¿Cuándo ocurrió y se inició el proceso de descomposición social, que ahora arropa a este país y a sus ciudadanos y al parecer, sin que hubiese manera alguna de detener y extirpar?
Desde aquel día y año 1978, cuando desde la estación la Zeta 101 un grupo de comunicadores y dirigidos por un periodista del área deportiva, que luego se convirtió en uno de los peores difamadores impenitentes que ha dado el periodismo nacional, empezó un popular programa de opinión mañanero en el que, el insulto, la procacidad, la inmoralidad y la falta de decencia, fueron los parámetros utilizados para hacer despojar a la audiencia del mínimo concepto de civilidad y buenas costumbres y en su lugar, imponer ese periodismo amarillista y rastrero que, entre aterrorizar y despertar los peores instintos humanos, hizo de la depravación el sello indeleble del periodismo de ahora y el que a su vez, se transformó en este otro urbano y de influenciadores en internet, que ha roto todos los niveles de insultos y falta de consideración hacia la dignidad humana.
Afortunadamente, la radioemisora citada, su dueño logró lo que se creía impensable, de recuperarla moralmente y hacerla ahora un vehículo de comunicación y sana exposición y en el que los debates no descienden a los niveles de inmoralidad del pasado y su nueva dirección, en la persona del periodista José Luis Mendoza y el equipo que le acompaña, ofrece doctas lecciones de formación cívica y urbanidad y periodismo abierto e independiente y como debe de ser.
Pero de que esa radioemisora fue el germen del desorden comunicacional que ahora existe y que como cáncer que hubiese hecho metástasis ha terminado por desarrollar un relevo generacional que le ha dado de a duro a la educación de hogar y perturbando la formación de las nuevas generaciones populares y en particular barriales, no hay manera de que ese pasado se pueda ignorar.
Todavía más, la inversión de valores morales en este sector ciudadano tiene ahora como exposición, una plataforma en internet y en la radio, que con la etiqueta de “alofoque”, que es una forma peculiar de hablar con desparpajo y total vulgaridad y la que de acuerdo con Wiki Dominicana: “El término “Alofoke” es empleado por los dominicanos para hacer referencia a una acción que es tomada a la ligera y sin pensar en las represalias que esta puede tener. En un intento de españolizar la palabra inglesa “Fucker”, surgió esta jerga dominicana. Otras formas de escribir esta palabra son: A lo foker, a lo foke y alo foker.”
Es decir, hablando en la manera del tigueraje barrial: perrería total que tiene su mayor expresión en un joven dominicanyork, que por múltiples razones no puede entrar a EEUU y quien ha creado una especie de tribu de seguidores de hablar descompuesto y conductas extravagantes realmente de gran inmoralidad y cuyos miembros compiten en ser lo más indecentemente posibles y reforzados por un cantante urbano puertorriqueño que invirtió en la compra de una radioemisora capitaleña que entregó su gerencia al joven mencionado y quien además, posee una marca de cerveza domestica que vía una red de antros y discotecas donde se reúne la plebe adinerada barrial, dan riendas a las peores de la bajas pasiones.
A todo esto, lo más significativo ha sido, que este grupo de lumpen, entendiendo que la vulgaridad es su arma de reglamento para corromper las juventudes barriales, se han llegado a creer que todo les está permitido y que la ley de expresión y difusión del pensamiento se la pueden meter en sus bolsillos y arrinconar al resto de la sociedad.
Afortunadamente, el organismo supervisor de la expresión electrónica, logró llamar a capitulo al sujeto mencionado y por ahora, parecería que su desenfreno “ablativo” ha tenido que modificarlo o de lo contrario, el peso del poder del Estado se le impondría sin consideraciones y sin importarle a la autoridad nacional, lo que de votantes pudiera significarle en pérdidas al partido de gobierno y ante lo previsible, que de ocurrir el accionar oficial, esta tribu de indecentes y vulgares opinantes, ataque sin misericordia a la primera autoridad y representación del Estado.
De esta manera, el resultado de la radio de la procacidad y el insulto iniciado en el 1978 con la Zeta 101, ha tenido su culminación en la radio alofoque de depravación absoluta en el 2023 y llegándose al punto, de que, por primera vez, la población da muestras de no compartir semejante insulto a la dignidad humana.
Por ejemplo, la mayoría de los jóvenes que siguen o se deleitan con este tipo de inconductas, tomaron para sí la calle 42 del barrio Capotillo y encontrándose, con que de buenas a primeras, los comunitarios de un barrio en donde habitan tantas personas y familias decentes y trabajadoras, empiezan a mostrar firmeza rechazándoles y comenzando por esos tugurios de perversidad y mala muerte de antros de inmoralidad total que abren las veinte y cuatro horas del día y en los que, es verdad que la fuerza pública y tampoco la autoridad como tal no pueden entrar y menos, darle corte a las bacanales y desafueros que en ellos se generan y en donde lo peor de lo peor en materia de drogas, sexo y crimen, subyacen sus pasillos y salones a oscuras y entre cuerpos semi desnudos de los parroquianos que a ellos van.
Debido a estas “experiencias” tan perturbadoras para la ciudadanía, es que también tenemos que hablar de la importancia del relevo en la sociedad cuando la generación que llega está formada en valores morales y de alta civilidad y lo que atestigua el relevo político actual y en la persona del mismo presidente Luis Abinader.
Lo contrario, es lo otro: Grupos urbanos de pura plebe y sinvergüencería a los que nos hemos referido y que para POR EL OJO DE LA CERRADURA y junto a otros medios, políticos y periodistas y actores sociales, dimos todo con tal de que el relevo generacional nuevo sea mucho mejor que el tan fructífero y decente que protagonizamos y quienes ahora vemos con azoro, el fenómeno de amoralidad a gran escala que existe.
En este aspecto, siempre se ha dicho que cada generación trae sus valores y su propia manera de como ver y entender la vida y lo que se respeta, pero no, que la decencia sea subyugada y que las nuevas generaciones entiendan que puedan tirarle a los demás una cubeta de excrementos y sin esperar consecuencias por su depravado proceder y que es la razón del porque recordamos que el resultado de la radio de la procacidad y el insulto iniciado en el 1978 con la Zeta 101, ha tenido su culminación en la radio alofoque de depravación absoluta en el 2023 y lo que debe y terminantemente cesar o moderarse y hasta saber respetar a los demás. Se necesita que este país y su sociedad se higienicen, que se haga una cruzada moral. (DAG-OJO) 17.06.2023





