sábado, junio 13, 2026
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El almuerzo que salvó al mundo de un desastre nuclear en 1962

La Crisis de los Misiles de Cuba en 1962 estuvo a punto de desencadenar una guerra nuclear en plena escalada entre la URSS y Estados Unidos que hubiera conllevado el fin de la civilización. La catástrofe se evitó gracias al diálogo entre Moscú y Washington.

Pero los líderes de las superpotencias difícilmente habrían podido llegar a un acuerdo de no ser por un hombre que asumió esta iniciativa: el coronel de los servicios secretos soviéticos Alexánder Semiónovich Feklísov.

Por extraño que parezca, el primer paso para resolver el casi inevitable conflicto fue dado por dos personas que no tenían nada que ver con los misiles en Cuba: el responsable de la inteligencia soviética en EE.UU. y un periodista estadounidense.

Se trataba de John A. Scali, periodista de la ABC, y Alexánder Feklísov, oficial de inteligencia soviético que oficialmente desempeñaba funciones de consejero en la Embajada de la URSS bajo el seudónimo de ‘Fomín’.

Los servicios secretos soviéticos asumen el liderazgo en la solución 

En su calidad de jefe de la estación del KGB en Washington, Feklísov mantuvo al Kremlin informado detalladamente sobre cómo Washington buscaba una salida a la crisis tras la instalación de los misiles soviéticos en Cuba, explicó el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia.

Gracias a él, se supo que el presidente John F. Kennedy se resistía a las exigencias de los ‘halcones’ de un bombardeo masivo e inmediato de Cuba. El 21 de octubre de 1962, ‘Fomín’ envió un telegrama al mando del KGB informando sobre una reunión de emergencia del gobierno de Kennedy. Al día siguiente, en su discurso a la nación, el presidente estadounidense declaró una amenaza a la seguridad de Estados Unidos, y Nikita Jruschov le respondió con un mensaje, describiendo el bloqueo naval de Cuba como «acciones agresivas sin precedentes».

La situación se volvía cada vez más explosiva con el paso de las horas. La mañana del viernes 26 de octubre, Feklísov invitó al comentarista de política exterior de la ABC, John Scali, presentador de televisión y buen amigo de los hermanos Kennedy, a una reunión.

Años más tarde, Scali recordó que Feklísov lo llamó y lo invitó a almorzar [no fue su primera reunión y la iniciativa de su encuentro anterior perteneció a Scali, quien estaba al tanto del verdadero papel de ‘Fomín’ en EE.UU.]: «Ya había almorzado cuando me llamó, pero su voz era tan urgente e insistente que decidí ir de inmediato», señaló el periodista estadounidense.

Los dos hombres se reunieron en el restaurante Occidental, a dos cuadras de la Casa Blanca, y después de pedir la comida, fueron directos al grano: la guerra, al parecer, estaba a punto de estallar.

La amenaza ‘no autorizada’ del interlocutor soviético

«El Pentágono le asegura al presidente que, si acepta, eliminarán los misiles soviéticos y el régimen de Castro en 48 horas», señaló Scali.

«Primero, respondí, que yo sepa, la cúpula soviética considera a Kennedy un estadista capaz y con visión de futuro. Creo que es un hombre razonable y que detendrá a los generales y almirantes belicosos que planean arrastrarlo a una gran aventura plagada de consecuencias catastróficas. Segundo, el pueblo cubano defenderá su libertad a vida o muerte. Tercero, el presidente debe ser plenamente consciente de que invadir Cuba equivaldría a darle rienda suelta a Jruschov. La Unión Soviética podría tomar represalias contra un punto vulnerable [de EE.UU.] en otra parte del mundo que tiene importancia militar y política para Washington.

Al parecer, Scali no esperaba esa respuesta. Me miró fijamente a los ojos durante un largo rato y luego preguntó: ‘¿Crees, Alexánder, que será Berlín Occidental?’. ‘Como contramedida, es totalmente posible’, dije», recordó Feklísov en su libro de memorias.

El resto de la comida transcurrió en silencio. Scali recordó que Feklísov estaba tan absorto en sus pensamientos que, sin querer, tomó los pasteles de cangrejo de Scali, y este último se terminó comiendo la chuleta de cerdo que Feklísov había pedido.

«Nadie me autorizó a hablar sobre la posible toma de Berlín Occidental como respuesta soviética a la invasión estadounidense de Cuba», recordó Alexánder Feklísov más tarde. «Actué bajo mi propio riesgo. Ahora está perfectamente claro: corrí un riesgo, pero tuve razón».

Los interlocutores en el restaurante Occidental jamás imaginaron que se encontrarían entre los mediadores de la solución global a la Crisis de los Misiles Cubanos. ‘Fomín’ fue a informar al embajador soviético sobre el contenido de la conversación, y Scali se dirigió a la Casa Blanca.

El resultado del almuerzo

Poco después de la conversación, el fiscal general de Estados Unidos, Robert Kennedy, a quien el líder estadounidense había encomendado la mediación en las negociaciones secretas con representantes soviéticos, transmitió a ‘Fomín’, a través de Scali, propuestas de compromiso para resolver la crisis.

Para John F. Kennedy, la amenaza de un ataque a Berlín Occidental resultó ser un argumento decisivo durante las negociaciones. Propuso que Estados Unidos retiraría sus misiles emplazados en Turquía y dejaría a Cuba en paz, siempre y cuando la URSS retirara sus armas nucleares de la isla.

Y años después, una placa de bronce apareció en el interior del restaurante Occidental en Washington: «En esta mesa, durante los tensos momentos de la Crisis de los Misiles Cubanos, el misterioso ruso ‘Sr. X’ le transmitió al corresponsal de ABC-TV, John Scali, una oferta rusa para retirar los misiles de Cuba. Gracias a esta reunión, se evitó la amenaza de una posible guerra nuclear».(RT)

 

 

 

 

 

 

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