A estas alturas creo que no debe existir ninguna duda de que estamos ante una nueva Guerra Fría que se extiende en varios frentes y que comporta una espectacular escalada armamentista, así como unos inquietantes discursos belicistas.
El problema es que las consecuencias no las sufren los líderes internacionales, los políticos o las grandes corporaciones de la industria militar, sino los muertos y heridos provocados por estos conflictos. El coste económico es enorme, pero resulta útil mientras las guerras se desarrollen lejos de las fronteras de Occidente. Es decir, que no provoquen muertos propios o destrucción en nuestro territorio.
Por supuesto, los europeos estamos muy preocupados por los ucranianos como antes lo estábamos por los afganos hasta que encontramos un tema más interesante. En este caso ni siquiera tiene que ser un conflicto bélico.
Es cierto que el interés mediático y, sobre todo, social, por Ucrania hace semanas que ha decaído tras el fracaso de la tantas veces anunciada contraofensiva ucraniana. Se ha convertido en una guerra de desgaste donde la línea del frente ha quedado estática. No hay más que remontarse a lo que sucedió en el Frente Occidental en la Primera Guerra Mundial.
Biden, con su liderazgo en declive y cuestionado, ha pedido al Congreso, donde los republicanos se entretienen peleándose entre ellos, un paquete de ayudas de 14.300 millones para Israel y 61.400 millones para Ucrania. El conflicto entre bloques ha llegado a un punto que no hay otra salida que continuar con la espiral armamentista.
El presidente estadounidense afirmó que «la historia ha demostrado que cuando los dictadores y terroristas no pagan un precio por sus acciones, eso lleva a más caos». No ha gustado mucho el tono del discurso a los rusos y hablan de que empujan al mundo «a un abismo profundísimo».
Sin ninguna sutileza, Medvedev le ha tildado de imbécil, viejo y demente. A estas alturas parece evidente que no hay ningún atisbo de que se pueda reconducir la situación en Ucrania. En Gaza, afortunadamente, la democracia israelí y su eficaz ejército podrán parar los pies a los terroristas de Hamás y establecer una imprescindible zona de seguridad. Por: Francisco Marhuenda [La Razón]

![La llamada telefónica se da luego de que este martes un petrolero chino sancionado por EE.UU. atravesara el estrecho de Ormuz a pesar del bloqueo naval estadounidense contra Irán. Según se informó, el buque Rich Starry habría sido el primer barco en salir del golfo Pérsico desde que comenzó el bloqueo. El estrecho de Ormuz, la verdadera ‘arma’ de Irán Posteriormente, el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, aseguró que China se quedará sin petróleo iraní, refiriéndose al bloqueo naval. «No van a poder obtener su petróleo [de Irán], pueden conseguir petróleo, pero no petróleo iraní «, dijo Bessent. Bloqueo marítimo contra Irán Tras el anuncio de Trump, las fuerzas estadounidenses iniciaron a las 14:00 GMT de este lunes el bloqueo de todo el tráfico marítimo que entra y sale de puertos iraníes. Previamente, el presidente de EE.UU. prometió bloquear el estrecho de Ormuz, junto con otros países, para impedir que Irán se beneficie de lo que calificó de «extorsión», en referencia a la nueva práctica de cobrar peaje por cruzar esa importante vía marítima. Desde Irán calificaron de «ilegal» y de «acto de piratería» la imposición por parte de EE.UU. de restricciones al tránsito marítimo de buques en aguas internacionales. «Las Fuerzas Armadas de la República Islámica de Irán declaran con claridad y determinación que la seguridad de los puertos en el golfo Pérsico y el mar de Omán es «para todos o para nadie», aseveró el portavoz del Cuartel General Central de Khatam al-Anbiya, Ebrahim Zolfaghari. Asimismo, el vocero afirmó que ningún puerto en el golfo Pérsico y el mar de Omán estará a salvo si los de su país se ven amenazados](https://porelojodelacerradura.com.do/wp-content/uploads/2026/04/69dfbd1ae9ff716ca96f076b-324x160.jpg)



