China ha desplazado a Estados Unidos como el principal socio comercial de América Latina, consolidando su influencia económica, mientras Washington pierde terreno en su propio hemisferio, informó Bloomberg este lunes.
Según datos de la agencia, el intercambio de bienes entre Pekín y la región pasó de apenas 14.000 millones de dólares en 2000 a más de 500.000 millones en 2024.
La paradoja es evidente: incluso los líderes regionales más cercanos al presidente estadounidense, Donald Trump, —como el ecuatoriano Daniel Noboa, quien acaba de regresar de una visita de una semana a China, donde se reunió con el dirigente chino Xi Jinping y aseguró cooperación para enfrentar El Niño— no quieren abandonar los lazos económicos con Pekín pese a la alineación política con Washington.
China continúa profundizando su presencia en sectores que ha cultivado durante décadas —minerales críticos, energía e infraestructura— al tiempo que se expande hacia servicios financieros, negocios de consumo y manufactura. También ha avanzado en la cadena de valor hacia vehículos eléctricos, baterías y otras tecnologías limpias que la Administración Trump, en gran medida, rechaza.
Bloomberg afirma que esto no significa que Pekín ignore el escrutinio de Washington. China se está adaptando, desplazando parte de su impulso desde proyectos gubernamentales expuestos hacia canales más discretos del sector privado. Además, el alcance de las iniciativas del gigante asiático se extiende por debajo del nivel nacional: empresas chinas cultivan relaciones con gobernadores, alcaldes y grupos empresariales locales.
El resultado es una relación económica que ni los aliados más firmes de Trump están dispuestos a desmantelar. Para gran parte de América Latina, el alineamiento político con Washington es una cosa; renunciar a lo que China ofrece es otra muy distinta, destaca Bloomberg. Mientras Estados Unidos se enfoca en su doctrina de hegemonía, Pekín avanza sigilosamente —y ‘golea’ en los hechos. (RT)





