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El petróleo vuelve a los 90 dólares por el temor a una nueva escalada en Oriente Próximo

Una lección que los inversores tienen bien aprendida es que con Donald Trump todo es posible. Tras un arranque de semana en el que el fin de las hostilidades y la posibilidad de retomar las negociaciones devolvieron el optimismo a los mercados, en las últimas horas estos han vuelto a la casilla de salida. EE UU asegura haber interceptado un ataque por sorpresa de Irán contra intereses estadounidenses y, junto con Arabia Saudí, ha respondido atacando a las milicias respaldadas por Teherán en Irak. Pero la escalada no termina ahí. El presidente estadounidense ya ha advertido de nuevas represalias. El petróleo, el gran termómetro de la tensión geopolítica, ha dejado atrás las caídas y vuelve a dispararse. Después de corregir un 17% en apenas tres sesiones, rebota un 7,9% y se aproxima a los 91 dólares.

Los analistas de Bloomberg Economics creen que el regreso a una estabilidad duradera en Oriente Próximo no llegará a corto plazo. “Estados Unidos sigue tratando de forzar la capitulación de Irán, mientras Teherán demuestra que tiene tanto la voluntad como la capacidad de responder a cada escalada de Washington”, señalan. Un diagnóstico que comparten los expertos de UBS, quienes consideran que la normalización de los flujos energéticos a través del estrecho de Ormuz seguirá siendo complicada. Con todo, esperan que las crecientes presiones económicas sobre Estados Unidos, Irán y los países del Golfo terminen favoreciendo una desescalada y la progresiva recuperación del tráfico energético en la zona.

El encarecimiento del crudo reaviva las presiones inflacionistas y, con ello, las expectativas de tipos más altos. Las ventas se extienden tanto a la renta variable como a la deuda. Las rentabilidades de los bonos, que en las últimas jornadas se habían alejado de los máximos registrados en 2011 en el caso de Alemania y en 2008 en el de Francia, vuelven a repuntar. Aunque todavía no la ha superado ese umbral, la rentabilidad del bono francés a diez años vuelve a aproximarse a la barrera del 4%, mientras el rendimiento de los títulos estadounidenses al mismo plazo se sitúa en el 4,6%. La volatilidad es la seña de identidad de la renta fija de EE UU. El presidente de la Fed, Kevin Warsh, ya había advertido de que no ofrecería pistas sobre los próximos movimientos del banco central, y la reacción del mercado ha confirmado esa incertidumbre. La falta de visibilidad está obligando a los inversores a recalibrar constantemente sus apuestas sobre la trayectoria de los tipos. La probabilidad de una nueva subida ha retrocedido ya del 74% al 55% en cuestión de minutos.

Las Bolsas, que en las últimas jornadas habían encontrado en la moderación de las tensiones y en la temporada de resultados su principal apoyo para contrarrestar las dudas en el sector tecnológico, sucumben a las ventas. Esta vez es el Ibex 35 el peor parado en Europa. El selectivo español, que hace apenas 48 horas coqueteaba con nuevos máximos, cede hoy un 1,6% y borra de golpe más de 300 puntos, hasta situarse en los 19.412,7 enteros. Además de las dudas internacionales, la corrección responde al castigo sufrido por la banca.

Tras casi seis años en los que el sector financiero europeo acumula una revalorización bursátil del 285%, los inversores se han vuelto mucho más exigentes. Cumplir con las previsiones ya no basta; el mercado exige señales de que el ciclo alcista puede prolongarse. Eso es precisamente lo que le ha ocurrido este miércoles a CaixaBank. Pese a elevar un 8,5% su beneficio en el primer semestre, la ausencia de nuevas previsiones ha decepcionado a los inversores. La entidad lidera las caídas del Ibex con un descenso del 7,12%, su peor sesión desde el anuncio de los aranceles de la Casa Blanca en abril del pasado año, y arrastra al conjunto del sector con recortes que van desde el 4% de Unicaja al 1,85% de BBVA.

Si Wall Street se mueve al ritmo de las grandes tecnológicas, la Bolsa española sigue haciéndolo al compás de la banca. Años de beneficios récord, la resistencia de los márgenes pese a la moderación de los tipos y una atractiva retribución al accionista han alimentado un rally que ha elevado el peso de las entidades en el Ibex hasta convertirlas en uno de sus principales motores. Por eso, cuando el sector pierde fuelle, el castigo se deja sentir con especial intensidad en la Bolsa española.

El recrudecimiento de las tensiones llega en un momento de creciente fatiga para la renta variable europea. El Cac francés, lastrado por la persistente debilidad del sector del lujo, cede un 0,6%. Un recorte similar registra el Euro Stoxx 50, mientras el Dax alemán y el FTSE británico logran despedir la sesión con cambios mínimos. Tampoco Wall Street logra sacudirse la incertidumbre. La ausencia de señales claras sobre los próximos movimientos de la Reserva Federal mantiene a los inversores en vilo. En una jornada marcada por la volatilidad, el Dow Jones retrocede un 2,2% y el Nasdaq, un 1,7%.

Aunque EE UU cuenta con una mayor autonomía energética que Europa, su economía tampoco escapa al riesgo de un repunte de la inflación. Y justo cuando el encarecimiento del crudo añade presión, Wall Street empieza a cuestionar las elevadas valoraciones de su principal soporte en los últimos años: la tecnología. Las compañías del sector siguen aumentando beneficios y batiendo previsiones, pero los inversores empiezan a preguntarse cuándo comenzarán a traducirse en rentabilidad los ingentes desembolsos destinados al desarrollo de la inteligencia artificial.

El escepticismo que despiertan las valoraciones, amplificado por los pequeños inversores y las estrategias de inversión que replican los índices, ha quedado especialmente patente en la Bolsa de Seúl. Pese a presentar unos resultados récord, el fabricante de chips de memoria SK Hynix se ha desplomado un 9,6%. Más allá de la magnitud de la caída, lo relevante es que la compañía protagonizó hace apenas tres semanas la mayor salida a Bolsa de una empresa extranjera en Wall Street. Si ni siquiera una de las compañías llamadas a beneficiarse del auge de la inteligencia artificial logra convencer al mercado, las dudas sobre las elevadas valoraciones del sector cobran aún más fuerza. Los analistas de UBS admiten que el debilitamiento del sector de los semiconductores en las últimas semanas llama la atención. Detrás de este giro los expertos señalan la inquietud por los riesgos de financiación ligados a las multimillonarias inversiones en IA y por la creciente competencia de los fabricantes chinos. La próxima gran prueba de fuego llegará al cierre de los mercados cuando Microsoft y Meta publiquen sus cuentas. (Cinco Días-gema escribano)

 

 

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