lunes, octubre 25, 2021
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La gran encrucijada. Se vive una etapa crucial en la que se necesita un gobierno firme y fuerte y al mismo tiempo flexible políticamente y si quiere sobrevivir al 2024, con una oposición que debe ser tal, dura, honesta y moralmente integra.

La tremenda anarquía social que se está viviendo y que ya ha hecho explosión, fundamentalmente por el terrible impacto que para la vida nacional han tenido los dominicanyork con su droga, lavado de activos y desorden de vida, en particular por el terrible nivel de ruido que les acompaña, hablamos de una mayoría de estadounidenses de origen dominicano o de inmigrantes que han retornado con poder adquisitivo alto y demostrando su profundo resentimiento social, metiéndose a golpe de papeletas en barrios de clase media a alta y de ricos y quienes han fijado su impronta corrosivamente de gran anarquía.

Más el otro aspecto colateral que les acompaña, de esa alarmante incursión de la delincuencia social más profunda y desde ámbitos ayer impensables, cuando la inmigración criolla viajó a EEUU con miras de que el poder político en este país pudiera enrumbarse dentro de parámetros tolerables de convivencia aceptables, al tiempo que en Washington creían que flexibilizando los visados, la débil gobernabilidad de aquellos años sesenta del pasado siglo podría hacerse duradera y decisiva para la vida nacional.

Sin embargo, tanto para los políticos y gobiernos dominicano y estadounidense el tiro les salió por la culata, toda vez, que cuando se vino a ver, ya para los años ochenta, aquella inmigración forzosa y por estado de necesidad, dio paso a un nuevo tipo de delincuente social protegido por la política y las apetencias de lucro desenfrenado del empresariado y su mundo financiero, que de hecho a puesto en jaque a los mismos gobiernos estatales y municipales en los que ha quedado enraizada.

De esa manera, el nuevo nicho de los dominicanyork y ahora ricos y con un avivado interés en encumbrarse socialmente, dio paso al fenómeno de los bodegueros de Nueva York y su corte de lumpen vendedores de drogas frente a sus negocios y esquinas del gueto dominicano en la ciudad de los rascacielos y transformados aquí por el golpe de la política, en “banqueros y financieros” a la carrera, en la práctica, simples prestamistas y usureros y a los que luego se les agregaron los riferos de apuestas, quienes más rápido que tarde se transformaron a su vez, en aquellos “políticos” encumbrados por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y quienes sin duda alguna, debido a sus aportes financieros desde Nueva York, demandaron de los políticos y sus dirigentes de la época, el pago en “naturaleza” de sus aportes económicos en efectivo.

¿Cuál era el aporte en naturaleza que se exigía?, que una mayoría de gente descalificada moralmente emergiera como asesores económicos de gobiernos, dueños de financieras y aparentes emprendedores asociados al capital tradicional y demandando el sello indeleble de pura inmunidad e impunidad de cargos de elección directa en las cámaras legislativas como en los gobiernos municipales y los más cercanos al poder inescrupuloso, como miembros de gabinetes de gobierno.

Así resultó y en base a semejante involucramiento de lo moral con lo ilícito, que a partir de los años ochenta del pasado siglo, la política fue penetrada por todas las formas más inimaginables de delincuencia social y al extremo, de grupos familiares en San Francisco de Macorís vendiendo una nueva droga a domicilio y no solo en el territorio nacional sino por igual en la parte noreste estadounidense, más la notoria implosión de nuevos ricos disfrazados de políticos y quienes en conjunto lograron penetrar la idiosincrasia criolla y al grado, de que el desorden social, incívico y delincuencial se ha concretado en los años dos mil y siguientes con verdaderos clanes políticos, sociales y empresariales de criminalidad pura, que al proyectarse por todo el tejido social, han convertido a este país en uno a punto de ser ingobernable y en el que la inversión moral más aterradora se ha apoderado de sus instituciones y formas de vida.

¿Resultado?, que prácticamente los gobiernos han tenido que cohabitar con toda esa nueva delincuencia y los ciudadanos, convertidos en esquiroles de esa “nueva moral” que lo corrompe y penetra todo.

De ahí que ahora exista esa especie de “espíritu levantisco” asociado con el narcotráfico, el lavado de activos y todas las formas inimaginables de delincuencia barrial proyectadas desde los barrios y residenciales de la mayoría de nuestras ciudades y al extremo, de que los medios de comunicación y de información de masas más destacados, han terminado penetrados por esa “nueva moral” que lo corrompe todo y tanto o más de como las diócesis católicas, la mayoría, convertidas en antros clandestinos de financieras de préstamos de usura proyectados desde los altares más "sacros".

Semejante entramado, ha dado por resultado, que los gobiernos son débiles, poco efectistas en su autoridad y altamente corrompidos por el dinero fácil y la corrupción más desquiciada y concomitantemente con ello, la explosión ciudadana y fundamentalmente, de ese nuevo tipo de adolescente criminal insensible y amoral que domina el narcomenudeo y los asesinatos por encargos y como recién acaba de hacerse publico con la ejecución de un pandillero barrial en la capital de la República, protegido por las mismas familias de su entorno y cuyo quehacer servía de parámetro de entretenimiento para que la gente y tampoco el factor mediático, no se dieran cuenta de hasta donde había penetrado la narcopolítica en la vida nacional y con esas muestras tan terribles, de agentes de la dirección de drogas, policiales y efectivos castrenses y lo más hiriente, de diputados y senadores, alcaldes y regidores e igual fiscales y jueces, pagados por los capos y la delincuencia del lavado de activos y resurgidos estos últimos como una apreciable minoría de ingenieros, arquitectos y contratistas de edificaciones a todo lo largo y ancho de la República.

Por tal ambiente tan tóxico, la gobernabilidad que se vive es una pantalla de inconductas falsas que no tiene parangón y el nuevo gobierno se las ve y se las desea para tratar de calmar y controlar a su misma gente, mientras desde la oposición existe una correlación  de fuerzas con el crimen, la droga y el lavado y de parte de quienes la dirigen y en específico, hasta de expresidentes de la República, que si se les investiga o se le formularan auditorías forenses, no tendrían maneras de como demostrar inocencia  y entenderse como gente decente cuando son los estereotipos de individuos y políticos ruines y desalmados más significativos.

Es de este modo, que la sociedad como la clase media y la ciudadanía de a pie, han sido penetrados por la criminalidad y al extremo, de que muchos entienden que la inversión de valores morales en la que viven, es algo normal y de ahí, que al no aceptar leyes y reglamentos, son la muestra más destacada y sí vale el término, del desorden social en que se vive y originado fundamentalmente, por la subcultura del crimen, la droga y el lavado de activos desde Nueva York y fundamentado, ahora desde la narcopolítica y gobiernos asociados desde el 2000 al 2020 desde el territorio nacional.

Entendiendo esta dura realidad, es que puntualizamos sobre la gran encrucijada: Se vive una etapa crucial en la que se necesita un gobierno firme y fuerte y al mismo tiempo flexible políticamente y si quiere sobrevivir al 2024, con una oposición que debe ser tal y dura, honesta y moralmente integra. (DAG)

 

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