viernes, enero 27, 2023
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La alocada fiebre de antihaitianismo, que extremistas ultranacionalistas incentivan, si no se la detiene, llevara a la ciudadanía a un muy serio conflicto de interpretación e inestabilidad social incontrolable

El solo hecho de que quien dirige el Instituto Duartiano es un extremista ultranacionalista nacido en un batey de Barahona y con ascendientes haitianos, debería de ser más que suficiente y para entender que su posición de extremista nacionalista debería de ser cuestionada y como por igual la de los otros miembros de ese nicho fascista de ultras nacionalistas, muchos de ellos, dominicanos de segunda y tercera generación y  de orígenes haitiano, turco y árabe y estos últimos, provenientes de Haití.

¿Y por qué hay que hacer esta observación?, porque si hay un sector del pueblo haitiano que mantiene un actitud intransigente e irracionalmente envidiosa contra el crecimiento de la economía dominicana, está en quienes son miembros de la oligarquía haitiana y quienes con inversiones de más de cinco mil millones de pesos en el territorio nacional, así como discriminan a sus propios conciudadanos, por igual, mantienen una tácita actitud de confrontación contra lo dominicano.

¿Cómo se aviva esa tácita confrontación de los agentes de la oligarquía haitiana hacia nuestro país? Con solo entender y mirar hacia futuro, que la oligarquía del país transfronterizo y como ya ha sido demostrado con las sanciones impuestas por Canadá y EEUU contra algunos de sus miembros, es la que financia la mayoría de los grupos pandilleriles que asesinaron al  presidente Jovenel Moïse y los otros que mantienen dentro de un fuerte ámbito de inestabilidad política y social a su ciudadanía.

Si lo anterior se entiende en toda su amplitud y consecuencia, fácilmente cualquier dominicano que utilice su cabeza para pensar y no solo para peinarse, caería en cuenta, de que sería desde Haití, pero de manos de su oligarquía y no de su población y como erróneamente se cree, que está el gran peligro de desestabilización contra nuestra nación.

Que por lo visto, es el peligro latente que los miembros del club jacobino de fascistas del Instituto Duartiano no se han detenido siquiera a analizar y con todo de que entre sus directivos hay uno que otro militar retirado y casi solo uno con el rango de mayor general y ex ministro militar.

Al mismo tiempo, llama la atención, el como la mayoría de los analfabetos funcionales del periodismo criollo y de estúpidos, avivan toda esa contrapropaganda anti haitiana terrorífica e irracional y con el perverso interés de que los dominicanos  se comporten con violencia y rechazo social contra los haitianos que viven en el territorio nacional y muchos de ellos, no solo trabajando en nuestras empresas e industrias sino también en nuestras propias casas de familias y actuando sin saber, que precisamente esa es la actitud que la oligarquía haitiana quiere que aquí se efectúe y con el propósito de avivar entre los haitianos viviendo entre nosotros, un odio que aun no existe contra los dominicanos.

Por eso, cada vez que en la prensa dominicana y de ignorantes sus redactores, se escribe y se difunde lo relativo a que “las parturientas haitianas son las que más utilizan nuestros hospitales” y también lo otro, de pretender resaltar cualquier hecho de sangre como si fuera de origen haitiano o lo perverso, de escandalizar  porque un grupo de haitianos y como si fueran gitanos se colocan a las entradas de ciudades o de áreas protegidas y ni hablar, cuando se difunde aviesamente que la mayoría de los alumnos y habitantes de algunas localidades son mayoría haitiana.

En base a ello, tratando de manipular a los dominicanos para que odien a sus vecinos que viven aquí. Todo esto y en conjunto es lo que hay que resaltar y porque favorece los planes anti dominicanos de la oligarquía haitiana, pero como aquí hay tanto idiota y descerebrado que no sabe analizar y menos conceptualizar, casi que se acepta el mensaje manipulado de esos mass media dentro de la prensa mercancía que no tienen una perspectiva adecuada y que les haga entender que somos una nación de inmigrantes y desde hace ya más de cinco siglos y lo más importante, que tenemos cerca de un millón de dominicanos de origen haitiano.

Desde que en el pasado gobierno se inició el proyecto de registro legal de los haitianos indocumentados y llegándose al nivel de haber facilitado más de 150 mil residencias legales, lógico es suponer, que todas esas personas y como los dominicanos y otros transeúntes de otras nacionalidades, tienen derecho a utilizar los bienes y servicios nacionales y por la simple como contundente realidad, de que ninguna persona es impedida en ninguna parte del mundo, que como extranjera con residencia legal o indocumentada acceda a todos los servicios públicos y lo que conoce y ha vivido muy bien el actual presidente del Tribunal Constitucional, que es un dominicano de origen en las vecinas colonias isleñas inglesas.

¿Acaso esa no ha sido la práctica de la mayoría de  los inmigrantes dominicanos en EEUU y básicamente en Nueva York y la zona este estadounidense y al extremo, de que algunos y perversamente defraudan el sistema de asistencia social y viven de ayudas sociales pagadas por los contribuyentes y sean o no estadounidenses y lo peor, denunciando a sus connacionales en las oficinas de Migración como indocumentados y recibiendo a cambio 50 dólares por delación? Y que se conozca, semejante mala practica no la hacen los inmigrantes haitianos en nuestro país.

Entonces, lo correcto debería de ser, que los extremistas ultracionalistas, analicen y ponderen esta realidad y en vez de querer que los dominicanos odiemos a los inmigrantes haitianos en nuestro territorio y con la finalidad de que estos acumulen una fuerte carga de odio contra nuestro país y que repetimos, es lo que quiere la oligarquía haitiana y de ese modo, incitar a que desde el territorio vecino se de una oleada de violencia e invasión irracional contra nuestra nación y con la finalidad de unificarla a la fuerza, tratamos de instar a los miembros del Instituto Duartiano a que ponderen estos hechos y se dejen de estar de zoquetes favoreciendo los intereses de la oligarquía haitiana, que es la gran enemiga de todo cuanto sea dominicano.

En este sentido, creemos que el mejor servicio que los dominicanos debemos hacernos para preservar nuestra nación y en el caso de la inmigración laboral haitiana, es exigirle al Estado Dominicano y vía el gobierno que esté en ejercicio constitucional, que facilite todo lo necesario y para que en vez de deportar haitianos, se facilite que cada uno tenga su ficha de regularización como residente legal y ahí se terminaría la confrontación actual y es que hacer lo de ahora, de deportaciones o repatriaciones indiscriminadas y anti derechos humanos y para beneficiar a traficantes de personas y civiles o militares, no es la mejor política para los intereses permanentes de la República y sí para la oligarquía de negros y mulatos haitianos y cuyos miembros lo darían todo con tal de que la isla entera fuera solo suya. ¿Por qué no se piensa en este peligro latente y se deja de ser tonto útil?

De ahí que digamos, que la alocada fiebre de antihaitianismo, que extremistas ultranacionalistas  incentivan, si no se la detiene, llevará a la ciudadanía a un muy serio conflicto de interpretación e inestabilidad social incontrolable. (DAG)

 

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