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Gran contrasentido No obstante que en esta nación el servicio militar obligatorio fue abolido en el 1961 ¿ahora viene Abinader y firma con Trump un acuerdo militar de fomento de la guerra y con el pretexto para que los dominicanos peleen por EEUU?

Es muy cierto, entendible y hasta aceptable, que en la relación entre los países, sus gobiernos desarrollen un tupo de política de buenas relaciones y voluntad que contribuyan a fortalecer los lazos de amistad entre estas, por lo que en principio, que el presidente Luis Abinader hubiese aceptado ayer y primero con su presencia y luego y de acuerdo a lo anunciado, con su firma, nuevas políticas estadounidenses dirigidas a buscar “la colaboración desinteresada” de este país en materia de conflictos bélicos comunes o programados. Sin duda que es un gran reto, pero nada que una buena articulación protocolaria no pudiera obtener y sabiendo manejarla.

Sin embargo, cuando lo que se entiende, es que EEUU está buscando, no es una simple colaboración y sí una entrega de voluntades y soberanía para favorecer sus políticas guerreristas, ahora con el pretexto de enfrentar un supuesto enemigo común y tipificado como supuestos carteles de drogas o gobiernos colaboradores con enemigos u adversarios de las políticas estadounidenses de control geopolítico extremo en la región del Caribe como en el resto de América Latina, entendemos, que el presidente Abinader debió de haber sido lo suficientemente cauteloso como para no dar el paso en falso de excederse en sus atribuciones constitucionales.

Pues que se recuerde, República Dominicana tiene y constitucionalmente prohibido, que su gobierno pudiera tener la prerrogativa de iniciar cualquier tipo de movimiento bélico propio y menos de solidaridad con algún aliado, sin que expresamente, el Congreso Nacional hubiese ejercido esa potestad y naturalmente, si previamente la opinión pública hubiese aceptado la delicada iniciativa.

Todavía más, que el presidente hubiese aceptado la invitación a participar en una reunión presidencial colectiva con gobiernos que el estadounidense entiende sus aliados, aunque en la practica los trata como vasallos y para que al final se terminara con una declaración de intención absolutamente belicista y por la que en su momento, esta nación debiera enviar soldados a refrendar lo pactado de manera tan súbita y totalmente ilegal para nuestro ordenamiento constitucional.

Nos parece, que se ha cometido un exceso e incluso, hijo de la especie de chantaje emocional que la Casa Blanca como el Departamento de Estado, hasta ahora han estado utilizado para reforzar la pretensión extemporánea del presidente Donald Trump, de creer que podría reeditar en esta parte del continente americano y como si en verdad el mismo fuera un territorio suyo en materia de dominio y señorío militar.

Al entender esta premisa, de inmediato demandamos del presidente Abinader las suficientes explicaciones y que despejen dudas, pues por lo que hasta ahora ha trascendido, el gobierno estadounidense le tendió una celada o lo mas parecido a la misma y con el pretexto de esa reunión de un grupo de presidentes de naciones latinoamericanas y caribeñas, a los que Trump quiere comprometer en una serie de políticas belicistas en esta parte del hemisferio occidental y si hay posibilidad de más entrega, hasta como asociados directos de su guerra de agresión contra Irán y la que lleva a cabo por su complicidad manifiesta con el sionista Israel y para no hablar de su ambición desmedida por los pozos petroleros en la región, que es el incentivo mayor para todos de esta acción belicista para Trump.

A juicio de muchos, si lo anterior ha sido lo que ha ocurrido, el presidente Abinader se ha excedido en su visita y encuentro con Trump, pues encima de que en este país los ciudadanos no están preparados militarmente y al no existir el servicio militar obligatorio y menos el reclutamiento forzado, debe entenderse como una temeridad, que Abinader haya dado la desagradable impresión de no oponerse a que esta nación sea arrastrada a una serie de conflictos regionales de orden socavador de soberanías, Venezuela es una desagradable muestra, o  lo más extremo, de ser parte activa de un conjunto o escudo de naciones, que como socias de la estadounidense, no les importe a sus gobiernos, meterse en una guerra de agresión, que por su propia naturaleza, empujaría a este país a que la otra parte del mundo la entienda como enemigo.

