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Entre improsultos y sicofantes, urbanos deslenguados y gente decentes pero cobardes y acorraladas y una clase gobernante de todo un poco

Cuando se hace un análisis concienzudo del porque la vida de los dominicanos es una lo más parecida a un desorden social impuesto por un nuevo tipo de delincuente entre social y juvenil y la importada de EEUU y en el que la pequeña burguesía ha entendido que en su afán de escalar socialmente, no hay frontera que no pueda ser violentada o dignidad personal que haya que sacrificar, será imposible que la sociedad de ahora pudiera ser vista como el arquetipo de un ejemplo a seguir.

Debido a este fenómeno ciudadano tan lacerante y por la pérdida del respeto a la civilidad, decencia, buenas costumbres y amor propio de los mismos ciudadanos, esta República ha caído dentro del entramado vergonzoso de una clase política delincuencial que rivaliza con el brote de juventudes sin norte, que entienden, que diciendo lo peor e insultando a quien sea y desde esa radio nueva en internet y tantos opinantes desenfrenados y a más descerebrados, mayor el atrevimiento en sus muestras patéticas de incultura y fomento de la anarquía social, parecería que moralmente este es un país en quiebra moral y difícil de rehacer o reestructurar.

De esta manera y sin muestras decentes de ciudadanos que seguir, la ciudadanía es bombardeada por lo peor del gansterismo social reconvertido en cartel mafioso que desde los medios de comunicación y de información de masas, deforma cada vez más y al parecer irreparablemente la mentalidad nacional.

Y lográndose que nada sea lo que parezca. Por ejemplo, con un gobierno que al parecer su palabra ya no es confiable y con una clase gobernante cada vez peor, que, en su lucha por apropiarse de todo, no repara en nada y empujando a más juventudes hacia un mecanismo de perversión de las costumbres y de la corrupción social, que ni siquiera ofrece alternativa alguna de que al final pudiera haber una redención moral.

Para colmos, “el efecto PRD” ha empezado a apoderarse de áreas sensibles de la administración pública, cuyos incumbentes entienden que hay que “prepararse para lo peor”, es decir, si el gobierno actual perdiera el poder, por lo que la probabilidad de que se empiecen a perder expedientes, dañar equipos digitales de trabajo o empezar a actuar como facinerosos que lo destruyen y rompen todo en el patrimonio público, apunta hacia una realidad más que mortificante.

Desde luego, decir que ha llegado el tiempo de que las autoridades empiecen a poner y colocar controles burocráticos que impidan tales desafueros, sería lo menos que debería decirse y cuando ya se están viendo terribles muestras de desórdenes administrativos como los que se están conociendo en la dirección de pasaportes o para no hablar de ciertos “baches” en el manejo del ministerio de Obras Públicas, que prácticamente ha caído en lo más parecido a un territorio de piratas por el que se arreglan puentes ya los tres meses hay que volver a gastar millonadas de pesos o carreteras, cuyas vayas de protección están deterioradas en más de un 70 por ciento, en tanto se anuncian contratos millonarios de reparación y los que parece que son dineros que caen en un barril sin fondo y que es el caso de las instalaciones del acuario nacional, donde los peces no se ven por lo turbio de las aguas en las que viven y parecería que a nadie, nada de lo anterior le importa.

Es por eso, que da lástima ver como el presidente de la República va de un lado para otro y como bombero que quiere apagar fuego, mientras la mayoría de sus subalternos a nivel de altos cargos se ríen de sus empeños, mientras aparentan una sumisión extremadamente fingida.

También  es la razón del  porque hablamos, de que entre atrevidos y descarados, calumniadores y delatores, el mundo político se desenvuelve y detrás suyo, ese ramal empresarial y financiero altamente delictivo que se cobija como “clase gobernante”, mientras sus medios de comunicación, periodistas y opinantes, hacen lo imposible para degradar mucho más la vida ciudadana y al extremo, de que los antivalores le han sido impuestos, a unos ciudadanos, quienes en su desesperanza no saben ya que conducta asumir o que comportamiento honesto le podría ser permitido y mientras el bandolerismo se esparce por doquier y al mismo tiempo que la policía se ha convertido en un brazo brutal de coerción, delito y terror.

Naturalmente, porque haya tanta sinvergüencería a gran escala y las redes sociales se hayan convertido en lo peor de la sociedad, en tanto opinantes deslenguados y sin freno moral se apoderan del nuevo tipo de estación radial para manejo en internet, con todo ello, todavía lo mejor de la nación se resiste a entregarse de plano y por eso de las tantas muestras de gente decente y rebelde a la plebe de los teteos, los botellones, los antros de pura droga y perversión y a ese bandidaje empresarial disfrazado en líneas generales como suplidores del Estado y en donde todas las inconductas son posibles.

Se ha llegado tan lejos, que no hay religión y de la denominación que sea, que hasta ahora hubiese podido enfrentar tanta perversión y delincuencia a gran escala y cuando hasta hay obispos y pastores que han claudicado vergonzosamente frente a sus votos morales como guías de la sociedad.

Pese a todo, creemos que los dominicanos no debemos dejar morir el optimismo, el tener fe en nosotros mismos, en nuestras potencialidades, el entendernos personas de bien, no obstante, la terrible ola de desvergüenza e inmoralidad que arropa a la sociedad y que por momentos, empuja a la claudicación servil del que entiende que su dignidad debe dar paso al desenfreno y a la falta de perspectiva razonable de como volver a ser un ciudadano de bien.

Solo hay que ver, que, si se quiere renacer el espíritu, debemos detenernos en los miles de personas que trabajan y quienes pese a las dificultades, también estudian y se preparan en universidades, centros tecnológicos y se empeñan en ser mejores ciudadanos y en ser útiles a su país y que entendemos, es en donde se encuentra el capital humano positivo, que, pese a las dificultades del momento, será el responsable del renacer de lo mejor del dominicano y lo que nos provoca alentar tal comportamiento y continuar teniendo fe, en las fuerzas naturales e increíbles de los mejor de nuestra nación.

Justo por ello, es por lo que entendemos, que hay que hacerse una autocrítica general, mediante la cual, todo cuanto perturba y aniquila la moral y la educación de hogar y porque un grupo de depravados, entre improsultos y sicofantes, urbanos deslenguados y gente decente pero cobardes y acorraladas y una clase gobernante de todo un poco que nos ha secuestrado el libre albedrío y aun así, debemos y tenemos lo mejor del país y para erradicar lo malo que perturba y ya mismo, hay fuerzas sociales decididas a rescatar la nación. La campaña electoral es la muestra terrible de lo que decimos. Y es que, pese a todo, todavía hay patria. (DAG) 19.06.2023

 

 

 

 

 

 

 

 

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