«¡África necesita liberarse de la plaga de la corrupción!». León XIV soltó esta frase y de inmediato los jóvenes que lo escuchaban en la carpa levantada en la sede en Yaundé de la Universidad Católica de África Central le secundaron con gritos y aplausos. Ha sido la enésima denuncia que ha lanzado el Papa norteamericano en su estancia en Camerún, dentro de la gira africana que inició en Argelia y que en los próximos días le llevará a Angola y Guinea Ecuatorial.
El Pontífice agustino ha mantenido este viernes por la tarde un encuentro con profesores, alumnos y otros representantes del ámbito de la cultura en este centro de la Iglesia, después de una intensa jornada que le ha llevado por la mañana a Duala, la capital financiera del país, donde presidió una misa multitudinaria y visitó el hospital católico de San Pablo.
El Papa Prevost invitó a los estudiantes a que «coloquen los cimientos imprescindibles para la construcción de una coherente identidad moral e intelectual». «Dando testimonio de la verdad, particularmente frente a las ilusiones de la ideología y las modas, creen un ambiente en el que la excelencia académica se una naturalmente a la rectitud humana», expuso como criterios para poder llevar a cabo una renovación social y política.
Y lo expresó convencido de que África «puede contribuir de manera fundamental a ampliar los horizontes, tan estrechos, de una humanidad que le cuesta mantener la esperanza». De hecho, fue un paso más: «África y el mundo necesitan personas que se comprometan a vivir según el Evangelio y a poner sus competencias al servicio del bien común. ¡No traicionen este noble ideal!».
Robert Prevost también reivindicó el derecho a no migrar, apostando por una riqueza que vaya más allá de los recursos naturales para centrarse en formar «conciencias rectas, educadas en la verdad». Además, alertó del riesgo de entregarse sin más a la inteligencia artificial: «Cuando la simulación se vuelve norma, la capacidad humana de discernimiento se atrofia y nuestros vínculos sociales se encierran en circuitos autorreferenciales que nos dejan de mostrar la realidad». «Así es como se extienden la polarización, los conflictos, los miedos y la violencia», profetizó.
Signos de justicia
Este sueño de regeneración del Papa para el continente negro lo mostró también por la mañana en la misa en el estadio Japoma de Duala, ante 120.000 católicos: «Anunciar a Jesús Resucitado significa trazar signos de justicia en una tierra que sufre y está oprimida; signos de paz entre rivalidades y corrupciones; signos de fe que nos liberan de la superstición y de la indiferencia».
Con la lectura del milagro de la multiplicación de los panes y los peces por parte de Jesús como punto de partida, el Papa norteamericano se detuvo en la principal lacra que sufre la población de Camerún: la pobreza. Según datos del Banco Mundial, uno de cada tres ciudadanos es pobre, un dato que se dispara a la mitad entre los niños.
Lejos de plantear soluciones mágicas, Robert Prevost expuso ante su auditorio que la acción prodigiosa de Cristo «ocurre en el compartir»: «¡He aquí el milagro! Hay pan para todos si se da a todos», aclaró el Papa. Y fue en ese punto cuando visibilizó las causas del empobrecimiento de la nación: «Hay pan para todos si se lo toma no con una mano que acapara, sino con una mano que da». «Al hacerlo así, la comida abunda; no se raciona por emergencia, no se roba por disputa ni se desperdicia por quienes se atiborran ante quienes no tienen nada que comer», señaló, poniendo de manifiesto la desigualdad que padecen quienes le escuchaban al Papa en el estadio. (La Razón-josé Beltrán)





