ciudadano de a pie, que entonces haya que proclamar, que ciertamente parecería que la República se nos está escapando de nuestras propias manos.

Recién, una profesional liberal murió a tiros de parte de un miembro de la policía al que de inmediato el factor mediático ejecutó sumariamente y sin darle la oportunidad a ese policía, cabo él y quien también es padre de familia, buen esposo y amante de sus hijos y con padres y abuelos, tíos y primos que le aprecian y dan fe de su buena conducta personal y familiar, de ofrecer su versión del hecho criminal y aparentemente fortuito en el que se vio envuelto, en tanto a la profesional femenina victima ocasional del hecho criminal, no han faltado elogios y cada uno más desmesurado y pretendiendo toda esa prensa, resaltar que el policía pobre había “asesinado” a una arquitecta de futuro prometedor.

Independientemente del caso y de que las versiones que corren sobre el hecho criminal son eminentemente prejuiciosas y todas peores para el efectivo policial y porque conociéndose el pasado borrascoso de una policía que muy pocos en este país le tienen confianza, las conjeturas llegaron hasta a suponerse, que se trataba de una conjura de alta política y por parte de uniformados militares y policiales para enfrentar al gobierno y dado que el ministerio público central, quien lo dirige y sus miembros más destacados, han hecho entender y la prensa ha ayudado en ello, de que el amplio ámbito de corrupción generalizado tiene su base y es producto de militares y policías de alto rango.

Profundizando una subprocuradora contra la corrupción, al decir que su despacho disponía de fuertes evidencias contra esos altos jefes militares y policiales y sus nexos con el narcotráfico y el lavado de activos y que es una declaración insensata, poco prudente y políticamente explosiva, por lo que al venir este sonado crimen del pasado fin de semana en el balneario de Boca Chica (este capitaleño) de inmediato se supuso, que era producto de una conjura político militar para afectar la gobernabilidad y amenazar a la Procuraduría General de la República y al gobierno en sí.

Al pasar los días, se ha visto, aunque no comprobado del todo, en cuanto a que las primeras conjeturas no tenían razón de ser y sí, que parecería que se trató de un hecho confuso en el que la pasión y las emociones de uno y otro lado precipitaron una situación lamentable y  por la que dos familias laboriosas han sido victimas casuales de los prejuicios de parte y parte y a los que la prensa le ha sacado suficiente escándalo  y sin importarle a esos medios y reporteros, aplastar a la familia del cabo policial pobre, mientras a que a la familia de la profesional liberal, poco a faltado para elevarla a unos niveles de endiosamiento primario y con el propósito de que periodistas y dueños de medios, como parte de la clase media se identificaran con la profesional muerta de manera tan aleve.

A partir de comunicación tan manipulada y dirigida a afectar las emociones del gran público, entendemos, que si se analiza todo cuanto  se ha publicado y haciendo resaltar la terrible lucha de clases, que en este país existe entre pobres y ricos, que de golpe y de milagro, esa prensa no hubiese provocado el asesinato horrendo del cabo policial responsable de la muerte aleve de la arquitecta y simplemente, porque ambos se vieron envueltos en un accidente vehicular, uno y con su familia en un motor y la otra en su yipeta y con una hija y los dos, pecando de no haberse sabido detener y fríamente enfrentarse el uno frente a la otra.

Ahora, nos hemos quedado de una pieza, al conocer y por la ocurrencia de otro hecho criminal fortuito que arrastró a la muerte a un joven prometedor de 29 años de edad, victima de la delincuencia criminal y ante la cual, el padre de este, pidió  que “recojan a la Policía y saquen a militares a las calles” y que expresado por el profundo dolor que embarga a un padre ahogado en llanto e impotencia y que evidencia y desnuda, la terrible situación emocional que se vive en este país, donde parecería que el gobierno no tiene control  ni da garantías efectistas para que los ciudadanos podamos sentir que nuestras vidas son garantizadas. Fue una declaración emotiva con la que muchos se solidarizaron.

Lo primero que hay que decir, es que la policía es rescatable, pero que prisionera de la corrupción política empresarial y mediática, como institución, se las ve y se las desea para proteger y preservar el orden público. Es por ello que de 30 mil efectivos en nómina, 15 mil se encuentran haciendo servicios domésticos de políticos, empresarios, banqueros, periodistas y empresarios y hasta de religiosos, en tanto de los 15 mil restantes que trabajan como policías y en particular los investigadores, son efectivamente un gran grupo de gente decente y entregada a su trabajo y que son víctimas del terrible lastre de corrupción que ahoga a los 15 mil efectivos que no trabajan en labores policiales de preservación del orden público.

Lo segundo, que sería salir de Guatemala para caer en guatapeor, si la policía fuera sacada de las calles y en su lugar, colocar militares y quienes, por su propia naturaleza y entrenamiento, solo están preparados y no solo en este país y sí en todos, para ver en los ciudadanos, a potenciales enemigos a los que hay que combatir y matar.

Debido a lo anterior, consideramos y fundamentalmente, que los miembros del factor mediático debemos de tratar de ser ecuánimes, dejar a un lado nuestros prejuicios contra la policía y comenzando por este medio digital, de POR EL OJO DE LA CERRADURA, renunciar a culpar de todo a la policía y sí en cambio, a darle el beneficio de la duda y no continuar atacando con gran desmesura a todo un cuerpo policial, que por la parte buena de sus efectivos, merece que se la escuche y que como institución se la preserve.

De ahí que digamos, que dos lamentables hechos de sangre que conturbaron a todos. Pero a la Policía hay que preservarla y que han provocado que se diga, que hay que recoger a los policías y colocar militares en las calles. Advirtamos, que solo una persona llena de dolor puede decir una barbaridad como esa, pero que no se corresponde con los intereses permanentes de esta nación. (DAG)

 

 

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