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Evidentemente que la culpa de la gran inundación no es del gobierno, pero la responsabilidad de resolverla sí y para eso no hay que chismear y tampoco irritarse y sí enfrentar la realidad

Es atendible y como se vio ayer por un video “capcioso” publicado por el matutino El Nuevo Diario, cuya cabeza es el presidente de la Asociación de Diarios, que y concretamente, el presidente Luis Abinader no tiene la culpa del desastre medioambiental provocado por una inundación real del Gran Santo Domingo y como no se había visto en los últimos 40 años.

Pero no lo es menos, que las autoridades y en particular las municipales y tanto en el Distrito Nacional como en los otros municipios adyacentes, no hicieron el necesario trabajo de prevención y habida cuenta, que el excelente servicio meteorológico avisó con setenta y dos horas de antemano lo que vendría debido a una fuerte desestabilización atmosférica.

¿Qué era lo primero?, limpiar los imbornales en la mayor cantidad de calles en donde la experiencia indicaba que con las lluvias estas se inundaban. No se hizo. Lo segundo, que tampoco hubo una respuesta correcta de esos ayuntamientos y mientras a la alcaldesa capitaleña y en su evidente incapacidad e incompetencia le dio por caminar calle arriba y calle abajo haciendo creer que se interesaba por el problema que se le vino encima a la capital, el colega suyo en Santo Domingo Este no se dejó ver, aunque el de Santo Domingo Norte dio la cara e hizo lo que pudo.

Ahora bien, lo fundamental fue, que en el gobierno no hicieron caso a las advertencias de Meteorología y por eso el fenómeno natural le agarró “asando batatas”. Repuesto de la sorpresa, sí hay que hacer notar que la respuesta presidencial fue rápida y oportuna y buscando como resolver sobre la marcha, la grande como grave inundación que a todos se nos venía encima.

En este aspecto, el presidente Luis Abinader actuó con presteza y como se esperaba de su conocido dinamismo: Canceló su agenda en tres provincias y convocó a lo inmediato una reunión de emergencia con todos los organismos oficiales que debía enfrentar la situación.

Por nuestras fuentes, se nos confirmó, que efectivamente Abinader se dio la piel buscando como y dentro de lo malo, sacar lo mejor en materia de soluciones rápidas y si se quiere efectistas, como también se le vio un tanto irritado con alguien que se le acercó y por lo visto, creyendo que el primer mandatario tenía una varita mágica para resolver todo en un santiamén.

De ese modo sucedió su reacción un tanto crispante y que se comprobó en el capcioso video que el presidente de la Asociación de Diarios y del matutino END y con muy malas pulgas, hizo que se publicara y sabiendo el efecto negativo que tal imagen provocaría y en muchos  que solo están a la oportunidad de que se presente una situación por la que se pudiera entender que Abinader no podía enfrentar la anómala y sorpresiva situación y que es una “nota interesada y de periodismo independiente” que se publicó con el interés de hacer quedar políticamente mal al mandatario.

Hubo luego, lo otro, del desafortunado “choque de ideas” de la senadora en el Distrito Nacional”, Faride Raful, conocida por todos como “la senadora del presidente”, la que de inmediato le salió al paso a unas pobres declaraciones del exalcalde Roberto Salcedo y quien tuvo 14 años en el cargo y donde se caracterizó por una gestión realmente mediocre, cuando lo que procedía, era que ese tipo de espectáculo de tú me dices y yo te digo, fuera lo último que todo el mundo quería escuchar y en momentos que todo el mundo buscaba como protegerse del diluvio que caía y del maremágnum que este provocara.

Para colmos y espontáneamente, dueños de yipetas en los barrios populares, salieron junto a un grupo de tigueres (jóvenes de barrios) a hacer lo que la autoridad municipal no se le ocurrió hacer: Utilizar sus vehículos para sacar la mayor cantidad de vehículos bloqueados por las aguas y de ese modo despejar las calles inundadas. A esta mañana ninguna autoridad municipal les dio las gracias por tan espontáneo y cívico gesto.

Quedó lo otro, de que, conociéndose que los organismos oficiales de ayuda y asistencia humanitaria inmediata, que tienen sus almacenes llenos de todo y que por lo tanto podían de inmediato lanzarse a los barrios, sus ejecutivos, más se preocuparon por el penoso aspecto mercurialista de aprovechar para solicitarle a la autoridad nacional, peticiones desproporcionadas de compras masivas “de emergencia” y lo que no se entiende, toda vez que en sus almacenes tienen lo suficiente para regalar y socorrer. Pero está visto, que cierta gente política y de mañas inveteradas para aprovechar tragedias humanas, el afán de lucro rompe todo sentido de las proporciones.

Ya al caer la tarde, Abinader terminaba la reunión palaciega y para dirigirse a la periferia capitaleña, no a todos los barrios, pero sí uno que otro y en donde la gente pudo comprender que el presidente buscaba la manera de socorrerles e indagar sobre el ánimo de todos. Contrastando con el penoso video y haciéndole ver como que caía en ridículo, en su visita y al contrario, la gente comprobó que Abinader estaba tenso, pero de buen talante y dando el mensaje oportuno, de que el gobierno no dejaría de socorrerles.

Desde la rabiosa oposición de la Fuerza del Pueblo, su líder se mostró sarcástico y burlón y pretendiendo ridiculizar a las autoridades, diciendo que estas, lo único que saben es improvisar y olvidando Leonel Fernández, que cuando fue presidente y sucedieron las lluvias aquellas que inundaron ríos fronterizos y sobre todo el Blanco, por la incapacidad, incompetencia e improvisación de su gobierno, hubo daños cuantiosos y un rosario de muertos.

Los otros partidos políticos dieron la callada por respuesta y los llamados “grandes”, que reciben los subsidios gubernamentales millonarios y en base a quitarle dinero a los contribuyentes, nadie se dio por enterado de la tragedia y no hubo el más mínimo apoyo o actitud humanitaria de ir a socorrer a la población y en base a los millonarios recursos que tienen en cuentas bancarias.

En resumen, hubo de todo. Pero Abinader y el Gobierno, luego de reponerse de la sorpresa, actuaron con la diligencia y celeridad que las circunstancias imponían. Ahora lo que procede, es que los ayuntamientos limpien los imbornales y que todos extraigamos las necesarias experiencias y para saber que la situación que se presentó, perfectamente que ahora y en lo futuro y en circunstancias parecidas, seguro que volverá a presentarse y por lo que hay que preparar planes de contingencia para largo plazo.

De ahí que en una escala de cero a diez puntos al presidente Abinader haya que darle un ocho y a su gobierno un seis. Pero algo es algo y a la oposición, menos de un tres. Pero sí observando, que evidentemente, la culpa de la gran inundación no es del gobierno, pero la responsabilidad de resolverla sí y para eso no hay que chismear y tampoco irritarse y sí enfrentar la realidad. Con Dios. (DAG)

 

 

 

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