Independientemente de las animadversiones o simpatías que encierre la personalidad del derrocado presidente venezolano, Nicolás Maduro, el hecho de que para salir del poder que ostentó por 16 años, debió de darse un rápido movimiento militar interventor por parte del gobierno estadounidense y este, prisionero a su vez de sus subjetividades, malquerencias y predisposición de su presidente, que como ya se ha visto, no es solo contra Venezuela sino en realidad contra el conjunto de las naciones latinoamericanas y caribeñas.
Debe entenderse que desde el nacimiento de la llamada doctrina estadounidense Monroe, para los años 1700 y el accidentado discurrir de la misma como brazo supuestamente jurídico para que EEUU tuviera licencia para intervenir en los asuntos internos de estos países, derrocar sus gobiernos y saquear sus recursos naturales, la realidad es, que en estos tiempos, la nación estadounidense no tiene la bonanza económica de la que hasta hace poco se sentía orgullosa y ahora experimentando los sofocos de que ya no es la economía preponderante en recursos de hidrocarburos (tiene depósitos para seis meses) así como en la pérdida notoria de determinados recursos naturales.
Así mismo, todos hemos visto como EEUU y a nivel interno, está experimentando una de conflictos internos de origen social y con base de carencias económicas, que junto al alto consumo de drogas y en específico, marihuana, cocaína y fentanilo, más la terrible inversión moral que azota a su pueblo, realmente ha terminado por degradar la vida del ciudadano estadounidense promedio y al ese país, encontrarse en una serie de conflictos con terceros países, que apuntan al hecho cierto, de que otras naciones en el mundo ya han adquirido un desarrollo y crecimiento económico-estratégico, por el que ya es imposible que no se entienda, que si el país no está transitando el camino de la decadencia, poco falta para que en todo el planeta se considere, que por lo menos se encuentra en ese derrotero.
De ahí que la única alternativa que a su gobierno le queda es la de jugarse el todo por el todo y apoyarse en sus cinco ejércitos, cuatro esparcidos en los cuatro puntos cardinales del planeta y todavía con cierto dominio militar-tecnológico, el suficiente, de modo que aún se le pueda respetar en muchas partes del mundo.
Sin embargo, su mayor problema, es que ya nadie percibe a EEUU como la gran potencia unipolar que dominó al planeta en los últimos ochenta años y resultando, que con el nacimiento de otros grandes centros tecnológicos y militares en otras zonas geográficas y con preponderancia, China Popular y la Federación de Rusia, el mapa geopolítico ha dado un vuelco tan significativo, que en cierto sentido, EEUU se ha visto ante la disyuntiva, de que ahora debe mantenerse a la defensiva y aun cuando todavía dirija y maneje guerras de expansión política particularmente y económicamente controle grandes zonas geográficas en Europa. Oriente Medio, Asia, donde su influencia todavía no es para desestimar.
No obstante, lo que ha ocurrido recién con esa práctica nociva de bombardear indiscriminadamente países y pueblos con el pretexto de frenar determinadas guerras locales o de continuar apropiándose de los recursos naturales de terceros países, como el petróleo y sus derivados y que la economía estadounidense requiere con mucha presteza, parecería, que ha hecho sonar las alarmas en la Casa Blanca y mucho más ahora en la segunda presidencia de Donald Trump, que en este mes cumple su primer año y que es un presidente, de esos pelo en pecho que no baraja pleitos cuando se trata de defender la hegemonía geopolítica de su país.
A nuestro modo de ver y en la medida que la expansión de las fronteras económicas y políticas estadounidenses, parecería que están en retiro, vemos como Trump se ha decidido por deslindar o marcar territorio y por eso que la vieja doctrina Monroe, la del destino manifiesto y de “América para los americanos” la ha vuelto a utilizar, pero con una variante muy a lo Trump, esa tan atropellante, de no respetar nada ni a nadie, sea país, el orden jurídico internacional o las soberanías de las naciones y en lo que se está viendo, parecería decidido a romper récords en esta materia.
