El sector de los cruceros encara una de sus semanas más delicadas desde la pandemia. La celebración en Egipto de una cumbre la que participan líderes de las principales navieras coincide con un doble foco de incertidumbre: el colapso en el estrecho de Ormuz, que amenaza las rutas marítimas clave, y la crisis sanitaria que ha derivado en una cuarentena a bordo del buque MV Hondius, de la compañía Oceanwide Expeditions, afectado por un brote de hantavirus que mantiene en alerta a las autoridades españolas ante su posible llegada a Canarias.
En este contexto, el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) reúne desde el próximo jueves y hasta el sábado a líderes políticos y empresariales del sector a bordo del crucero Crystal Serenity durante su tránsito por el Canal de Suez, una de las rutas alternativas a Ormuz.
La cita, organizada junto al Gobierno de Egipto, se plantea como una plataforma clave para coordinar respuestas en un momento crítico, donde confluyen tensiones geopolíticas, riesgos sanitarios y desafíos estructurales para la industria turística global.
Desconfianza por Ormuz
El evento llega marcado por la creciente inestabilidad en Oriente Medio. El estrecho de Ormuz, paso estratégico para el comercio energético y marítimo mundial, sufre un colapso parcial que está alterando rutas comerciales y encareciendo los costes operativos de navieras y cruceros. Aunque el Canal de Suez sigue operativo, el aumento de la percepción de riesgo en la región impacta directamente en las decisiones de las compañías y en la confianza de los viajeros.
Fuentes del sector reconocen que la situación recuerda, en menor escala, a crisis anteriores donde la geopolítica condicionó el turismo marítimo. Sin embargo, destacan que la resiliencia del sector será uno de los ejes centrales de la cumbre, donde se debatirá cómo reforzar la coordinación entre gobiernos y empresas para garantizar la continuidad de las operaciones.
A este escenario se suma una crisis sanitaria que ha encendido todas las alarmas. El MV Hondius, un crucero de expedición que partió el pasado 20 de marzo desde Ushuaia, permanece en el Atlántico tras ser rechazado por Cabo Verde por motivos de «seguridad pública nacional». A bordo viajan cerca de 150 personas de 23 nacionalidades, incluidos 14 españoles.
El buque está afectado por un brote de hantavirus, una enfermedad poco frecuente pero potencialmente grave, que ya ha dejado al menos tres fallecidos y siete casos detectados -dos confirmados y cinco sospechosos-, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Entre los afectados figura un ciudadano británico evacuado a Sudáfrica en estado crítico y una mujer neerlandesa que falleció tras ser trasladada a Johannesburgo.
La posibilidad de que el barco atraque en Las Palmas de Gran Canaria o en Santa Cruz de Tenerife ha activado un dispositivo de seguimiento por parte de las autoridades sanitarias españolas. Aunque no existe confirmación oficial sobre su destino final, el caso ha generado inquietud tanto en el sector turístico como en las instituciones públicas, conscientes del impacto reputacional que podría tener un episodio de estas características en un destino clave como Canarias.
El hantavirus, transmitido generalmente por roedores, no suele asociarse al turismo marítimo, lo que añade un componente de excepcionalidad al caso. No obstante, expertos subrayan que la globalización de los viajes incrementa la probabilidad de aparición de episodios sanitarios inesperados, obligando a reforzar los protocolos de prevención y respuesta.
Mensaje de confianza
La coincidencia de ambas crisis geopolíticas coloca a la cumbre del WTTC en el centro de todas las miradas. El encuentro abordará cuestiones como la facilitación de viajes, la escasez de talento en el sector, el turismo de alto valor y la gestión sostenible de destinos, pero inevitablemente estará marcado por la urgencia de responder a los desafíos actuales.
Desde la organización se insiste en que el evento pretende enviar un mensaje de confianza en la región y en la capacidad de recuperación del turismo. Egipto, anfitrión del encuentro, busca consolidarse como uno de los destinos emergentes en la nueva fase de crecimiento del sector, apoyado en inversiones estratégicas y en su posicionamiento geográfico.
La industria de cruceros, uno de los segmentos más dinámicos del turismo en la última década, se enfrenta a un entorno cada vez más complejo, donde factores externos como conflictos internacionales, crisis sanitarias o restricciones regulatorias pueden alterar de forma abrupta su actividad.
A corto plazo, la prioridad pasa por garantizar la seguridad de los pasajeros y contener cualquier riesgo sanitario. A medio y largo plazo, el reto será reforzar la confianza en un sector que, pese a su probada resiliencia, sigue expuesto a un entorno global cada vez más incierto. (La Razón-hmontero)





