El estado de salud de Kim Jong-un, líder supremo de Corea del Norte, ha atraído atención mediática internacional. El periódico británico The Sun se ha hecho eco de una serie de rumores difundidos en redes sociales que apuntan a que el dirigente, de 42 años, habría sufrido una hemorragia cerebral de gravedad, estaría en coma y habría sido trasladado de urgencia a un hospital de China para recibir tratamiento.
Aunque no existen pruebas médicas que respalden estas afirmaciones, la noticia ha despertado inquietud por las posibles consecuencias de una de las emergencias neurológicas más peligrosas: la rotura de un vaso sanguíneo dentro del cerebro.
Según las especulaciones recogidas por el tabloide británico, el dirigente habría sido evacuado a Pekín debido a las supuestas limitaciones de las instalaciones sanitarias de Pyongyang. Sin embargo, este martes 20 de octubre, la agencia surcoreana Yonhap ha informado de que los medios estatales norcoreanos han publicado fotografías de Kim visitando una exposición de ropa y calzado el día anterior, acompañado por su familia. Las autoridades de seguridad de Corea del Sur tampoco han encontrado indicios que avalen los rumores sobre su fallecimiento o su supuesto coma.
Benedict Rogers, analista de Corea del Norte, recordó que no es la primera vez que circulan versiones así. «Ha habido rumores de su muerte antes. No parece un hombre sano, tiene un sobrepeso extremo», dijo a The Sun, que apunta a que el líder pesaría 114 kilogramos.
¿Qué es una hemorragia cerebral y por qué es tan peligrosa?
Una hemorragia cerebral se produce cuando un vaso sanguíneo se rompe y la sangre comienza a acumularse dentro del cerebro o en los espacios que lo rodean. Esta situación puede desencadenar un ictus hemorrágico, una enfermedad que, según los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos (NIH), representa aproximadamente entre el 10% y el 13% de todos los accidentes cerebrovasculares. A diferencia del ictus isquémico, causado por la obstrucción de una arteria, el hemorrágico aparece como consecuencia de un sangrado que comprime y lesiona las células nerviosas.
El problema es que el cerebro se encuentra protegido por el cráneo, una estructura rígida que no puede expandirse para acomodar la sangre acumulada. Cuando se produce una hemorragia importante, aumenta la presión intracraneal y pueden quedar comprimidas regiones responsables de funciones vitales. La falta de oxígeno, la lesión de las neuronas y la inflamación del tejido cerebral pueden provocar secuelas neurológicas permanentes y, en los casos más graves, la muerte.
Síntomas que pueden aparecer antes de perder el conocimiento
Una de las características más peligrosas de las hemorragias cerebrales es su aparición repentina. Según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, a través de MedlinePlus, entre las principales señales de alarma se encuentran el dolor de cabeza intenso y súbito, las alteraciones de la visión, las dificultades para hablar y la pérdida de fuerza en una mitad del cuerpo. También pueden producirse vómitos, convulsiones, confusión y pérdida progresiva del conocimiento.
La hipertensión arterial constituye uno de los principales factores de riesgo, ya que una presión sanguínea elevada de manera prolongada puede deteriorar las paredes arteriales y favorecer su rotura. También intervienen los aneurismas, determinadas malformaciones vasculares, los traumatismos craneales y los trastornos de coagulación. El tabaquismo y la obesidad pueden aumentar el riesgo cardiovascular, aunque su presencia no permite afirmar que una persona haya sufrido una hemorragia.
¿Puede una hemorragia cerebral provocar un coma?
La respuesta es sí, aunque no todas las hemorragias cerebrales desencadenan una pérdida de consciencia. Cuando el sangrado es especialmente abundante, la presión dentro del cráneo puede llegar a afectar al tronco encefálico, una región que interviene en el mantenimiento de la consciencia y en funciones esenciales como la respiración. En estas circunstancias, el paciente puede entrar en coma, necesitar asistencia respiratoria y encontrarse en una situación de riesgo vital.
El pronóstico depende de múltiples factores, especialmente de la localización y el volumen de la hemorragia, la rapidez de la atención médica y la aparición de complicaciones. Algunas personas recuperan progresivamente sus capacidades, mientras que otras presentan secuelas motoras, cognitivas o dificultades para comunicarse.
¿Cómo se trata una hemorragia cerebral?
El tratamiento requiere atención hospitalaria inmediata. La tomografía computarizada permite identificar el sangrado y distinguirlo de un ictus isquémico, una diferencia fundamental porque ambos requieren abordajes distintos. Los especialistas pueden administrar medicamentos para controlar la presión arterial, corregir alteraciones de la coagulación y, en determinados casos, realizar una intervención quirúrgica para evacuar la sangre o reducir la presión intracraneal.
Las autoridades sanitarias insisten en que cada minuto cuenta. Ante una pérdida repentina de fuerza, desviación de la boca, dificultad para hablar o dolor de cabeza súbito e intenso, se debe llamar inmediatamente al 112 en España. Reconocer los primeros síntomas y actuar con rapidez puede marcar la diferencia entre una recuperación favorable, una discapacidad permanente o un desenlace mortal. (La Razon. lcano)
imagen: Kim Jong Un, en una aparición reciente Europa Press





