miércoles, mayo 18, 2022
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Ese increíble egocentrismo de choferes seudo de izquierdas actuando como pandilleros que solo entienden su propia ley empezó a llegar a su fin, con o sin “pacto de guerra”.

Por años y debido al bandolerismo político, todo un sindicato de choferes que siempre funcionó como tropa de choque de determinados partidos políticos y en particular del PRD como también del PRM y viendo que sus tiempos de pillaje político tocan a retirada y tanto, que en esta oportunidad y de tan debilitado que está, no pudo hacerle frente a las pretensiones gubernamentales de cese de imponer sus prácticas de terrorismo urbano.

En razón de esa situación objetiva y viéndose que en definitiva, los tiempos avanzan y los años pesan y sobre todo, que nuevas generaciones tocan a sus puertas y la minoría de dirigentes ancianos deben empezar por relegarse y pasar a retiro, más el detalle, de que después de cuatro décadas imponiéndose en calles y carreteras con sus tropas de choque  conformadas por pandilleros barriales, aquellos periodistas “izquierdistas” y sus medios dentro de la prensa tradicional mercancía que les han apoyado, ya no se encontraban en posiciones de continuar ofreciéndoles seguridad mediática.

Ayer y como medida desesperada de por lo menos quedarse con lo poco de territorio operativo que la entidad choferil y pandillera, Federación Nacional de Transporte Nueva Opción (Fenatrano) aun retiene, su dirigente principal y propietario, Juan Hubieres,  se vio en la obligación de ceder ante la firme posición que el presidente Luis Abinader debió de adoptar a través del  Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) y con el objetivo de que Hubieres y su grupo cesen en sus agresiones abusivas en contra del corredor administrado por Alfredo Pulinario, alias Cambita y de la decisión gubernamental de abrir corredores de tráfico en diferentes avenidas capitaleñas y para que estos sean operados por otros sindicatos y agrupaciones choferiles sin  ningún tipo de monopolio o exclusividad.

Y no era para menos que el gobierno actuara con firmeza contra este grupo de agitadores que habían hecho del tránsito urbano de autobuses y automóviles, lo más parecido a un grupito de poder que funcionaba por medio del terror y el que en muchas ocasiones, no solo infringió serios daños a vehículos de otros sindicatos, sino que también no dudaba en actuar de manera tan desproporcionada a favor de sus intereses, que testigos ha habido, que les imputan acciones filibusteras de asesinatos a mansalva y sin que hasta el momento, a sus responsables se les hubiese llevado a juicio de fondo ante los tribunales de la República.

En este sentido, el reino de terror de más de treinta años que Fenatrado tuvo a su dominio, permitió y por la cobardía de autoridades anteriores, que el Estado experimentara pérdidas económicas por el orden de más de 500 millones y este cálculo, sin sumarle los 1,500 millones de pesos que se perdieron en préstamos no pagados y bajo el supuesto de cambio de vehículos viejos por nuevos y que ocurriera en los tiempos del gobierno de Hipólito Mejía en el cuatrienio 2000-2004.

Así los hechos y dado el poder de fuerza que Hubieres y su grupo exhibían y todavía sintiéndose sus últimos episodios de destrucción de autobuses nuevos y para que no circularan en el corredor del noreste capitaleño de la avenida Charles De Gaulle, fue muy descriptiva la manera de cómo el gobierno pudo reducir al díscolo grupo terrorista del transporte y calificando el pacto, que se entiende ayer fuera firmado, cómo de “cese al fuego" y que al aceptarlo Hubieres, automáticamente admitió a razonamiento a contrario, que su grupo de pandilleros del volante era el que ocasionaba los destrozos de los vehículos de otros sindicatos en la citada avenida.

También es menester caer en cuenta, de que el filón del filete que Fenatrado también peleaba, era el de los miles de galones de combustible que prácticamente el Estado facilita para que “la industria” del transporte público de pasajeros operara sin costos operativos fuera de presupuesto y lo que permitía, de acuerdo con contrarios a Hubieres, que este y su grupo tuvieran unos márgenes de beneficios realmente chocantes como extremadamente abusivos y sin pagar impuestos.

Desde luego, Hubieres no aceptaría así no más “el cese al fuego” sin que antes su aparato de prensa hiciera saber cuál era su postura y criterio sobre este particular y que no fue otro, que el de presentarse en rueda de prensa, como la paloma blanca que de continuo siempre era supuestamente agredida y que, si ahora pactaba, se debía a su supuesto interes en “evitar que se desencadenara una gran tragedia”.

Otro punto, no se tienen pruebas palpables de que las imputaciones contra Hubieres y su grupo se correspondan a hechos ciertos y por lo que los señalamientos de pandillerismo y crímenes gremialistas no son sostenibles y que, por el pacto firmado, habría que darlos por no ciertos.

Sin embargo y conociendo el pasado de desalmados y de corte antisocial de los seguidores del exdiputado, el pacto ahora firmado hay que entenderlo como una probabilidad para una etapa nueva de paz gremial y no porque Hubieres no controlara a su grupo, sino porque hasta ahora y hablando en dominicano, el tigueraje (lumpen social) que le acompaña, no ha sido dado a respetar acuerdos y mucho menos a aceptar el poder del Estado como mediador garantista de la paz social.

Consecuentemente, creemos que lo más prudente es otorgarle el beneficio de la duda y más como tregua táctica, que como accionar estratégico de contención y si se recuerda, que el líder político de Fenatrano es la imagen del político, guerrillero y terrorista Che Guevara y que se coloca en cada vehículo de su sindicato La Nueva Opción, como la expresión palpable a destiempo, de aquel fracasado comunismo a la cubana, de la pasada Guerra Fría.

Mientras tanto, hay una realidad, el ex sindicalista Alfredo Pulinario, alias Cambita, logró el objetivo presidencial de romper el monopolio de Hubieres y Fenatrano y al hacerlo, facilitó las cosas y para que definitivamente toda la nación entendiera, que el poder que se le atribuía a Juan Hubieres había llegado a su fin. Ahora, solo debe esperarse que el Intrant haga respetar el pacto firmado y para que dé una vez y por todas, la nación entienda que ese increíble egocentrismo de choferes seudo de izquierdas actuando como pandilleros que solo entienden su propia ley, empezó a llegar a su fin, con o sin “pacto de guerra”. (DAG)

 

 

 

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