Europa ya no es de preocupar y no le presenta peligro alguno para la hegemonía estadounidense y hablamos de la zona euro o mejor dicho Unión Europea, cuyos gobiernos son lacayos de Trump y en una medida más que indecente. Reino Unido no le crea problema, pues como su antigua metrópoli en tiempos coloniales, siempre ha sido la especie de alma gemela que nunca ha dejado de estar a favor de todo cuanto sea estadounidense.
Rusia y China son los difíciles “amigos-enemigos” de siempre y quienes ya a nivel de poder igualitario y en muchas áreas -tecnología- superiores a EEUU, pero como los tres países tienen una especie de entente, en cuanto a que cada uno debe respetar sus zonas geográficas de influencia, parecería que Trump ha caído en cuenta, de que en cuanto a su zona de influencia geográfica, las otras dos potencias no la hubiesen entendido claramente y lo que se ha visto con la fuerte penetración económica China en materia de captación de recursos naturales o la cuidadosa intervención “casual” en materia política de Rusia y con preponderancia en Cuba, Venezuela, ciertas islas-estados caribeñas y también Nicaragua y que para Trump. Es evidente que han sido incursiones que no ha tenido muy a su gusto.
¿Resultado?, Trump decidió marcar territorio y tal como Rusia y China han hecho en sus zonas geográficas, donde sus dominios nadie discute. Basta recordar las “actitudes” rusas en Hungría en tiempos de la URSS y luego en Ucrania desde que el Kremlin comprobó que EEUU produjo en el 2014 un golpe de Estado allí y que fue la razón determinante para que Rusia invadiera en el 2022 a ese país y de China solo hay que recordar su “manejo” en el Tibet, al que invadió pura y simple.
Entonces, cuando esto se analiza en retrospectiva, es posible descubrir el razonamiento de Trump y el porqué de su pretendida política de policía en el Hemisferio y que ya hemos visto que el estadounidense no se anda en chiquitas al invadir y bombardear a Venezuela y secuestrar a su presidente y al que hoy se le formularán cargos desde un tribunal federal de Nueva York. Mientras al mismo tiempo, Trump amenaza a troche y moche a otros presidentes y naciones latinoamericanas.
En este punto, nuestro razonamiento es este: ¿Por qué Rusia y China solo se han limitado a emitir pronunciamientos más o menos enérgicos, pero sin dar un paso por el que pudiera entenderse que tomarían partido y por un Maduro, que siempre se presentó como leal a los gobiernos de esos dos países fuera de este Continente? Porque ambos países saben, que Trump está haciendo lo mismo que ellos habían hecho antes en sus respectivas áreas geográficas de influencia y como entre iguales nadie se tropieza, ahí el resultado de un Trump avasallante y dispuesto a imponerse a como dé lugar.
Ahora bien, que lo logre, eso está en veremos y tomará tiempo. Pero de que hasta ahora el intento le ha salido bien, ello no se discute.
Desde luego, no es necesario meternos en las interioridades “subjetivas” de las actuaciones de unos y de otros y mucho más, sí recordamos, aquel dicho, de que en tiempos de huracán, mientras la palmera y la mata de coco, desafían los vientos, la espiga de arroz se inclina hacia por donde el viento vaya. Los primeros, pueden quedar descabezados, pero la segunda sobrevive, ya que después de pasar el huracán, se levanta y sigue en pie. Quizás esta ha sido la política que ha utilizado el presidente Luis Abinader y por eso en la presente situación, de que es un aliado consistente de Washington y aun cuando precautoriamente, tomando cierta distancia táctica y nunca estratégica.
Entendamos, la enseñanza es una: La invasión y bombardeo de Venezuela para secuestrar a su presidente, no es nada nuevo. EEUU está copiando a China (Tíbet) y Rusia (Asia Central y antes en Hungría y recién en Ucrania) y de paso, los tres haciendo arreglos para la compra y venta de los recursos naturales del país sudaca. Ese, que decía, que quien se mete con Venezuela “se seca”. Con Dios. (DAG) 05.01.2026
última actualización: 10:00 am.





