miércoles, mayo 13, 2026
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Ese gen dominicano del autoritarismo, la opresión y la negación a la libre expresión, por el que los mismos dominicanos estamos destruyendo nuestra nación

¿Cuál es la razón de que 63 años después del paso de la dictadura desarrollista de Trujillo a la democracia corruptora que se tiene, en este país la mayoría de los dominicanos no han aprendido a respetar el derecho del otro a que este exprese su libre expresión y también su disentimiento?

¿Qué fenómeno social es el que impide que, en este país, el problema corrupción ocupe el casi último lugar en las encuestas y porque la gente prefiera adentrarse en su día a día y convencidos tantos, de que los políticos son una partida de indeseables y corruptos que han destruido la credibilidad moral del Estado?

¿Cómo se puede justificar que tres generaciones han pasado en estos 63 años y de golpe, nos encontramos con un retroceso moral tan grave a nivel ciudadano, que, parecería que el enriquecimiento ilícito va parejo con el consumo y tráfico de drogas ilícitas, el lavado de activos, la prevaricación y el saqueo general de la sociedad, más lo nuevo de esa prostitución a nivel general que abarca jóvenes, maduros, de mediana edad y hasta ancianos?

Pero hay más, ¿a qué se debe, que las llamadas “instituciones tutelares”, todas las castrenses, han sido convertidas en uno de los peores nichos de degradación inmoral institucional y ahora con esa muestra tan endemoniadamente precisa de contrabando de municipios y de armas, trata y tráfico de personas, comercio migratorio ilegal en base a inmigrantes ilegales haitianos y ni hablar de todo tipo de inconductas y también del clandestino mercado sexual gay?

¿Qué razones se pueden dar para siquiera medianamente entender que la policía es el peor antro de corrupción, crímenes por encargos y violencia desde el poder y con prácticas nocivas y propias de un estado policiaco brutal? Y hablando de mercado sexual y su tráfico de influencias, ¿Qué justifica que los funcionarios públicos y desde el presidente de la República hacia abajo, la norma de sus inconductas es descalabrar matrimonios y tener tantas queridas o queridos siempre y cuando el dinero del Estado lo permita y como fase emblemática de ese comercio y tráfico sexual desde el poder?

Hay más. ¿Qué razones pudiera haber para que la empleomanía pública y a todos los niveles, sino recibe sobornos, no hay papel o diligencia que pueda realizarse en toda la administración pública y en todos los poderes del Estado? ¿Cómo se puede justificar esa barbaridad, de que 11.5 millones de dominicanos no poseamos nuestra cedula de identidad y electoral?

¿Y qué decir de la última expresión de corrupción empresarial y política y como es esa de la conflagración en la discoteca Jet Set donde hasta ahora 235 personas fallecieron y más de 100 quedaron heridas y cerca de 80 desaparecidas y un mes luego nadie está preso o ni siquiera interrogado, mientras el gobierno impone controles para que el ministerio público no actúe y reforzándose de ese modo el criterio que cunde, de que la tragedia fue hija de discordias y choques entre miembros de una familia de alto poder económico y financiero?

Desde el momento que se hacen las preguntas anteriores y surge lo más lastimoso, que no hay respuestas de corrección y porque la República, la irresponsabilidad ciudadana la ha convertido en un gran burdel en donde la gente seria, decente y de educación de hogar no tiene espacio y si esto no es verdad. ¿Cómo se justifica, que tanto el Poder Legislativo como el Poder Ejecutivo toleran y hasta auspician por corrupción, que capos del narcotráfico y representantes de bancas de apuestas y de loterías  y algunos sacados de las mismas cárceles en las que cumplían condenas, se les vea como legisladores y altos cargos en el gobierno?

Naturalmente, si la gente a nivel de clase media baja y de pueblo no cae o no quiere caer en cuenta de que la corrupción que ahoga a la República es hija y propiciada por las 38-48 fortunas más grandes de esta economía  y que esto es la razón de la existencia de esa delincuencia juvenil más que apabullante y la otra disfrazada desde ciertos lupanares mediáticos que han tomado por asalto la libertad de expresión, que los dueños del dinero auspician veladamente y para justificar todas sus inconductas, ¿habría que pedir la intervención divina para quitarnos tanto libertinaje y que inclusive, abarca todas las iglesias y sus religiones?

Sin embargo, ¿qué es lo que impide -por lo menos hasta ahora- que en la República Dominicana no se dé la necesaria revolución moral que pudiera reconducir a la nación por caminos y destinos mejores?

