En tiempos de linchamiento exprés, cuando el titular corre más que la prueba y la sospecha se disfraza de certeza, conviene detenerse. Mirar. Escuchar. Y no confundir ruido con verdad. Eso es lo que ha sucedido estos días alrededor de Julio Iglesias, convertido de pronto en diana de un tribunal paralelo que le ha juzgado antes de tiempo. Mientras algunos afilaban adjetivos desde la distancia, en Punta Cana se vive una realidad bien distinta. Lejos del histerismo, Miranda Rijnsburger ha sido –y sigue siendo– el principal apoyo de Julio. No un gesto de compromiso ni una imagen calculada, sino una presencia constante. Ella no entiende nada de lo que ha pasado. Tampoco sus hijos, que han respaldan a su padre al cien por cien.
El desconcierto es real cuando se conoce de cerca a la persona que otros describen desde la sospecha. Quienes hablan con él a diario coinciden en el mismo diagnóstico. Los primeros días fueron de sorpresa e indignación. Nadie está preparado para verse en el centro de una tormenta de esta magnitud. Pero ahora el ánimo es otro. Más tranquilo. Más firme. El archivo de la investigación por parte de la Fiscalía sabe a victoria, pero con regustillo agridulce. No alcanza a comprender –y con razón– la dureza con la que algunos medios españoles han tratado el asunto.
Fuentes cercanas al artista confirman a LA RAZÓN que aunque se encuentra «muy feliz» tras conocer la resolución del Ministerio Público, no puede evitar sentirse «triste por cómo se ha portado conmigo una pequeña parte de mi país, al que tanto quiero». Quien le conoce sabe que Julio siempre lleva su patria por bandera, y por eso le resulta difícil asumir que el ataque más feroz haya llegado precisamente de casa, sin contrastes suficientes y con una rapidez que deja poco espacio a la reflexión.
Se han aireado fotos, se han retorcido rutinas domésticas y se han presentado como sospechosas situaciones que, analizadas con calma, resultan de lo más normales. ¿Qué persona conocida permite que el personal de servicio haga fotografías en su casa? Ninguna. ¿Y los exámenes médicos en plena pandemia? Lógicos, especialmente cuando se trata de alguien de edad avanzada y considerado de riesgo.
La traición ha dolido. Porque procede de personas de confianza. De ahí la indignación compartida entre Julio y Miranda. Ambos se sienten traicionados, pero también serenos. Julio habla cada día con sus amigos más cercanos. Está mejor de ánimo. No se esperaba lo que se ha montado, pero sabe quién es y qué ha hecho –y qué no– a lo largo de su vida, y siente que el archivo de la Fiscalía ha puesto las cosas en su sitio.
En Punta Cana no hay conspiraciones ni huidas. Hay una pareja unida, una familia cerrando filas y un hombre que no piensa permitir que la sospecha sin pruebas escriba su historia. En futuras ocasiones convendría frenar la prisa y recordar que no todo lo que se repite es verdad. Porque las reputaciones se desgastan muy rápido, pero la verdad suele hacerlo sin aspavientos. (La Razón-marta boira)
Desde Women’s Link Worldwide, en representación de las denunciantes Rebeca y Laura, recuerdan en su comunicado que “el Convenio de Varsovia y el Convenio de Estambul obligan a los Estados a investigar violaciones de derechos humanos cuando el presunto autor es nacional del país, incluso si los hechos ocurrieron fuera del territorio. La justicia debe ser posible más allá de las fronteras”, estiman las abogadas especializadas en este tipo de defensa.
Ante esto, anuncian que las denunciantes seguirán su lucha y que se producirán nuevas reclamaciones judiciales contra Julio Iglesias. Y es que se acogen a un detalle de gran importancia propuesto por la propia Fiscalía de la Audiencia Nacional: “Ha dicho que procede a archivar la denuncia por falta de jurisdicción de los tribunales españoles haciéndonos saber que no produce efectos de cosa juzgada. Esto quiere decir que no ha existido un análisis de fondo sobre la culpabilidad o no del denunciado, por lo que las denunciantes podrían reproducir su denuncia ante los órganos judiciales pertinentes”.
Y eso harán, como así han acordado tras una reunión con sus clientas: “Rebeca y Laura no aceptarán un tecnicismo legal para que su denuncia no sea investigada. Ellas exigen a la Fiscalía de la Audiencia Nacional que considere toda la información y evidencia presentada y están decepcionadas”, porque no se han atendido a las pruebas y porque, al tener seis meses para la investigación, han resuelto el asunto en tan solo dos semanas. Pero Julio Iglesias no podrá descansar tranquilo, pese al archivo de la causa, pues le anuncian que llegarán más reclamaciones judiciales: “Seguirán luchando por la justicia y acudirán a las vías legales disponibles”, prometen. (La Razón -raoul higuera)





