miércoles, julio 17, 2024
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El antihaitianismo profesional de ahora, es producto de la maldad la discriminación y la ignorancia. Pero determinados hechos superan tanto odio desde el Instituto Duartiano y asociados

Una pormenorizada lectura de las relaciones entre República de Haití y República Dominicana arroja dos hechos irrefutables. El primero, que el país transfronterizo y como tal, nació el primero de enero de 01 de enero de 1804 y segundo, que su formación institucional se derivó de poseer una clase gobernante de burócratas y militares diestros, que en cierta medida no tenían nada que envidiarle a cualquier otro europea y por la simple razón de que se fundamentó en el atisbo de burguesía burocrática colonial francesa.

Esto significa, que República Dominicana, que nació como nación el 01 de diciembre de 1821 y en base a una etapa de 328 años de vida colonial, pero como provincia en ultramar de la corona ibérica, su clase burocrática gobernante y por su heredada formación dentro del sistema social  de castas español, careció de la formación burocrática militar haitiana de abierta búsqueda de la independencia, que en cierta manera le fuera inculcado indirectamente por el ocupante francés y lo que influyó fundamentalmente en la lucha del esclavo negro por su libertad y como preámbulo por su independencia como nación libre y soberana.

Esta realidad, entre conceptual y de formación educativa, marca la gran diferencia entre los dos pueblos y mientras los burócratas españoles le inculcaron a los habitantes de la parte oriental de la isla, que debían tener obediencia hacia el don que rigiera sus destinos y uno que otro de estos, fueron los primeros narradores de la vida cotidiana y devenidos luego como “historiadores”, desde el primer momento le inculcaron a los no más 200 mil habitantes para el 1844, que “el haitiano era un ser salvaje, mal agradecido y hostil”, cuando el coraje del pueblo vecino nacía precisamente de su oposición rabiosa a la opresión esclava francesa y que fuera el factor que generara aquello, de por cada blanco colono, todos ellos muertos y los negros libres.

Debido a ello, a los habitantes entre blancos y claros de la parte de la isla que luego sería conocida como República Dominicana, se les inculcó tener un temor casi patológico hacia Haití y su pujanza económica, institucional y militar heredada de Francia y aun así el carácter y bravura del dominicano prevaleció sobre esos temores, llamémosles ancestrales y que fundamentaron los triunfos bélicos frente al invasor haitiano de aquellos tiempos.

No podía nadie extrañarse de que por esos dos diferentes y diametralmente puntos de vistas, los dos pueblos se metieran dentro de ese túnel del tiempo de tanto odio irreflexivo y narraciones mentirosas.

Haití debió luchar bravamente por su independencia y su pueblo, sobre todo por su libertad y de ahí que haya sido la primera nación negra en el mundo que declaró la abolición de la esclavitud y lo que le mereció de la Francia napoleónica, el inicio de una verdadera guerra de exterminio, que fue el factor que llevó a los dirigentes haitianos de la época, a mirar hacia el oriente de la isla en materia de expansión geográfica y como el único modo de evitar que la reacción española fuera la de darle espacio a un sistema esclavista, que terminara por ser el mayor peligro y obstáculo para garantizarse su independencia.

Con razón entonces de las enconadas guerras entre haitianos y dominicanos españoles, guerras que ocuparon los primeros 50 años en las vidas de ambas naciones y que, del lado oriental de la isla, sus efectos eran sobredimensionados, mientras la parte haitiana, acicateada por su obsesión de no permitir el retorno de la esclavitud debió de pelear y con dureza para mantener su independencia frente a Francia.

Nada de estos acontecimientos, nunca le fueron relatados a los habitantes de la parte oriental y, por lo contrario, se profundizó en el odio irracional hacia la negritud haitiana y que como debía de suponerse, fuera respondido con fiereza y por parte de aquella nación vecina que luchaba a muerte por su existencia.

El tiempo pasó y para el 1822, cuando se dio la anexión o fusión dominicana con Haití, fue evidente que el Santo Domingo español uniría su destino a Haití y por unos 22 años hasta que el 27 de febrero de 1844 se separó definitivamente y de esa forma se inició la concreción de la independencia de España que había ocurrido en 1821 y ratificada con la guerra de la Restauración en el periodo 1861-1865 en la que España fue derrotada miserablemente y si nos atenemos a lo expresado por el general e historiador español, Luis Alejandre Sintes, en su obra: “Dominicana. La anexión frustrada (1861-1865)”, recuérdese, que de acuerdo con la Declaración de Independencia que recoge el historiador Wenceslao Vega Boyrie en la obra más importante para conocer fielmente el origen del pueblo dominicano: “Los Documentos Básicos de la Historia Dominicana”, editora Taller.1994 y en la que se establece el perfil exacto de la historiografía nacional.