Una sola respuesta: La no existencia de un sistema mediático genuinamente libre e independiente a los ricos que lo financian y que al no existir, se carece del instrumento corrector social que, sirviendo de contrapeso, obligaría a que los poderes públicos se ciñan a derecho y el empresariado como el gobierno no continúen funcionando en ese maridaje encubierto de asesinos y capos.

Véase si esto es así, que Abinader – a juicio de muchos- uno de los presidentes más corruptos y corruptores que el país tiene y mucho mas que los tres expresidentes que junto con él tienen 29 años depredando a este país y corrompiéndolo de arriba abajo, desesperado porque sus inconductas son cada día más visibles y que como gobernante es un desastre de inmoralidad, en complicidad  con lo peor de ese periodismo compuesto por pequeños burgueses depredadores que saben lamerle los zapatos a los barones mediáticos, ha dado curso a un abusivo y desconsiderado proyecto de ley mordaza dirigido a  aplastar la libertad de expresión en todos los medios independientes en las redes sociales, que si fuera aprobado, la clase gobernante se arriesgaría  a un rechazo general tan agudo, que esta democracia corrupta y como tal estará a un tris de desaparecer.

Porque si el afán es que en el país haya un periodismo profesional, de academia o empírico, lo correcto sería fortalecer las leyes existentes (tecnología y 6132) y Abinader exigirle a su Congreso Nacional, que saque de las gavetas en donde el poder económico y también el político tienen escondido el proyecto de reforma del Código Penal y para que de una vez y por todas el estado de derecho se restablezca y ya con una justicia genuinamente independiente a todos los poderes y habiéndole entregado el Poder Ejecutivo su presupuesto anual, en este país se pudiera llegar a un nuevo amanecer institucional, legal y moral que lo reordene todo.

Pero en vez de hacerlo, Abinader y los miembros del Consejo Nacional de Competitividad, en realidad no quieren que nada cambie y para que todo continúe igual y si no es así, ¿porqué en vez de pretender una ley mordaza, no se procura que los medios de comunicación y de información de masas que califiquen, sobre todo los escritos, corrijan su quehacer y se afilien a la iniciativa Journalism Trust Initiative que acredita al periodismo de calidad y que es la revolución institucional que el verdadero periodismo está abrazando en todo el mundo?

Pero ¿y porque no lo hacen?, porque la certificación de la Journalism Trust Initiative se entrega a los medios que cumplen elevados estándares de calidad y luchan contra la desinformación (hasta ahora ninguno dominicano) y como nos lo recuerda el respetado matutino español La Razón y quien explica, que ha tenido “que sumarse a esta nueva tendencia, para tratar de invertir la tendencia de los últimos años, en los que el caos informativo, las noticias falsas, la propaganda, los discursos de odio, la inteligencia artificial y los mensajes distorsionados de las redes sociales han provocado un desprestigio tanto para la profesión como para la sociedad. La lucha contra la desinformación implica al público, pero también a las empresas como anunciantes o distribuidores, todos responsables de marcar diferencias entre fuentes fiables de calidad e informaciones dudosas. La JTI facilita esta distinción gracias a un mecanismo transparente, normativo y legible por los algoritmos.”

¿Pudieran los barones mediáticos, apuntarse en esta nueva tendencia renovadora del periodismo para estos tiempos y dejar de utilizar sus medios como si estos fueran sus armas de reglamentos en base a los cuales fomentan la corrupción y como mejor mecanismo para enriquecerse sin importar leyes que violentar o que gobierno someterlo a sus designios?

¿Habría oportunidad para que las ocho fortunas más grandes y decisivas de esta nación y por el poder mediático que las acompaña, nos referimos a los señores: Pepín Corripio, José Ricardo Fábrega, Juan Manuel Alejandro Grullón, José Miguel González Cuadra, Felipe Vicini, Juan Bautista Vicini Lluberes, Frank Rainieri y José Miguel Bonetti Guerra, pudieran hacer hasta lo imposible para que nuestra nación pueda ser moralmente rescatada? Directamente, apelamos al que entendemos más racional y con sentido común: José Ricardo Fábrega.

Todo lo anterior también tiene un principio de una sola respuesta, que, debido a ese gen dominicano del autoritarismo, la opresión y la negación a la libre expresión, por el que los mismos dominicanos estamos destruyendo nuestra nación. Con Dios. (DAG) 23.05.2025

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