Es decir, Abinader no tiene derecho a implicar a este país en la hondura de una política belicista, que para los intereses permanentes dominicanos carece del menor sentido, aparte de que la piedra angular de la política exterior dominicana es, la de no inmiscuirse en los asuntos internos de los demás países, se tengan o no relaciones comerciales o de amistad con ellos.

Por eso, creemos y sí como suponemos, ahora EEUU presionará a más a este país para que sea parte activa de su política bélica en el Continente o de alianza diplomática frente a su guerra de agresión contra Irán, que definitivamente y como salvaguarda para nuestra nación, que Abinader debería de entender, que el caso debería de presentarlo ante el Consejo de Seguridad en la ONU y de la que este país es uno de sus socios fundadores, lo que le da un punto de preeminencia para hacer valer sus políticas disidentes o no, a las otras de cualquier otra nación y sin importar el nombre  y posición hegemónica que tenga en el seno de las naciones.

Ya habíamos planteado, que era una decisión atrevida y discutible, que Abinader firmara directa o indirectamente por medio de su ministro militar, una proclamación para coalición militar contra cárteles, al tiempo que nos ha llamado la atención, el silencio, a nuestro modo de ver, cómplice, del liderato político nacional y comenzando por sus tres expresidentes y cuando se conoce, que los tres anteriores mandatarios, son los políticos que realmente controlan el Congreso Nacional y quienes por obligación moral y política, ya debieron de fijar posición y por lo menos, mostrarse como el contrapeso institucional, más que necesario y frente a una realidad oculta: Que si a Abinader se le deja pasar este exceso y que en base a su mayoría parlamentaria arrastre a la República hacia una conflagración internacional, a corto plazo se estaría aceptando que se erigiera en un dictador de facto.

Sabemos, que Trump tiene en la mira, utilizar al Haití descabezado institucionalmente y de hecho, ya ocupado por sus tropas, como la base operativa para su nueva guerra ardid contra Cuba y que sería la prueba “de fuerza y amistad” de Abinader frente a Washington, por lo que no debe desestimarse, que si la reacción dominicana no es la que Trump espera, entonces se vuelque y generando un proceso rápido de desestabilización en este país, que conlleve la caída del gobierno o una nueva intervención militar.

Y no estamos fantaseando y menos, cuando se tiene en cuenta, que desde ayer ya se conoce la nueva iniciativa insólita de la embajada estadounidense, de invitar a los ciudadanos estadounidenses residentes en República Dominicana, a conformar una red de seguridad, con el supuesto de un voluntariado de enlace ciudadano, que entendemos, su único objetivo es conformar un nicho de espionaje de la Casa Blanca  y el Departamento de Estado, independiente a la estación local de la CIA, que como se sabe,  está metida hasta las narices en todo lo relativo a la alta política oficial, comercial, militar  y empresarial, “supervisando” por ejemplo, a los 150 banqueros y subalternos intermedios que son ciudadanos estadounidenses e igual los otros en la Cámara de Comercio “Americana” y ni hablar de los asesores metidos en la parte burocrática del llamado Consejo Nacional de Competitividad, que es el gobierno de facto, que Abinader y con tal de estar bien con Washington, ha dejado imponerse.

No escondemos y como dominicanos, que ya EEUU no es confiable y con Trump menos. Que nos preocupa el recientemente firmado documento militar el pasado jueves, que en el Pentágono fuera firmado por veinte jefes militares e incluido el ministro militar criollo y con el que se compromete la soberanía nacional y se le impone a Abinader un control superior independiente al suyo, sobre el alto mando militar y lo que advertimos con tiempo.

En definitiva, parecería que estamos al tris y como nación soberana e independiente, a perder nuestra condición de tal y por lo que advertimos, que de seguir la nación en silencio y acobardada y el sistema mediático guardando silencio cómplice, la podríamos perder irremediablemente y por eso puntualizamos, que es un gran contrasentido y no obstante que en esta nación el servicio militar obligatorio fue abolido en el 1961, que ahora venga Abinader y firme con Trump, un acuerdo militar de fomento de la guerra y con el pretexto, para que los dominicanos peleen por EEUU. Con Dios. (DAG) 08.03.2026

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