Durante la ocupación haitiana, hubo habitantes de Santo Domingo que fungieron como delegados, en la práctica, legisladores ante el Congreso Haitiano, igualmente, no fueron uno ni dos los habitantes de Santo Domingo que participaron en los cabildos como representantes de los pueblos del Este. Todavía más, recién acaba de conmemorarse el 163 aniversario de la muerte de Francisco del Rosario Sánchez, quien había recibido todo el poyo haitiano para ayudar a la concreción de la independencia dominicana y quien fuera fusilado por el gobierno dominicano de aquel entonces.

Sin embargo, así como Sánchez, a nuestro modo de ver, un padre de la patria significativo y de armas a tomar y quien contó con el respaldo del gobierno haitiano de aquel entonces y quién fue el verdadero líder político de la gesta independentista, los textos históricos también narran, que nuestro padre de la patria, Juan Pablo Duarte y Diez, el ideólogo de nuestra nacionalidad, hubo un tiempo que estuvo como coronel del ejército haitiano y lo que por supuesto, los anti haitianos furibundos del Instituto Duartiano, se niegan ni siquiera a discutir. A este punto, es bueno clarificar el papel del tercer padre de la patria: Matías Ramón Mella y quien fuera el líder militar, responsable del trabucazo en la puerta de la Misericordia y que diera inicio al proceso separatista frente Haití.

Al exponer estos hechos, se evidencia y por razonamiento propio, que realmente la supuesta profunda animadversión dominicana contra Haití, no era tal, sí discrepancias sobre asuntos conceptuales y que fueron utilizados por los historiadores criollos hispanistas, para ahondar sobre la falsa historia entre los dos pueblos y que desde Puerto Príncipe, ahondaban las narraciones extremistas de Jean Price Mars, el más famoso intelectual, médico, profesor, etnólogo y antropólogo  haitiano, profundo adversario de lo  dominicano.

República Dominicana pues y como nación independiente y soberana, nació 43 años luego del nacimiento de la República de Haití y lo que no significa, que los esclavos africanos llegaran a la isla, mucho antes de cuando la raza aborigen taína, simiente del dominicano, ya se encontraba como habitante natural de la isla de la Española y lo que debe especificarse, porque son dos temas y aspectos distintos.

Ahora bien, los dominicanos y haitianos de los últimos cien años, ya nos hemos mezclado y ambas naciones tienen familias y ciudadanos, tanto de haitianos de origen dominicano como de dominicanos de origen haitiano y quienes ahora son víctimas de esa terrible política de odio insensatos de los extremistas seudos nacionalistas de las dos naciones.

Por ejemplo, en los últimos cuatro años, los ultranacionalistas del Instituto Duartiano han mantenido una campaña injusta y desproporcionada tratando de avivar odios y malquerencias entre las dos naciones y como si los dominicanos y haitianos de ahora, fuéramos los actores de los hechos sangrientos del pasado, igual su contraparte haitiana y los dos sectores, avivados por lo peor en materia de grupos mediáticos de los dos países y en los que sus respectivas burguesías y por razones de negocios, asumen que deben ahondar.

Ya se está en otros tiempos afortunadamente y aquí se tiene una población flotante haitiana de personas de bien y de trabajo en la generalidad de los casos y quienes no son una carga para nuestra economía y sí un apoyo, de las que a su vez, se desprenden familias dominico-haitianas a las que desde el Instituto Duartiano se quiere que sean vistas como indocumentadas y no obstante la realidad, de que los resultados del primer censo nacional de población y familia en el 1920, arrojaron 35 mil haitianos viviendo en este país de manera legal y regular y lo que significa, que sus descendientes son todos dominicanos. En tanto es muy cierto de que, si en esta nación hay haitianos indocumentados, se debe a que las autoridades de su propio país se han negado sistemáticamente a otorgarles sus documentos de identidad y de viajes.

Mal contados, se conoce de no menos 500 mil hijos de estos y nacidos en este país y a los que con todo su derecho debe reconocérseles como dominicanos y ni hablar de los trabajadores haitianos que han querido regularizarse y a los que este gobierno se niega a lo absoluto, sobre todo, cuando los nacidos aquí, todos, no tienen vínculos directos con Haití y ni siquiera le han visitado y a lo que se opone una grosera sentencia del Tribunal Constitucional  y esa campaña desinformativa viva y fiera en las redes sociales y sus lupanares mediáticos.

Nuestra intención es simple y al narrar este punto de vista, hacer ver, que ser de nacionalidad haitiana no es ningún estigma y como siempre mal supuso el haitiano de origen dominicano, José Francisco Antonio Peña Gómez y que el antihaitianismo profesional de ahora, es producto de la maldad, la discriminación y la ignorancia.

Pero determinados hechos, superan tanto odio desde el Instituto Duartiano y asociados y en lo que nos oponemos firmemente e instamos a los lectores que nos hacen el honor de atender nuestros diarios análisis, a que no se dejen manipular ni llevar por semejante adoctrinamiento falso y antihumano. Con Dios. (DAG) 06.07.2024

 

 

 

 

 

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