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Objetivamente y en materia de credibilidad el gobierno está en el suelo. Fuerte mayoría nacional le demanda que rectifique y haga cambios de raíz. Pero Abinader parece que no quiere escuchar

Para el gobierno comienza su año calendario y no podía ser de la peor manera: A partir de este mes hay que comenzar a amortizar una deuda que pasa de los 70 mil millones de dólares y abonando mil millones de pesos cada mes. De paso, arrastra un desconcertante aumento de préstamos internos vía el desastroso y corrupto Congreso Nacional, que cerró con 99 mil millones de pesos y con todo ese “río” de dinero, se grita que el gobierno no tiene liquidez.

A mayor asombro, se ha conocido que Abinader tiene depositado en cuentas del Banco Central como del Banco de Reservas, casi el 45 % de los dineros tomados en préstamos y los que absurdamente tiene inmovilizados. Nadie entiende semejante comportamiento en el manejo financiero y económico, mientras la economía está atrapada con un peso que ha perdido un 30 por ciento de su poder adquisitivo y más del veinte por ciento de la actividad económica se encuentra prácticamente paralizada por las quiebras masivas en los negocios al detalle y de único dueño y todo esto, no obstante que las instituciones recaudadoras han llegado a topes de ingresos, suficientes para paliar la situación.

En tanto, sorprende el comportamiento errático de la Autoridad Monetaria y Financiera y con un eterno gobernador del Banco Central al que hace tiempo ya debió de ser jubilado, mientras la Junta Monetaria, que se supone “es la autoridad superior”, en la práctica se ha convertido en la agencia de manejo, administración y especulación por excelencia de los grupos económicos y financieros y teniendo como alcahuete al Poder Ejecutivo.

De esta manera, la estructura real tiene el siguiente manejo y al que solo tienen acceso los miembros de la alta burocracia y las 28 fortunas que controlan al Consejo Nacional de Competitividad y dentro del siguiente escalón de mandos: Junta Monetaria (órgano supremo que define políticas), el Banco Central (ejecuta políticas y emite dinero) y la Superintendencia de Bancos (supervisa a las entidades), formando la Administración Monetaria y Financiera con “autonomía para regular el sistema”, pero dependiendo de las decisiones de Estado y de control de la administración pública y finanzas del gobierno y todo este andamiaje, funcionando y actuando como una gran corporación a la que sus accionistas y dueños, el pueblo dominicano, no tiene acceso ni participación, salvo para colocar sus dineros como contribuyentes y para cubrir los desastres presupuestarios gubernamentales.

Estamos, ante la estructura real  del peor gobierno que la nación se ha dado, este plutocrático, cuya cabeza aparente es el presidente Luis Abinader, pero cuyo poder real descansa  en Competitividad y su manejo político en el PRM, que es controlado por el despótico y despilfarrador expresidente Hipólito Mejía, quien para remate, es el verdadero poder dictatorial al que todo el PRM rinde pleitesías  y todo el mundo, conociendo que Abinader y de cara a Hipólito, es lo más parecido a un presidente gomigrafo, más de muñeco de papel que de ejecutor de iniciativas y acciones políticas a favor de los ciudadanos.

La realidad indica, que Abinader solo tiene para su dominio y señorío, el presupuesto directo de 20 mil millones de pesos que garantiza la funcionalidad de su aparato de prensa y propaganda y con los suficientes recursos para mantener bajo control a todo el aparato de prensa y comunicación y tanto de su gobierno como el privado vía los cinco mil periodistas, comunicadores, productores de radio y televisión y la pila de voceadores inservibles y corrompidos en las redes sociales, cuya única finalidad, es manipular en extremo a una atrapada opinión pública, aniquilada increíblemente por la descomposición moral que abate a la nación y estructurada en torno al más y mayor e increíble consumo o ingesta de drogas de todas clases, cuyo observatorio demostración, la gente lo percibe en la cuota de adinerados y millonarios de uniforme, que controlan el aparato persecutor del narcotráfico.

