InicioDe aquí y de alláLos primeros cristianos: una amenaza para el judaísmo

Los primeros cristianos: una amenaza para el judaísmo

Las raíces religiosas cristianas se hunden en el judaísmo. Como buen judío, Jesús asistía a la sinagoga y al templo de Jerusalén. Después de la pascua, los discípulos que experimentaron su resurrección frecuentaban asiduamente el templo (Lucas 24, 52- 53).

Pero Jesús enseñó: si la ley que, debía observar cada judío, perjudicaba al ser humano, primero iba el ser humano, porque el sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado (Marcos 2, 27). De la misma manera, la búsqueda del bien del hermano era más importante que el culto en templo (Mateo 5, 24).

Jesús se convirtió en una amenaza para los intereses de los sectores dominantes de Israel al criticar como falsa la religión, que servía de apoyo a su poder. Jesús les echó en cara su hipocresía. De la misma manera, Jesús entró en conflicto con la autoridad de Herodes Antipas y de los dominadores romanos en cuyas monedas se sancionaba la sacralidad de sus intereses, que Jesús mostró ser ambiciones humanas. Los opresores se hacen llamar bienhechores (Lucas 22, 24 – 27).

Para las autoridades judías, Jesús era un blasfemo. Se sabe que Jesús fue crucificado por los romanos acusado por las autoridades judías como subversivo. Como lo refiere Tácito, esto ocurrió siendo Pilato prefecto de Judea, en tiempos de Tiberio, como lo ha confirmado de nuevo la estela usada en el anfiteatro romano de Cesárea y descubierta por Antonio Frova en 1961.

El judaísmo de Palestina vio en los primeros cristianos una amenaza mayormente por tres motivos.

Anunciaban al crucificado Jesús de Nazaret, condenado por las autoridades judías, como Señor y Cristo. Al proclamarlo Señor, le atribuían a Jesús el mismo título que daban a Dios. Al proclamarlo Mesías, confesaban que en él se cumplían todas las promesas y esperanzas de Israel.

Segundo, acusaban a los primeros cristianos, como sucedió con Esteban, de hablar en contra del templo, la ley y pretender cambiar las costumbres judías (Hechos 6, 13).

Finalmente, poco a poco, la comunidad cristiana valoró tanto el creer en Jesús que ya no exigió a ningún converso circuncidarse. Ese paso chocaba tanto con la secular tradición judía, que, en tiempos de Pablo, algunos cristianos provenientes del judaísmo quisieron imponer la circuncisión a los nuevos cristianos (Gálatas 5, 1 6). Por: Manuel Pablo Maza Miquel, S.J. (Listín Diario)

 

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