Si recordamos el registro que tenemos de las agresiones continuas que este medio de comunicación ha tenido de parte de Abinader y su gobierno e incluso desde la transición y por nuestro “delito” de haber conceptualizado su política opositora propagandística de donación de un hospital de campaña y la que habíamos calificado de falsa y oportunista, nunca deberíamos coincidir con el primer mandatario.
Sin embargo, el buen analista político y quien escribe lo es y de Estado, con 54 años en su haber y 26 dirigiendo este medio digital en internet, siempre antepone el interés general al personal y por eso y sin contradecirnos, no hemos vacilado en coincidir en determinadas posturas con el presidente y aun sabiendo que este trata a este medio como si fuera algo así su adversario favorito.
Y aún más, cuando hemos visto que Abinader y teniendo una inteligencia y tacto que no le conocíamos, hasta ahora ha sabido maniobrar frente a las presiones nada sutiles que le han llegado desde la mañana aquella que por primera vez el recién designado secretario de Estado, Marco Rubio, estuvo en el Palacio Nacional en visita de Estado.
Desde el primer momento vimos que Abinader eludió todo tipo de confrontación “social” si cabe el término y dentro de lo posible, supo desenvolverse con gran cordura y para mantener una equidistancia táctica de las políticas estadounidenses y sin entrar en una confrontación directa con Washington y siempre demostrando el buen talante de ser amigo y nunca ni siquiera amigo tibio.
Por eso, cuando meses después se le solicitó que obtemperara a que navíos aéreos militares se estacionaran en el territorio nacional y con todo cuanto en la práctica significaba una afectación de la soberanía nacional, no tuvo oposición alguna y por lo que fue así que una parte del área del aeropuerto las Americas fue convertida en una súbita base militar estadounidense e igual casi toda la base aérea de San Isidro.
Esa actitud de pura política práctica, Abinader y hasta ahora, ha logrado que el presidente Trump no lo vea como posible adversario y sí como un adecuado amigo en un país geográfica y estratégicamente bien establecido, que para futuras acciones de guerra en el área, le sería más que útil.
Lo que por cierto nos hace decir, que cuando llegue el momento y que ya está próximo, de que EEUU resuelva el incómodo desencuentro con la Cuba castrista, que es una reliquia de cuando la Guerra Fría, esta nación sería un excelente punto de abastecimiento y de movimiento de tropas y equipos y que para cuando vaya a suceder, el apoyo que Abinader ofrezca debería estar condicionado a que Trump y tampoco Rubio se opongan a las acciones y políticas de reajuste respecto a el retorno masivo de los ilegales haitianos hacia su país.
Que tampoco no debería extrañar a nadie, toda vez que la política de Estado es eso, el arte de la transacción dentro de lo posible y en este caso mucho más, cuando con el castrismo, los dominicanos tenemos la cuenta pendiente de cuando envió dos grupos guerrilleros en plan de imponer una acción desestabilizadora con el pretexto de derrocar a Trujillo, pero teniendo el norte de procurar que este país se convirtiera en un brazo armado pro cubano para imponer el esquema de guerra de guerrillas en el Continente y para de ese modo, tratar de derrocar a EEUU y lo que volvió a demostrar el gobierno cubano, aquel día que envío a ras de suelo a una flotilla de aviones Mig 21 sobrevolando el territorio nacional en ánimo de guerra abierta y lo que no ocurrió por la sangre fría del presidente Balaguer, quien actuó y como si no hubiese sucedido nada y que fue un accionar que desconcertó al mismo Fidel Castro.
Ahora Abinader tiene que actuar con más frialdad que Balaguer y si realmente quiere proteger los intereses permanentes de la República y lo que no dudamos, mientras para sorpresa de todos, su táctico accionar de colaborador practico con relación a la concesión hecha a Washington, encontró un silencio insultante entre la clase política e increíblemente de parte de individuos que han sido presidentes, como Leonel Fernández y Danilo Medina, quienes en este asunto de política de Estado debieron apoyar al presidente, aunque también hay que decir, que Abinader falló y al no enterar a los dos expresidentes, quienes conocen muy bien los asuntos de Estado respecto a lo que había tenido que transigir.
Algunos se preguntarán de que trata la política de la espiga de arroz y que es muy simple como determinante: Nunca enfrentar directamente la tempestad que acecha y si plegarse de acuerdo hacia donde el viento corra y para luego volver a estar en pie, mientras plantas como el coco y la palma real, al enfrentar la tormenta quedan descabezadas.
En este sentido, creemos que Abinader debería aprovechar las circunstancias y en lo futuro, darles más participación a estos dos expresidentes y quienes en materia de Estado es innegable que saben comportarse como estadistas, mientras que con relación al otro expresidente, Hipólito Mejía, todavía este no ha aprendido, que ejercer el Poder Ejecutivo es un asunto de madurez emocional y nada de juego de muchacho.
Consecuentemente, esta situación que se vive de presiones nada comunes contra nuestra soberanía, muchos dominicanos aún no han caído en cuenta, de que la política de contención, de Abinader hacia EEUU, es decir, de la espiga de arroz enfrentando el temporal, es lo más sensato que se podía hacer y lo que obliga a reconocerle el gran tacto y diligencia que ha tenido. Con Dios. (DAG) 09.01.2026
última actualización: 04:26 pm.