Paralelamente, Abinader controla y en razón de la cadena de mandos militar, todo lo relativo a la trata y tráfico de personas y con su eje y propósito mayor, de su pretensión azarosa de acabar con la nacionalidad dominicana, imponiendo desde hace cinco años la haitianización progresiva de la vida nacional y al grado, de que los militares y policías no pueden  responder a ningún tipo de agresión de parte de la población flotante haitiana que ya pasa del millón de personas y lo que está siendo visto con preocupación, al comprobarse el comportamiento de sublevación de la mayoría de los haitianos ilegales que pululan por doquier.

Tenemos, que la haitianización del país cuenta con dos frentes: Pandilleros haitianos en la frontera, chantajeando y amenazando a los militares allí con irse a tiros, si no retribuyen con dinero sus demandas absolutamente increíbles y lo que el alto mando militar cede, porque todos saben que están comprometidos con el negocio millonario del tráfico ilícito de haitianos ilegales y el otro, del bloque de estadounidenses, canadienses y europeos de origen haitiano, actuando con su oenegés anti dominicanas, inundando las redes sociales y canales en you tube, con todas clases de atrevidas acusaciones, infundios y mentiras en contra de los dominicanos y al agrado de presentar a República Dominicana como una nación supuestamente esclavista, pero cosa extraña, sin que ningún haitiano que vive en ella quisiera irse para su país.

Abinader, nacido aleatoriamente en la provincia de Santiago de un padre de origen árabe y una madre de origen haitiano, hasta ahora se ha hecho oídos sordos al clamor nacional de que defienda la patria y gobierne retornando la alta calidad y nivel de vida que la nación tenía al llegar al poder y que ocurriera, gracias a la complicidad mediática, que escondió el resultado fraudulento de las elecciones del 2020 y repitiendo “la hazaña” con las recientes elecciones del 2024, donde los niveles de trampas y engaños llegaron a un grado tan escandaloso en materia de los más altos niveles de fraude a gran escala e increíblemente, apoyado por los principales partidos opositores y teniendo al menos a uno de sus lideres, el expresidente Leonel Fernández de la FP, quien de traidor, se alió a Abinader en el 2024 para terminar por debilitar y maniatando al PLD dirigido por el también expresidente Danilo Medina, quien como persona resentida que se odia así mismo, fue incapaz de plantar cara y defender el honor de sus correligionarios.

El escenario es desolador, la República va dando tumbos y los lideres de las iglesias católica y evangélica pidiéndole a Abinader y su gobierno que rectifique, que haga cambios en el tren administrativo del Estado, también que hayan jueces transparentes y que el gobierno esté marcado por la honestidad y a lo que por supuesto, Abinader no hace caso y mucho menos, cuando el reciente destape del colosal acto continuo de corrupción en Senasa de 15 a 100 mil millones de pesos y el que abiertamente ha ocurrido por las complicidades existentes en el Palacio Nacional.

¿Resultado?, a nivel de la población hay un sordo descontento generalizado, e igual en las instituciones tutelares de preservación del Estado y lo más inquietante, se está generando una de odios, de los pobres contra la clase media y esta contra los ricos y lo que no presagia nada bueno.

Por la practica y de hecho, la nación se ha convertido en un peligroso barril de pólvora a punto de estallar y al parecer, en el gobierno entienden, que como Abinader y violando la Constitución de la República, anuló la soberanía nacional para que las Fuerzas Armadas estadounidenses ocupen áreas determinadas del territorio nacional en donde han colocado -que se conozca- dos bases militares para asuntos aéreos, en retribución, él tendría la hipotética posibilidad de que si el gobierno llegara a quedar en el suelo, Washington le rescataría.

Finalmente, entramos a un nuevo año, al que solo la intervención divina podría salvar de que la República no caiga en la anarquía total. Pero hay desesperación, hambre y desesperanza, la gente no llega a fin de mes y encima, con una dura represión policial y la que en los últimos sesenta días originó 179 ejecuciones extrajudiciales y a las que Abinader, en muestra de desprecio hacia la población, nunca se ha referido, ni condenado ni castigado a sus autores.

Con este rosario y no de la aurora, solo decimos y más para que conste, que porque creyéramos que la tragedia social que viene pudiera evitarse, que objetivamente y en materia de credibilidad, el gobierno está en el suelo. Fuerte mayoría nacional le demanda que rectifique y haga cambios de raíz. Pero Abinader parece que no quiere escuchar. Con Dios. (DAG) 02.01.2026

última actualización: 10:16 am.

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